Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan
Ángel Vildozo, entre la chaya y los autógrafos
Dejó la humedad, el tránsito intenso y el colorido de la Capital Federal para pasar unos hermosos seis días en su pueblo natal: Las Casuarinas, en 25 de Mayo. Ángel Vildozo, el sanjuanino de 31 años que juega en el plantel profesional de All Boys, pasó por la provincia y no se privó de nada: estuvo de chaya en chaya y visitó a los chicos de su localidad, donde lo recibieron como a un ídolo.
Atrás de la figura seria y tímida del futbolista, se esconde un tipo divertido y familiero. Como cada vez que visita a su familia, se juntó en las noches con sus seres queridos y no faltó el baile ni el agua. Fue así que apenas pisó San Juan lo primero que hizo fue abrazar a sus padres Nancy y Orlando y luego, armó la pileta junto a su papá. “Llené la pileta para mis sobrinos y mi hija Priscila ya que hizo mucho calor”, contó.
Eso no fue todo, el domingo por la noche, mientras compartía una cena con la familia de su papá, sacó unas 25 botellas de espuma y le tiró a toda su familia. Todos abandonaron la mesa y participaron de una batalla campal en la que se largaron con agua, espuma y hasta soda. “Se armó la chaya. Yo llamé a las mujeres y les di baldes de agua y espumas. Era todo un carnaval. La verdad es que la pase muy bien”, confesó el delantero.
También visitó al Club Villa Borjas, donde realizó una conferencia de prensa para amigos y vecinos de la localidad. Allí, fue recibido por grandes y chicos, estos últimos, sorprendidos por la presencia del jugador de Primera División, a quien vieron por televisión en el Torneo Inicial. Los pibes le pidieron fotos y autógrafos en remeras, cuadernos y hasta en el pecho de cada uno: “Estuvo bueno hablar con los chicos y contarles lo que me pasó. Me preguntaban cómo eran las canchas a las que voy, etc. Cuando me fui era como ellos, y después la disciplina me alejó del alcohol y del cigarrillo y ahora estoy donde estoy”.
El futbolista aprovechó para hablar en público sobre su carrera como deportista y sus experiencias en Chile, Ecuador y por último, sobre su presente en el Albo. También le entregó al club pelotas y camisetas que trajo de Floresta y además, mostró fotos, videos y trofeos.
“Me daba mucha vergüenza porque soy tímido. En Buenos Aires firmo autógrafos y hablo con la prensa porque es mi trabajo. Acá me cuesta porque todos me conocen y no porque juegue a la pelota”, expresó.
Vildozo también se llevó un recuerdo ya que la institución de Las Casuarinas le obsequió una camiseta con los colores de los “Canarios”, apodo de la Villa Borjas, con su apellido en la espalda.
Pero sin dudas el momento más especial para él fue acompañar a su hermana Rocío en su fiesta de graduación. Allí, compartió una noche inolvidable junto a su hermana menor y toda su familia. “Tuve que venir en dos aerolíneas distintas para llegar al baile. Cuando ella cumplió 15 años no pude venir porque estaba en Ecuador y para su graduación le prometí que venía”, contó.
Tampoco faltaron los mates con su mamá Nancy, quien tiene su colección de camisetas, y las caminatas por las calles de 25 de Mayo para hacer compras o buscar las tortitas sanjuaninas.