Por Daniel Tejada
Aquella imagen imborrable de Quito
Canal 13 San Juan
No era el hecho de que semanalmente siguiera llamándola a Ana María López de Herrera, entonces secretaria general de UDAP, a pesar de sus explosivas discusiones al aire. Ni su voracidad por leer los diarios. O su agenda telefónica inversa: le llamaban los políticos más de lo que él les llamaba a ellos. Nada de eso me provocó tanto impacto como la imagen de aquella madrugada en el viejo sótano de LV1 Radio Colón.
Por esas cuestiones de todo edificio añoso, el agua de la cocinita, frente a la recepción, se había desbordado inundando buena parte del piso. Y ahí estaba el Quito, secador y trapo en mano, apenas pasadas las 5 de la mañana. Llevaba unos 15 minutos en la radio. No se le podía ganar.
En ese cuadro, la síntesis de lo que representaba el tipo del que tanto hablaban y yo apenas empezaba a conocer. El mismo que tironeaba un cable si hacía falta. Que sabía dibujar en un papelito ajado la diferencia entre la señal de amplitud modulada y la de frecuencia modulada. Y que no se achicó ante la irrupción de las computadoras y la internet.
Francisco Bustelo Graffigna era la historia y el presente de la radio en aquellos años que me tocó compartir a fines de 2005 y de ahí en adelante. Duro y áspero en el trato, o extremadamente cálido y afectuoso. A menudo decía que escribir no era lo suyo, porque pecaba de desordenado. Porque las ideas lo asaltaban con mayor velocidad que lo que podían tipear sus dedos.
Frente al micrófono, cultivó un estilo frontal. Dijo lo que quería decir. Aún pagando el costo de la respuesta. Aún cuando su larga historia en los medios y en la función pública –como director del Banco San Juan en dos oportunidades- le habían dejado abollones y flancos de vulnerabilidad. No importó. Se las aguantó a todas las que vinieron. ¡Y salió a contestar también!
Por eso costó tanto verlo en el retiro, en su casa, junto a su familia, al Quito que no se tomaba vacaciones ni dejaba de ir a la radio hasta los domingos, para leer diarios en soledad, para armarse para el arranque de la semana, para escuchar, para resolver.
Para las nuevas generaciones, su partida será un buen motivo para conocer quién fue y lo que hizo. Para los que tuvimos la oportunidad de trabajar a su lado, un recuerdo imborrable. Hasta siempre Quito.