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miércoles 1 de abril de 2026

Info útil

Wi-Fi público en Costa Rica: ¿comodidad ciudadana o carnada para los ciberdelincuentes?

Por Redacción Tiempo de San Juan

En las plazas de Costa Rica es común ver escenas que parecen sacadas de una postal moderna: estudiantes conectados a clases virtuales bajo la sombra de un árbol, turistas revisando mapas digitales o adultos mayores enviando un mensaje de voz a la familia.

Todo gracias al Wi-Fi público gratuito. Suena perfecto. Pero, como sucede con las frutas demasiado brillantes en el mercado, conviene mirar dos veces antes de probar.

Lo que la mayoría de usuarios ignora es que, al entrar en una red abierta, también se abren puertas invisibles. La conexión gratuita puede convertirse en una autopista directa hacia datos privados. Contraseñas, números de tarjetas, mensajes y hasta fotos pueden ser interceptados sin que la persona lo note. Un simple ejercicio como comprueba tu dirección IP pública sirve para dimensionar cuánta información dejamos expuesta al navegar. Esa “dirección” es como un número de casa en internet, y mostrarla en un barrio desconocido no siempre es la mejor idea.

Los especialistas comparan estas redes con dejar la puerta entreabierta de madrugada: quizá nadie entre, pero si alguien lo hace, el desastre es inevitable. Las técnicas de espionaje digital (desde ataques de intermediarios hasta falsificación de páginas) están a la orden del día. Y por si fuera poco, algunos cibercriminales montan redes falsas con nombres atractivos como “Wi-Fi gratis plaza central”. Los usuarios, confiados, se conectan en segundos sin sospechar que han caído en la trampa.

El problema se amplifica porque la mayoría de personas no toma precauciones. Revisar el saldo de la cuenta, enviar documentos del trabajo o hacer compras en línea se ha vuelto rutina. El peligro es que las consecuencias rara vez aparecen de inmediato.

A veces basta un descuido de minutos para que, semanas después, surjan movimientos bancarios sospechosos o se pierda acceso a redes sociales. Es como sembrar un problema invisible que germina en silencio.

Los medios y expertos internacionales ya han advertido sobre el tema de las estafas informáticas y las amenazas de utilizar el móvil: gestionar el riesgo del Wi-Fi público es tan necesario como mirar antes de cruzar la calle. Y es que el Estado ha promovido estas conexiones como símbolo de inclusión digital, pero la seguridad no siempre acompaña la iniciativa. Y allí está la paradoja: un servicio pensado para democratizar la tecnología puede terminar vulnerando la privacidad de quienes más lo necesitan.

Los turistas, más dependientes de internet en tierra ajena, son presa fácil.

Por eso muchos prefieren invertir en tarjetas electrónicas o planes de datos temporales, aunque sean más caros. La diferencia es clara: se paga en colones o dólares, no en la exposición de la vida personal. Porque, como en el viejo refrán, lo barato a veces sale caro.

La conclusión es inevitable: el Wi-Fi público en Costa Rica es útil, incluso necesario, pero también frágil. No se trata de demonizarlo, sino de aprender a usarlo con la misma cautela con la que uno resguarda su billetera en una plaza concurrida.

Porque sí, la conectividad gratuita es un regalo de la modernidad, no hay duda, pero uno que exige abrirlo con cuidado, de lo contrario puede traer más dolores de cabeza que alegrías.

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