En el Hogar de Ancianos

La romántica historia del sanjuanino que sale a vender café para poder casarse

Pedro Reyna se levanta todos los días temprano a ganarse el pan vendiendo café, día a día va juntando dinero para poder casarse con su compañera del Hogar de Ancianos. Entrá y conocé la historia de dos personas que siguen apostando al amor.
sábado, 09 de marzo de 2019 · 09:35

Muchos opinan que no hay edad para enamorarse. Pero detrás de esta afinación, que parece de lo más trillada y digna de estar estampada en una de esas tarjetitas que se reparten en los colectivos, no son muchos los que deciden casarse cuando ya transitan la tercera edad. Pedro Reyna tiene 52 años y vende café con una sola finalidad: juntar plata para poder unirse en matrimonio con el amor de su vida, una mujer 8 años más grande que él.

Ella se llama Nora Torres pero en la Residencia Eva Duarte de Perón todos la conocen como “Norita”.  Tiene 60 años y vive en Hogar desde hace un poco más de 7 años. En este lugar, donde lo cotidiano se cruza con lo mágico, conoció a Pedro con quien sueña casarse apenas puedan conseguir un poco de dinero para pagar los gastos del casamiento.
“Queremos casarnos porque nos queremos y no importa lo que piensen los otros, como mi hijo que no le gusta mucho la idea. Pero él ya es grande y tiene su vida, así que la decisión está tomada” afirma Nora ante quienes no entienden que en el amor no existe el libre albedrío. Ya que nadie decide de quién va a enamorarse.

Nora y Pedro se conocieron en la Residencia Eva Duarte de Perón hace 7 años atrás. 

Pusieron como fecha estimativa el 15 de diciembre de este año, y aunque todavía falta pulir algunos detalles, pronto serán marido y mujer.

El amor está presente en cada palabra, en cada mirada y cada gesto. Sobre todo cuando cuentan cómo se conocieron.

“Yo llevaba a una abuelita al comedor, y cuando la vi no podía sacarle los ojos de encima, me gustaba mucho. Entonces me acerque y ella me aceptó, nos pusimos a conversar y la invite a tomar un helado, y de ahí hasta la fecha seguimos juntos. Ella nunca me peleo por nada y yo le llevó facturas, caramelos, yogurt, helado o lo que ella quiera todos los días. Siempre tomamos mate y en la noches compramos un poquito de fiambre, una gaseosa y cenamos entre los dos” afirma Pedro sobre los inicios de su historia de amor  que está más viva que nunca.

Un sentimiento tan grande como el amor no deberían tener límites, y esa visión está marcada en Nora al considerar que “no había tiempo que perder, a mi Pedro me gusto como hombre desde el primer momento, entonces nos pusimos de novios y dijimos que queríamos casarnos, sabiendo que los dos somos grandes”. 

“Yo vendo café, boldo, mate, té, de todo. A veces vendó mucho y a veces no tanto, pero con la plata queremos hacer una fiesta que sea linda, con música y comida. No importa que sea algo grande” sostiene Pedro mientras toma de la mano a su novia con la intensidad intacta de aquellas primeras citas, cuando salían a tomar un helado en una tarde de verano.

Cuando no venden café, pasan su tiempo dibujando en la sala de recreaciones.

“Cuando nos casemos vamos a poder vivir juntos, ahora dormimos cada uno separado. Nos gustaría vivir tranquilos, y felices. Yo la quiero mucho a ella porque nunca nos peleamos y así como yo le llevo las mañas, ella hace lo mismo conmigo”.

Con esas ansias de juventud viven estos dos abuelos del Hogar de Ancianos, que detrás de cada vaso de café que intentan vender, alcanzan un poco más el sueño de poder casarse. Para poder sacar el día Pedro decidió vender el café con una semita a $20 y también, ha implementó hace poco la venta de tortitas por unidad a $5 cada una. “Es un regalo al precio que lo vendo, acá te cobran $40 o $50 pesos por lo mismo” opina el cafetero que prefiere vender más cantidad a menor precio. 

Los especialistas en calidad de vida aseguran que comenzar un romance cuando se transita la tercera edad es revitalizador. Y eso se puede ver en Nora y Pedro que nos enseñan que la capacidad para enamorarse no se pierde cuando uno envejece, de hecho es más probable que ocurra todo lo contrario.
Que uno se hace viejo cuando pierde la capacidad de amar.

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