Llegó el día en que sintió incomodidad. Vio el panorama que lo rodeaba y decidió irse. Gerardo Veragua no aguantaba más la violencia de la vida bonaerense. Quiso alejarse de los puestitos de panchos y choris de Constitución y Once en los que trabajaba casi de sol a sol. Así que tomó sus pocas cosas, se despidió con tristeza de su mamá y eligió San Juan como refugio. Los años en la provincia cuyana no fueron lo que esperó, pudo alejarse de Buenos Aires, pero no de la tragedia, que lo persiguió hasta el cansancio. Hoy, Gerardo vende números de rifa a 100 pesos para poder seguir estudiando.
Perdió a su familia en un incendio, no encuentra trabajo y lanzó una rifa para seguir estudiando
Cuando llegó a San Juan se topó con dos de las mujeres de su vida: su abuela –con Parkinson y principio de Alzheimer- y su tía. Lo recibieron de brazos abiertos en su casita en Chimbas, con más amor que bienes materiales. “Cambié mi vida” dijo a Tiempo de San Juan, Gerardo, que actualmente tiene 37 años y varios pesares consigo. Empezó a ayudar en las tareas domésticas, hacerse cargo de los cuidados de la adulta mayor y a estudiar. Por la madrugada levantaba a su abuela en brazos para limpiar sus necesidades. Por la tarde asistía – y seguiría haciéndolo si no fuera por la crisis económica y la pandemia- a la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ. Corría el 2016.
La primera noticia funesta ocurrió cuando estaba en la unidad académica, había ido a revisar qué los apuntes que le faltaban para presentarse a rendir cuando sonó el celular. El médico no dio rodeos: “falleció”. Se quedó un rato en el cyber que había en las inmediaciones, dirigiendo la palabra. Estuvo en todo, hospital, velorio, entierro. Tras eso, quedó al cuidado y cuidó de “segunda madre”. Era el triste inicio años tortuosos.
En 2018, precisamente el 4 de diciembre, la familia más cercana, su madre, tío, y sobrina quedaron atrapados por las llamas impiadosas. El incendio ocurrió en Guernica, parte del municipio de Presidente Perón. No hubo rato para digerir el efecto del fatal siniestro. Gerardo llegó a Buenos Aires otra vez para una larga despedida: por la contextura física de las fallecidas tardaron 22 días en ser inhumadas. Y tuvo que intervenir el intendente, Aníbal Regueiro para acelerar la fría burocracia.
Los acontecimientos se sucedían, y pese a todo, Gerardo seguía estudiando. Le había costado mucho empezar de nuevo, ingresar Ciencias Políticas y la Tecnicatura en Administración Pública, lo que realmente le apasiona. Incluso, como no había terminado el secundario, dio las materias que le quedaban en simultáneo con el cursillo de ingreso a la universidad. Pero claro, no es fácil aguantar el dolor, esa “herida que todavía sigue abierta”. Se atrasó con algunas cátedras, aunque llegó a tercero y está próximos a recibirse de técnico.
El destino le tenía preparado otro golpe, la muerte tomó a su cuñado, pareja de su hermana, que también era un amigo cercano que ayudó en el momento crítico de la tragedia familiar. Fue hace un año, en agosto de 2019.
Actualmente, Gerardo, militante, estudiante no pide nada para él. Buscó trabajo, lo rechazaron por “viejo”, por “gordo”, por “tener mucha experiencia”. La pandemia congeló el trabajo de gestoría que tenía como changa. Las becas universitarias no las recibe. Las propuestas correligionarias del radicalismo al que pertenece no llegan. Pero no pide por él. Gerardo dijo que cada vez hay más deserción universitaria, que “lo noto en la Facultad”. Pide por los estudiantes que no pueden costearse la carrera y criticó: “Las autoridades no funcionan”. Y vende números de una rifa improvisada.
Para colaborar, comunicarse al 2645829340.