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martes 7 de abril de 2026

Un personaje bien sanjuanino

El bicicletero del pueblo

José Marzano maneja uno de los negocios más tradicionales de San Juan y es un orgulloso referente del ciclismo sanjuanino. Su historia.
Por Redacción Tiempo de San Juan

“Tengo 75 años y ni una cana”, dice tocándose la cabeza calva. Además de conservar el humor, José Marzano muestra una parsimonia propia de comerciante de antaño que es y una virtuosa memoria que usa para ponerle epígrafe, una por una, a las fotos que decoran el salón de ventas de esa ochava de Central y Paula Albarracín que hace décadas es un símbolo para los ciclistas de San Juan. En sepia, sale con 18 años, de pantalones cortos, subcampeonando en un torneo de 1962 en el que “embalaba tan fuerte que se me salían los pelos”.

 Padre de 4 hijos, tiene el recuerdo vivo de su esposa Mercedes que falleció justo para el día del cumpleaños de él, tras 50 años de casado. “Íbamos a festejar las bodas de oro este año. La extraño, igual que los pendejos de ahora que están un año o dos nomás. Parejas eran las de antes”, reflexiona.

¿Qué fue primero? ¿Ciclista o comerciante de bicicletas? “A los 14 años empecé a andar en bicicleta y a la misma edad empecé a trabajar en casa Brisson en al Libertador y Güemes, de venta de bicicletas. Yo trabajaba en el taller. Me gustaban las bicicletas, mi hermano mayor en Angaco, donde soy nacido y criado, tenía venta de repuestos. Después a los 16 empecé en Zalazar hermanos a una cuadra de acá. Y después mi viejo me compró un tallercito”, resumió.

Marzano recuerda que vendían el taller de Castañeda en Urquiza y Valdivia, y su papá tenía una camionetita, una Chrysler modelo ’29. Y le dijo que le ofrezca la camioneta al hombre, a cambio del negocio. Así José abrió su primer negocio, cuando tenía 18 años. Y a los dos años lo tuvo que vender porque le tocó la colimba.  Le iba bien pero se hizo dragoneante en el RIM 22 por obligación y cuando salió volvió al ruedo.

Entonces nació el negocio que conocen todos los sanjuaninos en Central y Paula. Fue justo enfrente del actual local donde alquiló una piecita, luego toda la esquina y empezó a vender repuestos para bicis. Corrían los años ’60. Ya estaba junto a su novia de toda la vida. En los ’70, el terremoto le partió en medio el localcito que tenía y en la actual locación había un bar y el dueño se quería desprender de la propiedad y ahí la apareció una oportunidad que el padre de José lo alentó a comprar, con la plata que tenía para adquirir un autito. Así apareció el negocio y taller.

“Hacía cuadros de carrera a medida, me pedían de todos lados, y yo iba a los torneos de infantojuvenil con la camioneta repleta y vendía un montón”, cuenta sobre sus años mozos junto a la familia.

Él corrió unos 5 años, era velocista de pista y alguna que otra carrera ganó, pero lo de él era más de acompañar a los ciclistas que correr. “Eran otras épocas, más exigidas, no había equipos como ahora”.

Hace años que encarna su rol de empresario a la vez que el de dirigente, fue mucho tiempo parte de la Federación Ciclista Sanjuanina que llegó a presidir, fue vicepresidente de la Federación Argentina de Ciclismo y, cuenta orgulloso, fundó el ciclismo infantil en San Juan. “Tenía 300 chicos, hay muchos ahora pero antes hacía campeonatos nacionales”. Ahora, este admirador de Chancay y Saldaño, es tesorero de la Federación Ciclista Sanjuanina y del Huracán Cicles Club, el más antiguo de la Federación.

Mientras mira las fotos en el muro recuerda sus carreras, comenta que dos de sus hijos salieron ciclistas y de los buenos. José y Mariela le dieron varios podios. “Se criaron entre bicis”, dice este hizo de almacenero y ama de casa que sigue amando las ruedas y atendiendo su negocio, Cicles Marzano, tan popular como hace 50 años.

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