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lunes 30 de marzo de 2026

Rawson

Talleres comunitarios: mujeres que salen adelante gracias a otras mujeres

Carita Feliz es el nombre del taller que funciona en Villa Nueva Esperanza. Son 70 mujeres que apostaron a creer en sí mismas. Hoy, necesitan un lugar propio. Por Viviana Pastor
Por Redacción Tiempo de San Juan

Desesperadas. Así llega la mayoría de las mujeres al taller comunitario Carita Feliz, que desde hace 3 años funciona en la Villa Nueva Esperanza, en Rawson. Llegan desesperadas no sólo porque no tienen trabajo y varios niños que alimentar, sino que a eso suman algunos casos de violencia familiar, enfermedades o el abandono de su pareja.

 

 

 

 

Este taller, donde realizan manualidades para ellas mismas y para vender, les aporta un ingreso económico mínimo, otorgado desde la Asociación Amas de Casa del País. Pero aunque el dinero suele ser la primera motivación, termina siendo lo menos importante. Lo que estas mujeres destacan hoy es que el grupo les dio contención y las ayudó a sobrevivir las adversidades.

En una galería de unos 10 metros de largo, hay un mesón interminable en el que trabajaban las mujeres que llegan de varios departamentos y tienen entre 18 y 60 años. Arman pompones de lana para confeccionar perros y gatos de juguete, aprontándose para el Día del Niño. Adentro de la casa, otro grupo más pequeño teje en la cocina, mientras que en el comedor, unos 15 niños tienen clases de apoyo escolar con maestros voluntarios, y también aprenden inglés.

 

 

 

 

 

 

En total son unas 70 mujeres, todas charlan mientras trabajan, ríen a carcajadas y toman mate. La mayoría de estas mujeres no han terminado la escuela primaria.

Este taller es uno de los 20 que tiene la Asociación Amas de Casa del País repartidos por toda la provincia. Su líder y delegada en Rawson, Sonia Ledesma, contó que siempre se reunieron en casas de familias, de alguna integrante del grupo, pero ahora son tantas que no hay casa que agunate, por eso sueñan con tener un salón, su espacio propio donde puedan estar más cómodas.

"Yo empecé en Amas de Casa por necesidad, no tenía ni para comer, no tenía trabajo y mi marido tampoco. En la asociación me ofrecieron un plan social (subsidio de 1800 pesos), había que trabajar en el taller y eso me pareció muy bueno", cuenta Sonia.

 

Sonia Ledesma

 

 

 

 

Confiesa que antes no salía mucho de su casa y al principio hacer algo nuevo le generaba algo de miedo, pero poco a poco lo fue perdiendo. "Me propusieron que ponga un grupo en Rawson y dije que sí. Acá yo veo muchas mujeres desesperadas porque con la edad que tenemos nadie nos da trabajo, es una discriminación pero es real. Este grupo para ellas es como una terapia, dejan de pensar que no les alcanza la plata para la comida de todos los días, y acá ven que es posible salir adelante y que son capaces", asegura Sonia.

 

 

 

 

 

 

Analía Pizarro, de 39 años, contó que hace un año llegó al grupo "desesperada", y sin ponerse de acuerdo usa la misma palabra que Sonia. Su marido la había abandonado con 4 hijas. "El grupo hoy significa mucha contención y compañerismo. Acá los sábados estoy contenida y también mis hijas. Además del plan nos ayudan con mercadería. Aunque somos todas mujeres somos muy compañeras. Hace poco tuvimos una charla de violencia y me di cuenta que no era la única que atravesó por esa situación", dice Analía.

 

Analía Pizarro y su hija

 

 

 

Hace dos años llegó Sandra López al grupo. Su marido era albañil pero tuvo un accidente, lo operaron de la columna y no pudo volver a trabajar. Para subsistir ellos hacen pan y bizcochuelos que salen a vender por la tarde y los sábados hacen empanadas. Sandra tiene 4 hijos. "Yo antes estaba muy sometida a la casa, ahora me solté un poco. El grupo es muy lindo, hay armonía y respeto, nosotros venimos caminando o en bicicleta, pero venimos", cuenta Sandra.

 

Sandra López

 

 

 

 

Patricia Jacoso teje un vestido precioso a dos agujas. Ella es la dueña de casa donde se reúnen las mujeres pero dice que no  podrán seguir ahí por mucho tiempo, es que tienen que hacer refacciones y no pueden con "tantas mujeres" ocupando todos los espacios. "Yo estaba depresiva, la psicóloga me dijo que tenía que participar, que juntarme con gente y como mis hijas estaban en la asociación Amas de Casa, mi marido me dijo que trajera el grupo acá. Eso me hizo mucho bien", confiesa.

 

Patricia Jacoso

 

 

 

En la mesa de la cocina unos 10 niños hacen la tarea escolar junto a Ariel Martínez, un maestro de 39 años que estudia el profesorado Enseñanza Primaria. "Soy voluntario, doy a los niños apoyo escolar y esto es como un refuerzo en vacaciones de invierno, sobre todo en matemática y lengua que son las materias que más les cuesta. Me gusta el grupo porque es un lugar abierto a todo el mundo y puedo desarrollar lo que me gusta que es enseñar. Pero también aprendo de ellas a hacer artesanías, creo que es fundamental sostener esta organización", destaca Ariel.

 

 

 

 

 

El grupo y los proyectos

El grupo es parte de los movimientos sociales silenciosos, que casi no se ven, que no son noticia, que pasan desapercibidos para la mayoría, pero que lo son todo para unos pocos. Son parte de la misma red, y como en la telaraña, todos los hilos son importantes.

Laura Vera, la titular de Amas de Casa en San Juan, fue quien convocó a Sonia para abrir un taller en Rawson, eran 5 cuando empezaron. "Llegan mujeres que me dicen que no tienen qué comer y las ayudo con mercadería, cosas que yo también necesito pero ellas lo necesitan más. Laura es una luchadora y una mujer muy humilde que siempre está pendiente de lo que necesitamos. Ahora mis hijos están grandes, una estudia para maestra. Este espacio demuestra que las mujeres somos capaces de hacer muchas cosas. Todas aprendemos de todas, cada una trae ideas y las vamos haciendo, también tenemos profesoras que nos enseñan, hay chicas que están estudiando para ser policías en el grupo. Todas aprendemos que trabajando se logran muchas más cosas", sentencia Sonia.

 

Todas firman la asistencia al taller en una planilla.

 

 

 

Los productos que realizan en el taller, manteles, tejidos, desayunadores para la cama, muñecas de trapo, etc., los venden en las ferias que organiza el Ministerio de Desarrollo Humano o en los eventos que realizan los municipios.

Pero además, en el taller reciben charlas de distinto tipo, la última fue sobre violencia doméstica, y quienes la padecen reciben apoyo psicológico con profesionales que trabajan en la Asociación.

 

 

 

 

 

A las artesanías las mujeres quieren agregar la producción de sus propias verduras y ya tienen un proyecto para hacer una huerta comunitaria. Una señora les presta un terreno en el Médano y con el programa Pro Huerta, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), tendrán semillas y asesoramiento técnico gratis.

Sonia repite sobre la necesidad de tener un lugar propio, algo más definitivo. "También nos gustaría que hubiera trabajo y que nadie necesite un plan".

 

 

Las manos curtidas arman pompones de lana para hacer juguetes.
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