ver más

sábado 11 de abril de 2026

Informe especial

La crisis golpeó la zona roja de San Juan

La falta de efectivo impactó en los bolsillos de los clientes, que hasta se animan a regatear. Cómo se preparan las chicas trans para salir a la calle y las experiencias más insólitas.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero
Producción integral: Carla Acosta

Mientras la ciudad duerme, en avenida Córdoba y calle Santa Fe hay poco más de diez chicas trans que se dedican a la prostitución, número que crece los fines de semana. El trabajo arranca a las 23 pero nadie sabe a qué hora va a terminar. Todo depende de la cantidad de clientes y en esta época de vacas flacas, se les hace complicado llegar a una suma considerable de dinero. Casi todas tienen menos de 40 años y tienen mil historias para contar. Algunas más tímidas, dijeron que tienen una vida muy triste que prefieren no revelar. Otras optan por abrir su corazón y manifiestan que nada ni nadie las obliga a ser prostitutas sino que eligieron la profesión como una forma de vida.

Las chicas coinciden en que la clientela ha disminuido a pesar de que las tarifas por sus servicios no crecieron al ritmo de la inflación. Contaron que tienen que trabajar más para generar una suma de dinero que sea redituable y que hay clientes que se animan a regatear para poder compartir un momento con ellas. Depende de los pedidos, algunas veces acceden y otras, optan por llevarse menos plata a la casa.

Para evitar problemas entre ellas, las chicas se unieron y fijaron un cachet por los servicios. Pasar un tiempo con ellas puede costar entre $200 y $600, dependiendo las exigencias de los clientes, que no siempre son hombres solos sino que muchas veces vienen acompañados por sus esposas o novias (más de lo que se cree, admiten todas).

La zona roja de San Juan está concentrada en calle Mitre hasta avenida Córdoba, entre Rawson y Jujuy. La convivencia entre las mujeres y las mujeres trans es tranquila, incluso muchas comparten esquinas sin problemas. “Hay clientes para todas”, coinciden. Con respecto a los vecinos, informaron que al principio era complicado, que continúan con algunos entredichos con los más ancianos pero que en general, la gente les dice que se sienten seguros y que desde que están por la zona disminuyeron hasta los robos.

No hay un perfil definido de cliente. Hay hombres y parejas de distintas clases sociales. Revelan que muchos son habitués, que hablan y se mueven de una forma con ellas y que luego se los encuentran por la calle y hasta engrosan la voz cuando caminan con su esposa e hijos. “Hay mucha hipocresía”, dijo K.

No todos los clientes van en busca de sexo. Según indicaron algunos quieren hablar, otros disfrutan de un juego íntimo pero que no siempre termina con una relación sexual.

Entre tacos, lentejuelas y cigarrillos las chicas trans pasan la noche. El celular está a full durante la noche, no siempre son clientes, muchas veces es la familia o amigos. Lo más complicado para algunas es mantener una doble vida ya que hay casos que sus familias no saben a qué se dedican. Mantener en secreto parte de sus vidas es un esfuerzo psicológico muy grande, que lleva a las más débiles a caer en las adicciones.

Todas las consultadas dijeron que ya no hay proxenetas, que trabajan en forma independiente y que se cuidan entre todas. Sobre la seguridad, afirmaron que la noche sanjuanina en general es tranquila pero que de vez en cuando tienen que lidiar con algún intento de robo.

P. no quiso dar su nombre pero charló amablemente. Recordó la ocasión en que un cliente que la “levantó” en moto. En el camino, él dijo que no tenía cambio y debía pasar por una estación de servicio. Si bien el destino era un hotel alojamiento, el hombre se desvió hacia una calle oscura de Chimbas. P. se dio cuenta de que algo no andaba bien. En ese momento el “cliente” intentó asaltarla; ella, temiendo sufrir algún golpe, huyó. Salió corriendo del callejón con lo poco que tenía.

Uno los reclamos de todas las chicas es que cuando las levanta la Policía, las meten al calabozo de los hombres. Ellas se sienten mujeres, se definen mujeres y quieren que el Estado las trate como mujeres.

La historia

Leila fue una de las chicas que se animó a dar su testimonio a Tiempo de San Juan. Es sanjuanina, vivió en Buenos Aires y luego volvió a sus pagos. La joven participa activamente en la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), delegación San Juan, liderada por Mónica Lencinas y también con Verónica Araya en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros.

Como la mayor parte de las trans, no contó con el apoyo de su familia cuando decidió hacer la transición. Se dedica a la prostitución pero le gustaría hacer otra cosa. No es la misma realidad de todas las chicas.

La producción para salir a trabajar arranca en la tarde y cuando ya definió perfectamente cada una de sus pestañas con rimmel, empieza el trabajo. Tiene una compañera de rulos azabaches y enormes ojos marrones, que en el medio de la noche parece que chispean.

La joven dijo que tiene DNI con su identidad y su mayor sueño es llegar a viejita. Entre lágrimas, recordó que las compañeras trans tienen una esperanza de vida de entre 35 y 40 años, que ha perdido muchas amigas en el camino y que anhela poder llegar a ser una jubilada.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar

video