La situación de María Belén Saavedra es desesperante. Desde hace dos meses peregrina con sus hijas pequeñas y un embarazo a cuestas por la calle. Al no tener un lugar fijo para vivir, pasa los días caminando hasta que se hace la noche y regresa a una habitación prestada, donde duerme con las niñas en una misma cama.
Está embarazada, tiene tres hijas pequeñas y quedó en la calle
María Belén, de 26 años, atravesó por varias dificultades un corto periodo de tiempo: se separó de su pareja -y padre de las menores de 2, 4 y 7 años-, y ambos tuvieron que dejar la casita en que vivían en calidad de préstamo. Cuando los dueños decidieron que no podían quedarse más allí, los desalojaron. “Nosotros cuidábamos la vivienda y nunca nos avisaron que nos iban a echar”, contó la joven.
El exnovio fue a casa de su madre y María a la de su padre. Pero no pudo mantenerse allí. El hombre le dijo que no podía quedarse. Como segunda opción fue a refugiarse con uno de sus hermanos, aunque corrió la misma suerte que antes. Nuevamente, no había lugar para ella y las niñas: estaban tras vez en la calle.
Una vieja amiga, Mariana, tiró un provisorio salvavidas. Comprendió la compleja situación e invitó María Belén a alojarse en una de las habitaciones de su vivienda. Hasta allí se trasladó con las pequeñas. “No es mucho, pero sirve para dormir y darle comida caliente a niñas”, dijo María. Sin embargo, llegó otra mala noticia que aguó el leve respiro: la echaron del trabajo.
María se ganaba la vida como empleada en un carrito de comida rápida. La pandemia bajó las ventas y el dueño eligió hacer algunos despidos. El principal ingreso económico se cortó de raíz y ahora la familia se sostiene con la Asignación Universal por Hijo de las niñas y la tarjeta Alimentar. Desocupada y embarazada de 6 meses, la joven deambula por el barrio San Luis, en Rawson, para entretener a sus hijas y salir del pequeño habitáculo donde paran.
El padre de las criaturas, según contó María, apenas ayuda. Lleva comida y pasa un poco de dinero, siempre insuficiente. No obstante, el hombre compró un terreno anteriormente y lo puso a nombre de las hijas. Es el único patrimonio con el que cuentan, aunque, naturalmente, no tienen dinero para edificar “ni una piecita de adobe”. María apuesta a conseguir un trabajo que le permita tomar un préstamo para construir “aunque sea algo chico, para las nenas”.
Para ayudar, comunicarse: 2645 51-8798.