maestras de américa

Conocé la historia de las maestras que salen a buscar adultos para que terminen la primaria

Tres profesoras de la Escuela Nocturna Sarmiento trabajan con adultos y jóvenes que no terminaron la primaria y hacen una labor imprescindible. Un verdadero ejemplo de dedicación y amor a la docencia.
sábado, 02 de marzo de 2019 · 17:28

No son tres maestras cualquiera. Ellas educan a personas adultas para que terminen la primaria y recorren las calles pegando afiches para sumar alumnos. “Salimos a hacer publicidad de esta manera porque mucha gente no sabe que estamos acá, y eso que llevamos mucho tiempo”, afirmó Roxana Muñoz, la directora de la Escuela Nocturna Sarmiento.

Roxana Muñoz, Flavia Pereyra y Rita Carrizo son las tres maestras que dedican su vida a educar a personas mayores con muchísimo amor y compromiso. “Con nosotras, los adultos tienen la posibilidad de terminar su educación primaria que los habilita para poder continuar con sus estudios secundarios”, afirmó Flavia. Las tres profes pertenecen al Ministerio de Educación y llevan varios años en la formación primaria de adultos. Su labor no está muy difundida en las escuelas de Capital como en los departamentos periféricos, incluso muchos de los estudiantes que se acercan son de Rawson, Chimbas, San Lucía y otros departamentos alejados.

La formación que ofrecen cuenta con cuatro ciclos de un año de duración cada uno, lo que corresponde a los seis años de primaria tradicional. La diferencia entre una escuela común es que los estudiantes están organizados por edades, mientras que en la Escuela Nocturna Sarmiento se organizan por nivel de conocimiento. Cuando se inician las clases, las maestras toman una evaluación diagnóstica donde determinan en qué ciclo empieza cada alumno según su nivel de conocimiento.

El primer ciclo es para aquellos que directamente no saben leer, mientras que aquellos que no pudieron terminar la primaria por algún motivo pero que tienen algunos conocimientos previos empiezan en el tercer o cuarto ciclo. “Lo que más le cuesta al adulto es la alfabetización, no tanto la matemática porque tanto los jóvenes como las personas mayores manejan dinero y por eso están más familiarizados con los números. Lo que más les cuesta es lengua, conocer las letras, el sonido, todo eso les cuesta muchísimo”, contó Roxana.

No solamente acuden mayores de 14 años sino que también hay chicos que con 11 o 12 años no son recibidos en otras escuelas diurnas y por lo tanto esta escuela realiza excepciones. El inicio de clases cuenta con muchos alumnos, pero a mediados de año varios abandonan por razones de trabajo.

Flavia contó que “no hay un límite de edad para personas mayores, tenemos alumnas que son abuelas de más de 60 años. Para ellas esto es algo que tiene mucho valor y lo hacen con mucha emoción y orgullo. Ellas comparten mucho acá, nos les gusta faltar y están esperando cada momento para compartir, acá tomamos mate, estudiamos, trabajamos y las horas se nos pasan volando”.

“Lo lindo de trabajar con adultos es que no es solamente contenido educativo sino que se crea un vínculo especial. El año pasado una de las alumnas cumplió 15 años y nos invitó a todos a su fiesta de 15”, recordó Rita.

Según contaron las docentes, a la gente de mayor edad les cuesta más dar el primer paso para estudiar más que nada por vergüenza, pero una vez que están adentro de la escuela se preguntan “¿Por qué perdí tanto tiempo?”.

La diferencia de edad entre los alumnos más viejitos y los adolescentes, según afirmaron las maestras, sirve para modelar el clima, ya que a veces cuando los jóvenes tienen de compañero a un señor o a una señora que no son las docentes, es como que entre ellos mismos se calman. “Eso sirve para organizar la clase porque se respetan mucho” contaron.

“Para nosotras es muy gratificante, porque se mezclan emociones, porque estás viendo el esfuerzo de una señora que trabajó todo el día y que viene igual a pesar de llegar muy tarde a sus casas” aseguró emocionada Rita.

Las profes aseguran que a la gente mayor le cuesta más aprender que a los más jóvenes, pero que los más grandes generalmente tienen un mayor compromiso, mayor voluntad y más perseverancia. “A veces cuando leen una palabra bien se emocionan, porque les cuesta muchísimo”, contó Flavia.

En la escuela también cuentan con la copa de leche. Hay muchos estudiantes que salen de trabajar y van a la escuela porque saben que pueden merendar. “Acá el mate no falta nunca, y a veces en verano compramos gaseosa. El clima que se genera es muy ameno”, contaron. Por último, las maestras contaron con mucha felicidad que luego de egresar se sigue manteniendo el vínculo y que los ex alumnos las visitan.

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