La familia Quilpatay es conocida en Angualasto, el pueblo de Iglesia que destaca por la maravilla de sus paisajes, la calidez de su gente y la delicia de sus vinos. Precisamente son dos los varietales que elabora Nieves Quilpatay, quien lleva toda una vida entre parrales y racimos de uva.
“Mi papá hacía vino patero. En una carretilla colocaba dentro de una bolsa de arpillera las uvas, se subía a la carretilla agarrado a unos alambres y ahí pisaba las uvas. Era algo muy casero, de poca cantidad. Lo hacía para la damajuana de 10 o 20 litros. Era para consumo de él”, comenta Nieves.
Lo que era para consumo personal pasó a crecer casi sin planearlo. Hace varios años atrás, debido a la iniciativa de un proyecto minero varios habitantes del pueblo recibieron todo lo necesario para producir vino. Plantines de distintas cepas, palos y alambres fueron parte de los materiales recibidos. Gracias a las bondades de Angualasto, las uvas no demoraron en demostrar su riqueza y así, Adolfo Quilpatay y Rosa Caballero comenzaron con la producción de vino, dejando de lado el consumo personal y apostando a la comercialización de la producción.
El proyecto familiar fue creciendo, y hace cuatro años Adolfo y Rosa decidieron heredarlo a Nieves, quien es técnica agropecuaria y conoce del tema. “Estamos felices de lo que hemos logrado. Angualasto tiene condiciones que hacen que la uva sea distinta a la de otros valles. Digamos que es un vino de altura, porque estamos a 1700 metros sobre el nivel del mar, y eso hace que nuestros vinos sean especiales”, detalla con orgullo.
Del fruto del trabajo de los Quilpatay surgieron dos líneas: Cordillera Nevada, un vino blanco que resulta ser una delicia para el paladar. Nieves explica que esta producción la realizan en menos cantidad, siendo 220 litros los obtenidos durante la última temporada. “Está en proceso, falta filtrar y fraccionar”, detalla.
La otra línea es Victoria Eluney, un malbec que no tiene nada que envidiarle a las grandes bodegas. Sobre este vino, Nieves explicó: “El año pasado hemos tenido una excelente producción. Hemos obtenido alrededor de 2.600 kilos de uva y nos ha quedado algo de 1850 litros de vino listo para ser fraccionado. La verdad es que está riquísimo el vino”.
Si bien Nieves vive con su familia en Rodeo, mientras que sus padres se encuentran en la Ciudad de San Juan, Angualasto sigue siendo el hogar de la familia Quilpatay. Sigue siendo ese lugar en el mundo que representa prosperidad, unidad y alegría que se traduce en dos vinos que simbolizan el trabajo de dos generaciones.