ver más

domingo 22 de marzo de 2026

Testimonio de vida

Carlos Espinoza: la historia detrás del "ángel" de los que menos tienen en La Bebida

El hombre nació en medio de la pobreza extrema, y sin saber leer ni escribir logró darle trabajo a varias familias con la venta de la semita. Todos los días ayuda a los niños que se encuentran en una difícil situación, pero su tarea social peligra por una deuda impagable de 80 mil pesos.
Por Pablo Amado

Es casi la una de la madrugada en el Barrio Cuyo de La Bebida y un grupo de chicos que no superan los 10 años se acercan a la casa de los Espinoza a pedir algo para comer. Pasa todos los días porque en muchas casas de la zona el dinero no alcanza y el hambre aprieta. Algunos gritan el nombre Carlos o “Carlitos” como todos lo conocen en el barrio, y otros se quedan en silencio. Quizás por timidez, o por vergüenza esperando que salga alguien de la familia. Al rato se asoma Carlos, un hombre robusto que inspira tranquilidad y compasión, pero al mismo tiempo la rigurosidad de alguien que conoce la calle y la pobreza de primera mano. Camina con un delantal llenó de harina y restos de masa en sus manos, y de forma serena les dice: “No tengan vergüenza en pedir mijos, vergüenza les tiene que dar robar” mientras les alcanza una bolsa con semitas. 

Parte de las familias que trabajan gracias a la venta de semitas. 

A rato me cuenta la razón por la cual un simple trabajador que no tiene ni de cerca el dinero para solventar un gasto extra realiza tan noble tarea a diario. Uno no pude hacer la vista gorda cuando sabe lo que es el hambre, yo sé lo que es ir a pedir comida y que tus padres no te puedan alimentar, en mi caso mi mamá nos crió sola a mí y a mis hermanos porque mi papá se fue y ella tuvo que hacerse cargo de un montón de chicos como pudo, porque en nuestro caso nunca pudimos ir a la escuela, ni tener una vida normal como se dice, y al ver a estos chicos que están en la misma que yo estuve no se puede mirar para otro lado” sostuvo Carlos de 64 años. 

El mismo afirma que “yo lamentablemente nunca pude educarme y hoy en día tengo más de 60 años y no sé leer ni escribir, pero aun así estoy muy agradecido a Dios porque he podido criar a mis 9 hijos y ayudar a muchas familias con la venta de la semita y el pan”.  En una tarea que no tiene descansos ni vacaciones y que hoy lamentablemente está en riesgo por una deuda que tiene que pagar por casi 80 mil pesos de gas. “Esto la verdad nos corta las piernas, porque somos muchas familias las que dependemos de la venta de la semita” dice preocupado pero sin aflojar al trabajo de todos los días. 

Hace algunos años atrás, cuando el tren de carga todavía funcionaba en San Juan, Carlos vendía café en la zona donde ahora vemos el Centro Cívico y el Teatro. Era tan solo un niño, que tenía ganas de estar en la escuela como sus amigos, pero la necesidad lo puso en la calle con unos termos colgados en el cuerpo para venderle a los llamados “changarines” que llegaban a descargar los vagones ya a punto de su extinción. “Nos llevaba un hombre de apellido González a un grupo de chicos y mis clientes estaban en su mayoría donde ahora está la bailanta de Hugo, ahí antes eran las oficinas de la Cavi y solo me dejaban entrar a mí a vender, me acuerdo que había gente grande que me querían quitar el lugar cuando era un niño y por suerte me defendieron porque la calle siempre fue complicada” contó con la mirada llena de lágrimas recordando el inicio de una vida que llevó a ser vendedor ambulante de cuan artículo se cruzara e incluso ser cartonero cuando fue creciendo y se convirtió en padre de familia. 

Carlos junto a su esposa Alicia, otra luchadora incansable. 

“Mi mamá era una mujer trabajadora que lamentablemente no nos pudo educar, ella nos llevaba de muy chiquitos caminando por la madrugada por Villa del Carril a las fincas donde trabajaba y los españoles que ahí vivían nos daban de comer, yo no la culpo, pero a ella no le gustaba la escuela y por eso no nos mandaba, a mí me encantaba, yo tenía a todos mis amigos que iban y yo lloraba por no poder ir” recuerda Carlos de su niñez. Un dato que no es menor para analizar su actual accionar ayudando a comedores cercanos a La Bebida y quien sea que toque la puerta en su casa ubicada en calle Comercio en La Bebida. 
Las vueltas de la vida lo cruzaron con Alicia González, su compañera por más de 50 años y madre de sus 9 hijos. “Nos conocimos acarreando agua, él se me acercó y me ofreció su ayuda, me da un poco de vergüenza contar esto porque todos en esa zona de Villa del Carril buscábamos agua de los surtidores públicos” afirmó Alicia y agregó que “nuestra vida no fue fácil, hemos tenido que hacerle frente a muchas necesidades, e incluso ahora tenemos a 3 hijos con enfermedades complicadas pero incluso así no dejamos de pelearla” sostuvo. 

La tarea comienza todos los días a las 00:30 y termina con el reparto al mediodía. 

Se trata de María Celeste quien tiene una malformación intravenosa, de Daina que padece de una luxación de cadera y de Oscar Carlos que tiene paraplejia espática e insuficiencia renal entre otros trastornos que padece el joven. 

La vida de Carlos y su esposa no fue fácil, pero ambos pudieron sacar adelante un emprendimiento que hoy ayuda a 9 familias, y desempeña una fuerte tarea social con los chicos de La Bebida y otros comedores. En los mismos Carlos entrega a cambio de nada bolsones de semitas y facturas. Una tarea que sin lugar a dudas merece el reconocimiento y la ayuda necesaria para seguir desarrollándola, porque hoy en día la fuente de trabajo se ve seriamente afectada por una deuda de 80 mil pesos en la cuenta de gas.

Fotos y videos: Juan Pablo Masquijo 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar

video