Pan y trabajo. Miles de fieles sanjuaninos de todos los departamentos se acercaron una vez más a pedirle y agradecerle al santo patrono de los humildes, San Cayetano. La peregrinación comenzó pasadas las 16, y partió desde la Capilla de San Cayetano en el barrio Parque Industrial en Chimbas. El obispo auxiliar Carlos María Domínguez encabezó la procesión y posteriormente dio una misa donde pidió por los desocupados y explotados, además de pregonar una redistribución justa y equitativa de las riquezas.
Todo el color de San Cayetano en las manos de sus fieles
Alrededor del santuario donde se congregaron los fieles sanjuaninos y desde temprano, se montó una feria en la que se vendían desde estampitas y estatuas hasta comidas y juguetes. Este año hubo mucha menos gente que veces anteriores por lo que las ventas no fueron las ideales, pero eso no impidió que le dieran ese color y mística que caracteriza al festejo popular.
"Probablemente hubo menos gente este año porque había otra misa en la Catedral del centro. Además, la mala situación económica hace que para los que viven más lejos les sea más costoso llegar hasta acá", afirmó Rosa, oriunda del barrio y quien todos los años está con su stand vendiendo souvenirs del santo popular.
La procesión tuvo lo típico de estas celebraciones de fe: una multitud de gente acompañó sus íconos religiosos al ritmo de cánticos de Iglesia y oraciones. El pan y el trabajo, dos de las cosas más necesarias en la vida de las personas estuvieron presentes en las plegarias.
No solo hubo sanjuaninos que fueron a pedir trabajo, también hubo quienes se acercaron a agradecerle al santo por haber conseguido uno o por mantenerlo. Varios afirmaron que la crisis se siente muy fuerte y pidieron también por aquellos que más necesitan de los favores del patrono.
Sobre el final de la procesión, el obispo Carlos María Domínguez ofreció la santa misa en la que recalcó la importancia del trabajo en nuestra sociedad actual y de las injusticias que generan la pobreza y el hambre en el mundo. Además, habló sobre la redistribución de la riqueza, algo muy característico de los religiosos de su orden, los "agustinos recoletos".
Por último, algunos fieles retornaron a sus hogares mientras que otros se quedaron disfrutando de la feria y de la sensación de haber vivido una fiesta popular junto a otros hermanos que buscan el mismo fin: hacerle frente a la crisis económica y estar en paz con la propia espiritualidad.