Dice Fernando F. Mó en su libro “Cosas de San Juan”, que los sanjuaninos hasta 1894 temían más a las inundaciones que a los terremotos. Y con razón; porque antes de esa fecha no estaban las obras hídricas que vemos en la actualidad. El Dique Ignacio de la Roza se inauguró el 2 de diciembre de 1825 con otro nombre al que conocemos, pero sufrió dos roturas que lo llevaron a una nueva etapa de construcción hasta que fue reinaugurado y rebautizado como “Presidente Perón” durante la gobernación del doctor Ruperto Godoy y la presidencia de Juan Domingo Perón.
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Todo esto para decir que el lugar acarrea con una marcada historia y que no siempre fueron picnics en familia y amigos lo que se celebraban en este lugar.
Según Plácido Vega (61) que es guardadique hace varios años; en el lugar suceden cosas extrañas cuando se pone el sol y las visitas habituales se alejan. “Es común que vengan parejitas a buscar intimidad pero nosotros les tenemos que decir que se vayan porque es peligroso por la falta de luces y por el dique mismo, claro está” asegura Plácido. Pero eso no es todo. Según el experimentado guardadique “aquí hay personas que vienen a hacer maleficios porque hacen cosas raras con maquetas que tienen pulseras y otras cosas que no entiendo, pero eso se ve seguido por acá. También se ven cosas raras como una vez que yo estaba en realizando una maniobra en uno de los puentes que todavía estaba habilitado y vi a una mujer que andaba sola caminando por ahí, no le vi la cara y me pareció muy raro porque era la 1 de la mañana y hacia frio. A esa hora acá nunca hay nadie, menos en los puentes. Lo raro fue que nadie la vio entrar y cuando fui a ver de qué se trataba, ya no estaba”. Aquí la palabra del hombre que no encuentra una explicación lógica a lo narrado.
“Otra vez me paso lo mismo, con otra mujer rara que vi que también desapareció, lo raro es que el policía que estaba haciendo adicional la tendría que haber visto porque el andaba haciendo un recorrido y no la vio, pero me acuerdo clarito que fue así” según Plácido.
Por último el hombre agrega que “no tengo miedo de las cosas que veo porque me crie en el campo, no tengo temor pero otro muchacho sí; es más una vez un policía que venía a hacer un adicional y estaba durmiendo en el auto, sintió que le movían el auto, así que salió con el arma y no había nadie. Me acuerdo que salió disparando (no literal) del coche y se metió a la cabina” cuenta el hombre oriundo de Iglesia.