tinta rosa

Cuidado con qué te ratoneás ¿eh? - Por Gema Gamboa

viernes, 15 de junio de 2012 · 20:48
Ha sido una semana un tanto atípica para mí. Pero así y todo le saqué provecho: descubrí que tengo una cierta habilidad para el tejido a dos agujas, a cinco agujas y a crochet… bueno he estado bien al pedo y con algo tenía que matar el tiempo, he tejido más que Penélope, ahora sólo espero no terminar trastornada como ella.

Al estar en casa me puse al día con varias cosas, esas cosas que por falta de tiempo una va dejando a medias ¿no?, entre la lista que tenía por solucionar había un ítem que decía “plomero”. Por suerte en el lateral mágico de mi heladera  se asomaba entre los 125 mil  imanes que tengo uno que decía: “…gasista, plomero, bla, bla, bla… teléfono: tal…., suspire y pensé: “bingo” ahora llamo, viene y listo.

Hacía días que mi casa olía a gas. Ni ambientadores, ni sahumerios ni nada de nada exterminaban el olor, así que tenía que encontrarle solución rápido y así me dispuse a hacerlo.

Acto seguido llamo al teléfono que tenía el imán, cuando después de que el hombre tomara mis datos y apuntara mi dirección, corté la llamada y sólo me quedé terminando el resto de las cosas que quedaban por hacer en casa, entre una cosa y otra, mate va, mate viene y en eso me quedo como pensando (laguna mental o paja mental, como más les guste), no sé por qué, en las fantasías que despierta en algunas mujeres el tema de los plomeros, soderos ,panaderos y en mi caso sería gasista, pensaba: ¿qué puede, en este caso, tener un gasista de sexy? Generalmente los guapos o están en novelas, en películas, o en la paja mental de una, pero jamás en la realidad, al menos en la mía jajaja, jamás tuve la suerte de encontrarme con un bombonazo de tales características, ya saben, el típico cañón de tipo que camina hacia vos , cruzando la puerta como en cámara lenta, con cara de chino trucho bajando los parpados a la mitad del ojo, pelito tipo melenita, barba de tres días, enterito desprendido arriba de los pectorales, cosa de que se vean un poquito, sudado pero sin olor, haciéndote un gesto raro con la boca que no sabes si está jugando al truco o qué, pero que resulta llamativo ¿verdad?, pues bien ¡ese a mí nunca me tocó! El que me tocó siempre es el viejo choto, que más que cañón parece un barril de bodega, que tiene ojos de chino pero porque no ve un carajo, que solo podes ver debajo del enterito que lleva una mata de pelos impenetrable y que huele a cebolla picante. El que si no va con enterito va con pantalones empeñados en bajarse cuando se agacha, así te deleitas mirándole la raya del culo (esto nunca falla, qué desgracia).
A mí me tocan esos, a los que les falta siempre un diente y que después de todo esto le tenés que pagar una fortuna para escuchar “no tiene arreglo, hay que cambiar todo”. ¡No, no, no! ¿Cómo me va a tocar a mí uno como la gente? ¿Cómo Dios me va a dar una alegría a mí? ¿Por qué yo jamás pude babosearme con un gasista o un plomero o uno de estos? ¿Nunca un buen jardinero para bajarle la caña? ¡QUE ME PARIO!, me enloquecí y revertí la situación de mis pensamientos y me pregunté: ¿Y si me toca hoy? Uh no les cuento mi cabeza cómo maquinaba… no mejor no les cuento jajaja, ¿fantasías? Más que en la película de Disney y fuera del horario de protección al menor (lo que muchas han hecho también pero no lo dicen jajaja).

Y así, ya casi hasta sintiendo calor, otro humor, otra actitud, ansiosa, curiosa, un tanto nerviosa esperando, sonó el portero, ridículamente me arreglé, ridículamente porque no me veía a través del portero eléctrico, sólo me escuchaba. Esto me dio la pauta de que no solamente estaba sacadita sino que además estaba bastante boludita, dentro de casa podía escuchar todos los ruidos externos que indican que alguien está entrando: los ruidos típicos de ascensor, la puerta que se cierra, el ascensor que sube, la puerta que se abre, y finalmente, yo a esta altura esperando encontrarme a Brat Pit y tomando envión para saltarle a la yugular… suena el timbre, abro y ¿qué me encuentro? ¿Qué carajo me encuentro? No, ni siquiera era lo de siempre: el hombre feo al que generalmente le veo la raya del culo cuando se agacha y muchísimo menos el guapo, eso ya olvídenlo, lo que mis ojos vieron fue algo así como el antiguo peón de la finca de mi viejo (Don Roche, que en paz descanse) reencarnado en algo así, que me dijo: ¡HOLA, SOY ANA LA GASISTA!, ¡Ah bueee…! ¡Esto es una cámara oculta! ¿Se me están cagando de risa y yo todavía no me entere? ¡Si, si, si el gasista era una mina que en cuanto abrí la puerta me saludó mirándome directamente a las tetas y siguió por el culo en cuanto me gire para indicarle el camino a la cocina donde estaba el problema, lo patético de verdad no fue sólo que mis fantasías se desmoronaran sino que a medida que pasaba el tiempo esta mina se ponía más rara cada vez, por suerte terminó con su trabajo, me dejó su tarjeta personal, me guiñó un ojo y cuando se iba le mandó: ¡…sí que sos linda che!
Como comprenderán no ha sido fácil de digerir. Lo único que me faltaba era, además de asumir que no levanto ni sospechas, terminar levantándome a una mina, así que ahora mismo voy de camino a mi psicóloga hoy le pedí doble turno.

PD: ¡me gustan los hombres! ¡Me gustan los hombres! ¡Me gustan los HOMBRESSSSS!

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