Informe especial

La radiografía de la inconciencia: los números de las fiestas clandestinas en San Juan

A pesar del contagio masivo y las muertes por el Covid, lo prohibido fue más fuerte y llevó a jóvenes (y no tan jóvenes) a violar las restricciones sanitarias desde que inició la pandemia. Más de mil detenciones, multas y tareas comunitarias fueron el castigo para los sanjuaninos.
martes, 25 de mayo de 2021 · 22:00

Cuenta el diario El País (de España) que en México, las fiestas clandestinas se convirtieron una mina de oro para algunos empresarios de la noche que, a pesar de que se vieron obligados a cerrar las discotecas por la pandemia, encontraron la forma de seguir ganando dinero con eventos ilegales, en sitios escondidos detrás de fachadas, ofreciendo no sólo la diversión habitual sino también poniendo al servicio la experiencia de vivir lo prohibido.

Por estas latitudes, al menos en la realidad sanjuanina, ese negocio no se generó. Sin embargo, la rebeldía y la inconciencia condujeron a los más jóvenes -y no tan jóvenes- a transgredir las restricciones sanitarias y a organizar, de forma independiente e informal, encuentros clandestinos, sin importar qué instancias de la pandemia se atravesaran.

Fincas y casas de fin de semana situadas en zonales alejadas fueron las sedes de las reuniones, aunque también lo fueron las viviendas de barrio y espacios vacíos en pleno centro. Muchas de esas fiestas fueron desbaratadas por las autoridades, superaron las mil detenciones y tuvieron la intervención de la justicia penal. Actualmente, la repartición del estado que se ocupa de las sanciones es la Justicia de Faltas.

A través de un revisión de los hechos que trascendieron en las noticias publicadas por este medio, desde que se decretó la cuarentena en marzo del año pasado, hubo por lo menos 1.235 personas detenidas por participar de fiestas clandestinas en San Juan. Si bien la cifra no es oficial, se desprende de las actuaciones policiales que fueron informadas a la prensa, por lo que cabe la sospecha de que la suma sea mayor. Incluso, más de una vez durante las redadas, hubo gente que se salió con la suya y se escapó.

Como si fuera una aventura, muchos adolescentes y jóvenes se atrevieron a desafiar las normas y, aunque las reuniones sociales de más de 12 personas estuvieran prohibidas al mismo tiempo que los horarios de circulación nocturna estuvieran restringidos, la necesidad de estar entre amigos con música y alcohol pesó más y los llevó a protagonizar insólitos episodios y a entrar en conflicto con la ley.

Menores y mayores de edad, influencers e hijos de empresarios y funcionarios, ex reinas y soberanas, gendarmes y personas con antecedentes penales; en el listado de detenidos y demorados por violar la cuarentena hubo de todo, al igual que se registraron hechos dignos de una puesta cinematográfica.

Tras ser descubiertos los infractores -tal y como trascendió en notas publicadas-, en algunas ocasiones hubo enfrentamientos con la Policía, en otras encontraron personas escondidas en lugares inauditos y también hubo escapes frustrados; hasta siniestros viales se originaron por la misma desesperación de eludir a las autoridades.

Como cuando en Sarmiento, un grupo de muchachos que huía de una fiesta cayó con un Fiat 147 dentro de un canal de riego, en plena Fase 1. Otros, optaron por escapar a pie por los pastizales de fincas aledañas, dejando sus autos abandonados en la escena. Aunque lograran salirse con la suya en ese momento, finalmente debieron pagar las consecuencias después de que identificaran los vehículos que fueron secuestrados.

En otras oportunidades, los fiesteros clandestinos creyeron que apagando las luces y la música, escondidos en los placares, zafarían de ser atrapados. Otros, con todas las salidas cerradas, decidieron saltar paredes y hasta pasar desapercibidos sobre el techo de una vivienda. No obstante, terminaron siendo descubiertos y llevados hasta la comisaría.

Al principio, todos aquellos que eran hallados in fraganti incumpliendo las disposiciones del gobierno, encuadradas en los artículos 205 y 239 del Código Penal Argentino, eran sometidos a los procedimientos de Flagrancia, que por momentos se vio superado por la cantidad de personas que debían ser juzgadas al mismo tiempo, respetando el distanciamiento social.

A mediados de junio del 2020, una fiesta en un taller mecánico de Capital fue desmontada y unos 51 jóvenes quedaron detenidos. Por esto, la justicia exprés debió disponer de varias salas para albergar a la totalidad de los imputados, cumpliendo con las medidas sanitarias. Por primera vez, el sistema judicial juzgaba a semejante cantidad en simultáneo.

De ese hecho, hasta la condena para los infractores resultó anecdótica, ya que el juez que intervino no sólo los obligó a realizar trabajos comunitarios y a pagar las costas del proceso -en el marco de la suspensión de juicio a prueba- sino que también les ordenó comprar zapatillas para donar a comedores infantiles.

Para la mayoría, que no había cometido delitos con anterioridad, la sentencia fue una probation. Pero para aquellos que tenían antecedentes, hubo pena condicional. La Justicia se mostró más severa cuando el contexto, a su entender, lo ameritaba. Así fue que los chicos que participaban de una reunión ilegal en Caucete, que vivían en un barrio bloqueado, recibieron 8 meses de prisión condicional por el riesgo que representó su violación.

Un informe oficial de Flagrancia que se conoció a fines de julio del año pasado arrojó que, en casi 100 días de cuarentena estricta, se registraron 29 fiestas clandestinas y resultaron aprehendidas 382 personas. Del total, 222 fueron beneficiados con probation, mientras que sólo 3 recibieron una condena a prisión efectiva y 2 fueron sobreseídos. El resto se trató de menores que quedaron a disposición del Juzgado Penal de la Niñez.

Si bien en el archivo de notas de Tiempo figuran cerca de 60 eventos clandestinos que fueron noticia, hubo uno que se destacó sobre el resto y esa fue la fiesta VIP de Santa Lucía. Quizás no tanto por los apellidos que aparecían en el lote de detenidos sino por todo lo que sucedió alrededor de su juzgamiento.

Primero, en las redes sociales, se viralizaron videos de aquella noche en los que se podía observar a los asistentes sin barbijos (nadie controlaba), sin respetar la distancia y despreocupados por el afuera. Esto despertó la indignación en la opinión pública que siguió de cerca el desarrollo de los acontecimientos vinculados a esta fiesta top.

Luego fue el desfile de delivery en la Comisaría Quinta lo que llamó la atención de propios y extraños y más tarde fue el gran despliegue de Flagrancia que utilizó la sala del Teatro Municipal de Capital para juzgar a los 48 imputados. Allí, había hasta un catering para los jóvenes que durante varias horas se sometieron al proceso que, como espectáculo, ofrecía una interesante disputa entre fiscales y abogados defensores.

Después de largas audiencias, en las que hasta una joven se desmayó, el proceso judicial se postergó al punto que todavía no encuentra una resolución para la mayoría de los imputados. 

Sin ir más lejos, desde el sábado último comenzó a regir el estricto confinamiento dada la segunda ola de contagios, y aún en este crítico contexto se desarrollaron fiestas clandestinas en San Juan y una de ellas fue en el corazón de la ciudad, en Libertador y Mendoza. Seis personas fueron detenidas y fueron descubiertas con alcohol, música y hasta juego de luces en un local. 

Mientras tanto, las cifras de víctimas del Covid en la provincia sigue creciendo. En el último parte de Salud Pública, se informó que 657 personas murieron por causa del coronavirus y ya 37.212 sanjuaninos se contagiaron. A pesar de los esfuerzos por comunicar que ese tipo de fiestas son uno de los principales focos de contagios, las fiestas siguen siendo moneda corriente.

Una psicóloga consultada explicó que los adolescentes -que son el tipo de pacientes que atiende- están en una etapa de mucha vulnerabilidad y riesgo, aunque no son conscientes de ese peligro y tienden a la exposición del mismo. "En este contexto de pandemia, ninguno es consciente del riesgo al que está expuesto. De hecho los primeros contagios se han dado por subestimar los cuidados. Si a todos se nos hace difícil tomar conciencia sobre este asunto, imaginémonos lo que es para los jóvenes que tienen una necesidad imperiosa de la exogamia, de salir fuera de la familia", indicó. 

Tal y como señaló la profesional, los jóvenes necesitan a sus pares y, frente a esta necesidad y la posibilidad de reunirse y de salir, existen las fiestas clandestinas. "Es compleja la mirada de la condena. Lo ideal no es condenarlos sino, justamente, poder tener una mirada que contemple estos asuntos", detalló y agregó: "Sumado a que ni siquiera tienen la escuela, que es uno de los contextos donde se van desarrollando, formando, encontrando, eligiendo, es un momento complejo para ellos que no pueden sociabilizar".

Ahora, los jueces de Faltas son quienes castigan a los infractores. Respecto a los valores de las multas por asistir a una fiesta clandestina, el juez de Faltas, Enrique Mattar, reveló que los asistentes deben pagar entre $3.000 a $4.000, mientras que los organizadores deben pagar más de 30 o 40 mil pesos de una fiesta relativamente “chica”.

En ese sentido explicó que "se denomina fiesta clandestina al festejo o juntada de amigos de determinada cantidad como 15 o 20 personas. Pero hay negocios enormes que juntan más de 100 personas, por lo que en cada caso se analiza la cantidad de personas que participaron”. 

Los funcionarios encargados de la seguridad en la provincia se mostraron en más de una ocasión molestos por las faltas de los jóvenes e incluso llegaron a asegurar que pareciera que se les ríen en la cara. Ni multas ni sentencias judiciales surtieron efecto, tampoco los números de muertos y contagios influyeron. Entonces la pregunta que surge es ¿Habrá algún antídoto para sentar cabeza? Hasta ahora sigue siendo una gran duda. 

  

 

 

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