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miércoles 1 de abril de 2026

Columna

¿Es el peor momento de la Argentina?

Pasaron apenas seis días desde las elecciones legislativas nacionales. Aprovecho este espacio que generosamente me brinda *Tiempo de San Juan* para compartir algunas consideraciones, sensaciones, emociones y, sobre todo, una invitación a no perder la esperanza.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eduardo Camus

No quiero ser autorreferencial —nada más aburrido que quienes hacemos política hablando de nosotros mismos—, pero permítanme contar brevemente el disparador de estas reflexiones.

El lunes, mientras preparábamos la cena con mis hijas, una de ellas me preguntó, angustiada:

—Papá, ¿es el peor momento de la Argentina?

La pregunta me atravesó. Busqué una respuesta que fuera responsable como padre y consecuente con lo poco que entiendo de nuestra historia. Le dije:

—No, de ninguna manera. Hemos estado mucho peor. Y salimos adelante.

Ese mismo lunes, 27 de octubre, se cumplieron quince años de la muerte de Néstor Kirchner. El presidente que asumió con menos votos que el porcentaje de pobreza que tenía el país en aquel momento. Su ejemplo, su trabajo incansable y su decisión política para devolverle dignidad al pueblo siguen siendo el mayor legado que conservamos quienes aceptamos su invitación de entonces: “Cambio es el nombre del futuro. No debemos ni podemos conformarnos los argentinos”.

El resultado electoral y su mensaje. El domingo se vivió con la intensidad propia de toda elección. El peronismo en San Juan salió primero, y eso fue noticia porque muchos no lo creían posible. Quienes sí lo creímos fuimos los militantes, los que hicimos casa por casa, barrio por barrio, sosteniendo la esperanza en tiempos donde militar se hace cuesta arriba.

La unidad del movimiento y el hartazgo del pueblo sanjuanino frente al experimento libertario nos dieron una intuición: había un voto de esperanza. Y se confirmó. El peronismo ganó en casi todos los departamentos donde gobierna. Pero más allá de eso, hay un dato central: el 75% de los sanjuaninos votaron contra las políticas de ajuste, entrega y crueldad del gobierno nacional.

Milei con gestos y abrazos fingidos pretende profundizar el camino del endeudamiento permanente. No es el peor momento de la Argentina. Pero sí uno donde se intenta hipotecar toda posibilidad de desarrollo. En menos de un año, este gobierno se “fumó” 92.000 millones de dólares.

Sí, así como se lee: 20 mil millones del blanqueo, 24 mil millones de la soja, 8 mil millones de organismos multilaterales, 20 mil millones más del FMI y otros 20 mil millones del Tesoro de los Estados Unidos.

¿Todo eso para qué?

No hay ley de financiamiento universitario, ni emergencia sanitaria, ni mejoras para personas con discapacidad, ni una escuela o jardín nuevo. Después de 92 mil millones de dólares, los argentinos seguimos endeudados hasta para comprar comida en el super.

La trampa del sacrificio eterno. En este contexto, se prepara además una reforma laboral regresiva, presentada como “modernización”. En realidad, es un intento de volver atrás, de debilitar derechos conquistados por generaciones de trabajadores. Paradójicamente, mientras los países desarrollados del mundo discuten la reducción de la jornada laboral —alentados por la revolución tecnológica que aumenta la productividad—, aquí se pretende lo contrario: más horas, menos salario, menos vida. ¿No es hora que el sacrificio lo haga la casta?.

Más horas de trabajo significan menos tiempo para el cuidado, para la familia, para el desarrollo integral de las personas. No hay prosperidad posible en una sociedad donde la mayoría vive para sobrevivir y unos pocos se enriquecen sin límite.

La elección del domingo no escribió futuro, solo es una foto del momento.

Frente a esto, la respuesta no puede ser el encierro ni el silencio. Es comprensible el cansancio y la bronca, pero no es momento de replegarse.

Hay que decir y escuchar. Hay que encontrarse. Hay que poner lo mejor de nosotros. No sabes qué hacer, por dónde empezar: súmate a la brigada educativa, cultural, se voluntario en algún barrio, baila en un centro de jubilados, ayuda a arreglar una vecinal. Organicemos que ningún sanjuanino se quede sin un plato de comida para navidad. Lo que quieras, pero no te quedes quieto. Hay que moverse.

La enorme mayoría de los sanjuaninos apostamos al futuro, conscientes o no, con un voto que defendió la educación pública, la salud, los derechos de los jubilados y de las personas con discapacidad. Fue un voto con esperanza —una esperanza que se construye, no una esperanza ingenua ni simbólica—.

Porque sí: hay motivos para la esperanza. La historia argentina demuestra que hemos sabido resurgir de momentos más duros. Pero para hacerlo, necesitamos volver a creer en nosotros, en el trabajo, en la comunidad, en la política como herramienta de transformación.

No, no es el peor momento de la Argentina. Es un momento en el que intentan convencernos de que no hay futuro. Y justamente por eso, hay que sostener la esperanza como un acto de rebeldía.

Como el Diego, que nació en un barrio privado —privado de luz, privado de agua— y llegó a la cima del mundo sin traicionar nunca sus orígenes. Hay que intentar aprovecharlo, su magia eterna. Una vida entregada para hacernos felices. Por lo que están, por los que faltan, y, sobre todo, por los que vendrán levantar la cabeza y seguir.

“Nos merecemos bellos milagros, y ocurrirán”.

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