Si no ha pasado nada grave hasta ahora en el camping del Dique Lateral, en Zonda, es porque está recubierto por una extraña aureola: allí el descontrol es habitual, tanto en el ingreso como en los cuidados de convivencia, y siempre se está con la sensación de inminencia de un desborde de violencia.
Lo que los generan son el clima de anarquía que allí se vive: entra gente por las noches, desata fiestas sin control en las madrugadas, que tienen atemorizadas a las familias que llegan a pasar un día de campo, y hasta a los vecinos de la villa Tacú, que deben padecer todo tipo de torturas sonoras sin que se ponga control.

Hay vecinos que llevan presentadas dos denuncias contra el municipio zondino para que controle el ingreso y permita la convivencia, tanto adentro del camping como con los vecinos de la zona, sin que la Justicia de paz del departamento haya avanzado en controlar un problema que se ha desbordado y escapado de las manos de las autoridades.
Hasta los empleados municipales que llegan a las 8 todos los días a cobrar el ingreso, siente miedo. Deben acercarse hasta las carpas de los “visitantes” que ya ingresaron muchas horas antes y se encuentran con todo tipo de situaciones: resistencia y problemas con los que ya están alcoholizados.

El sistema establecido por el municipio es lo que hace agua. A las 19 de cada día se va el último empleado encargado de cortar tickets en la puerta, y el primero que llega al día siguiente lo hace a las 8 de la mañana. Pero resulta que la puerta de ingreso queda abierta discrecionalmente, luego de que un camión tuviera un accidente y lo rompiera.
Eso permite que los grupos de gente ingresen sin control desde las 20, se establezcan y comiencen a usar las instalaciones sin control hasta el día siguiente. S las 8, en primer empleado de turno debe lanzarse a la aventura de cobrarles la entrada, que le pagarán si quieren, y tiene suerte de que lo maltraten.
Si se quedan sin alcohol, los que quieran usar el camping de manera descontrolada no tendrán que preocuparse demasiado. Dentro del mismo camping hay un casero, y todos los usuarios dicen que están contentos porque él mismo les vende lo que les haga falta, sin cuestionamientos legales que lo impiden.
Y hay también quien sostiene que la puerta y el ingreso del camping permanece abierta, fuera del control del municipio y de la ley, justamente para favorecer ese negocio de venta al menudeo.
La cuestión es que se suceden a diario escenas de cruces, gritos y peleas entre los visitantes del camping y también con los vecinos de la zona, por el alto volumen de las trasnochadas descontroladas. Hay denuncias y llamados a la policía, pero el problema sigue sin control y en aumento.

El miedo en esta parte de Zonda es lo que predomina, hasta de parte de los empleados que deben lidiar con estas situaciones extremas, cuando se acercan a sugerir que bajen el volumen ante las quejas de los que fueron a Zonda a descansar y no tienen suerte.
Por ahora, triunfa el pequeño negocio al menudeo de la venta ilegal de alcohol en un espacio público, y el descontrol sin sentido. No hay ningún cartel en el lugar que sugiera a los visitantes sobre el uso respetuoso de los artefactos musicales, como tampoco los empleados municipales tienen ninguna indicación de darle prioridad al descanso y al respeto, antes que al descontrol.
Un combo que habitualmente termina en desgracia, más vale prevenir que curar.
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