Por Carolina Putelli
La nueva vida de la mujer a la que le hicieron una “brujería” siniestra
En el hall de entrada de la casa de Paula Liuzzi, un mes exacto antes de la entrevista, apareció una “brujería” que aterrorizó a la mujer. Cuando llegó de madrugada y vio la foto en la que aparecía junto a su hija llena de sangre y alfileres, cayó de rodillas desesperada y un vecino tuvo que asistirla. Ahora sale al mismo espacio sonriente, con una remera oscura, un pantalón de algodón y gomones. “Recién llego de trabajar y en mi casa me pongo cómoda” dice, pero no con tono de disculpa, sino con picardía. No se cambia para la entrevista, como tampoco abandona la sonrisa radiante.
Paula no es la misma que atendió a la entrevista telefónica el 24 de julio. Esa primera vez estaba asustada y desesperada. Ahora se muestra tranquila, aunque todavía se abraza a sí misma cuando recuerda ese 22 de julio, cuando se encontró la caja con sal, arena, pedazos de animales y las fotos. Además sumó cámaras de seguridad y una chapa perforada debajo de la puerta por donde metieron el “trabajo”. Quien no se entera de esta oscuridad y no sufre ningún miedo es su hija Luz. La pequeña va y viene, tiene que comer, pero prefiere mostrar su vincha con flores y después ir a ver tele, aunque su mamá le insista en que almuerce para el cole. La niña está muy diferente, pero conserva mucho de la bebé de la imagen que usaron para amenazar a la sanjuanina.
Ante la consulta de si tiene miedo, Paula responde rápido y seguro que no. Incluso, ambas están bien y hasta asegura que han pasado más cosas buenas que malas en los últimos 30 días. Para ella, el que le quiso hacer mal no sólo no lo logró, sino que desencadenó muchas cosas positivas para su vida. “La verdad es que hay un montón de cosas que me han dado tranquilidad, he tenido mucho apoyo que no me esperaba. Nunca fui a nadie a que hiciera algo para “revertir” eso, aunque muchos me llamaron”, explica.
Uno de esos llamados, que cambió rotundamente el sentimiento de la mujer, fue el del padre Rómulo Cámpora. El sacerdote, que ahora se encuentra en Iglesia, le aconsejó que rezara por ella misma y por su hija. “Él me explicó que quienes hace estas cosas, bien o mal, invocan al demonio, que lo mejor para responder es invocar a Dios que nos proteja”, explica. Para Paula, tanto su fe como la de muchos conocidos y desconocidos que la incluyeron en sus cadenas de oración las mantiene “protegidas”.
Ahora creen que tendrán respuesta de la Justicia pronto, ya que le han asegurado que la investigación sigue su curso y que puede haber novedades. Mientras tanto, ella decidió seguir adelante con su vida con total normalidad y hasta está empezando a trabajar en una nueva fundación, además de Estrellas Amarillas.
Un después esperanzado
Paula no sólo siente la contención de los que las rodean, sino que también han pasado cosas buenas que no hubiesen sido posibles sin el triste episodio. La primera y más terrenal, es que su hija menor tuvo un acercamiento extraordinario con su papá y la familia de él. La noticia de esa amenaza siniestra mejoró el vínculo de la niña con su otra familia, que es de Mendoza.
La otra buena noticia tiene también que ver con una hija de Paula, pero esta vez se trata de Sol, la pequeña que murió hace años en un trágico accidente y por el que ella es parte de una fundación de seguridad vial. “Entre todos los llamados, estuvo el de una médium de otra provincia. Ella me dijo que alguien se quería comunicar conmigo y que supuestamente era mi hija”, cuenta.
Aunque desde la primera entrevista ella negaba creer en cosas esotéricas, el llamado de la mujer dejó helada a la sanjuanina, porque le dio datos que sólo ella podía saber. La médium le aseguró que su pequeña todavía las protegía a ella, a Luz y a su papá. Pero no sólo eso, sino que también consiguió una respuesta que hace años rondaban su mente.
Cuando Sol murió, en un accidente llegando a Buenos Aires de un colectivo, a su mamá le quedó una duda consumiéndola por dentro. Si bien los forenses le aseguraron que su hijita iba dormida cuando el colectivo chocó y salió despedida, su corazón de madre seguía preguntándose si su niña había sufrido. “No sufrí, mamá. Me desperté donde estoy ahora”, le habría dicho la niña a través de la médium a Paula. Además, le mandó un mensaje a su papá, el conocido hockista Juan Oviedo: “Decile a papá que deje de culparse”.
Una casa bendecida
La casa que comparten Paula y Luz está llena de signos de cariño de los que las rodean. En el lugar hay una botellita de agua bendita, varias imágenes de santos y muchísimas fotos de ellas, que posan histriónicas guiñando un ojo o haciendo una V con los dedos. En una mesita también hay un limón cortado a la mitad con un poco de sal. “No sé, alguien me dijo que lo haga y bueno, lo hice”, dice entre risas.
Ella usa un rosario de madera bendecido y a su hija siempre le pone una medallita que también le mandaron. Por sobre toda las cosas, confía en que su fe y la buena onda de los que las quieren las mantiene seguras. Mientras sale de la vivienda, muestra nuevamente el chapón que puso bajo la puerta y explica que todavía es un trabajo a medio terminar. Lo último que hace es señalar una estampita de San Expedito que tiene en la ventana. “Siempre lo tengo ahí” dice mientras toca suavemente la imagen.