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Crónicas de una aventura que despertó la solidaridad en los sanjuaninos

Con la buena nueva de que el chiquito intensamente buscado estaba a salvo, relucieron detalles que merecen ser recordados. Crónica de un histórico rescate.
martes, 19 de marzo de 2019 · 16:45

Las manos que escriben no están acostumbradas a las editoriales y esta vez no será la excepción, aunque sí merece la pena recordar esos detalles que la vorágine de la información no permiten publicar de inmediato. Por fortuna, el equipo que le tocó cubrir la aventura con final feliz -previo a él hubo otro que captó el minuto a minuto de la incertidumbre- pudo palpar la solidaridad de los sanjuaninos, la emoción y la empatía que a veces cuesta encontrar. En plena búsqueda, justamente, se halló. 

En los alrededores de la base del campamento que se instaló para el operativo de rescate, en plena montaña y a unos cuántos kilómetros de la ruta, la cantidad de personas que circulaba era importante. Autos particulares, motos y bicicletas preparados para campo traviesa, cuatriciclos y boogies llegaban para colaborar. No eran parte de la organización oficial -que sumó a 250 personas- pero su ímpetu era el de ser útil en lo que se pudiera. Algunos llevaban agua, hielo, alimentos, querían asistir a quienes trabajaban desde la noche anterior. 

El terreno era hostil y hasta el equipo de Tiempo debió llegar por otros medios al punto de encuentro. No fue tan difícil lograrlo pues -insisten estas manos- la solidaridad estaba al servicio de quien necesitara un favor. 

En el camino, que representó una travesía, el primer encuentro fue con albardoneros que llegaron al lugar para ayudar de cierta forma con sus rezos. "Desde anoche estamos en oración y hoy (por el lunes en la tarde) decidimos venir y sentir que colaboramos con eso", dijo una de las integrantes del grupo que se situaba al costado de la huella, mientras secaba sus lágrimas.

Mientras tanto, la noticia llegaba con el boca a boca. No había señal telefónica, menos de internet y había que confiar en los automóviles y camionetas que a los bocinazos compartían El dato: Benjamín había aparecido y "estaba bien", decían. 

La siguiente parada llevó a un grupo de la Policía. El Principal Molina, de la Comisaría 18 de Albardón, confirmó la información. Junto él se encontraban otros oficiales que contaron que estaban en la zona desde la noche anterior. "Hicimos guardias para estar despiertos, mientras otros descansaban en el móvil policial. Estamos cansados pero contentos porque salió todo bien", comentaron tras ofrecer servicios por más de 20 horas, sin interrupción. 

Lugareños en 4x4 le dieron un aventón casi medio kilómetro a este equipo que no tuvo inconvenientes en viajar en la caja trasera de la camioneta. Eso sí, bien agarrados porque el terreno presentaba desafío. Para esa altura, los festejos, las bocinas y la alegría de los presentes apaleaban el intenso calor que sobre las 16.30 azotaba por esas inmediaciones. El segundo aventón fue en una camioneta de Desarrollo Humano que iba repleta de botellas de agua para abastecer el campamento y que, afortunadamente, depositó al equipo -que viajó parado y otra vez en la caja- en buenas condiciones para desarrollar la tarea. 

Abrazos, llantos, felicitaciones mutuas y sonrisas de grandes proporciones se podían observar en la base de operaciones. Había de todo: uniformados de la Policía, del Ejército, Gendarmería, Bomberos, de la Federal, de la Municipalidad, de Defensa Civil, colaboradores especiales y deportistas. El aparato oficial completo. Hacía un día que convivían en pos de lograr un objetivo y lo habían alcanzado, la felicidad era absoluta. 

Segundos antes, el helicóptero con Benjamín dispuesto a ser trasladado al hospital se posó en el aire por encima del campamento y ese fue -sin dudas- el momento de mayor euforia. Otra vez los gritos y las lágrimas se adueñaron de la escena, al igual que los aplausos para cada uno de los participantes. 

A medida que llegaban los grupos que habían salido por la búsqueda, ya conociendo la buena nueva, se desataba un pequeño festejo. 

Por su parte, los baqueanos a caballo y a pie que fueron fundamentales para el rescate ya que un grupo de ellos halló la pisada que los condujo al chiquito -un tanto más retraídos- celebraban cada regreso al igual que los demás. De cortas palabras y abrumados por la emoción, expresaron estar "contentos porque el niño apareció y parece que está bien". Y sí lo estaba, a pesar de estar deshidratado por obvias razones, pero consciente y vivo, que no era poco.   

La algarabía, la complicidad y la camaradería estaban ahí. Un hecho puntual, de crisis y de desconcierto reunió y sacó lo mejor de cada uno. "Me vine porque sentí la necesidad, tenía que ayudar", comentó más de uno -como los bikers que llevaron de vuelta a este equipo a su auto-. "Tengo un hijo de la misma edad y me movió todo, por eso me vine con la moto para ayudar a buscar. Al principio esquivaba los cactus con cuidado, es un lugar complejo de transitar pero después no importó. Me vuelvo a casa raspado entero pero feliz", agregó. 

O como una radioafisionada que participó en el despliegue: "Sentimos que fuimos útiles para la comunicación, la radio es lo único que funciona por acá. Teníamos los equipos y decidimos venir a dar una mano. Dejé mi hijo anoche y nos vinimos (eran las 17 aproximadamente del día siguiente). Estamos cansados y más de uno se vuelve con el auto roto, a todos nos pasó algo mientras buscábamos al nene, pero valió la pena". 

O como el hombre que llevó su perro entrenado para rastrear personas, Moro, y a pie emprendió la búsqueda. "Encontramos el primer rastro, el que después se perdió en el suelo empedrado. Fue una lástima pero después los baqueanos dieron con la otra", detalló. O como esa familia que, al pasar y encima pidiendo permiso, se escuchó decirle a un efectivo: "Somos de Albardón, venimos a traer un poco de comida a la gente de la organización, ¿podemos pasar?"

O como tantos más que estuvieron, acompañaron y desde su lugar aportaron su granito de arena. Las manos que escriben lamentan ser tan empalagosas, pero así se vivió, con mayor o menor intensidad. La solidaridad se despertó en esos sanjuaninos y su alcance pareció no tener límites. "Juntos somos más"; "unidos venceremos"; "la unión hace la fuerza" suelen ser slogans trillados pero que ayer cobraron sentido, aunque sea solo por un rato. Tal vez no todo está perdido. 

El audio de pocos segundos que resume todo:

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