Cada vez son más los alumnos de escuelas públicas que dejaron de usar el tradicional guardapolvo blanco y llevan uniformes. La tendencia es mayor en las escuelas secundarias pero poco a poco en los ciclos iniciales están adoptando esta nueva presentación, que genera polémica entre los padres.
La muerte del guardapolvo blanco en las escuelas públicas de San Juan
Desde el Ministerio de Educación han notado que cada vez es más frecuente el uso de uniforme, pero al mismo tiempo recalcaron que esta determinación debe ser aprobada por ellos y que aunque esté aprobada, siempre se debe dejar abierta la posibilidad para que aquellos que no puedan comprar la chaqueta y el pantalón estén autorizados a llevar el típico guardapolvo blanco, ícono de la educación pública y gratuita.
Escuelas tradicionales como el Nacional, el Liceo, la San Martín, se han inclinado por el uso de uniformes.
Las decisiones relacionadas con la presentación del alumno se toman mediante los acuerdos de convivencia, definidos en conjunto entre padres, directivos y estudiantes. "Cada escuela tiene su acuerdo de convivencia, en el cual se establece cómo deben ir los alumnos. Se determinan reglas. Todos los acuerdos deben ser aprobados por el Ministerio de Educación y no se puede derogar el uso del guardapolvo”, explicó Marcela Magrini, directora de área del Ministerio.
La funcionaria dijo que de las 130 escuelas que están bajo su órbita, 85 tienen que presentar los acuerdos de convivencia nuevos ya que no los actualizan desde el 2008.
Para Magrini este desplazamiento del guardapolvo tiene que ver con una forma de identificación de los alumnos que asisten a una escuela determinada. "El adolescente busca toda forma de identificación, de mostrar cuál es su círculo de pertenencia. Por un lado es bueno, justamente por este querer mostrar un sentido de identidad. De igual modo este sentirse parte no debe desplazar de ningún modo el uso del guardapolvo para aquellos padres que no pueden adquirir el uniforme elegido”, añadió.
La diferencia de precios entre el uniforme y el guardapolvo es muy grande. Mientras que comprar un pantalón, una chaqueta, un cárdigan o buzo supera los $1.500, el guardapolvo se consigue por menos de $500.
En cuanto a la venta de uniformes en escuelas de gestión estatal, Magrini indicó que está terminantemente prohibido que los mismos establecimientos los comercialicen, la venta debe realizarse exclusivamente en locales.
Historia del uso del guardapolvo
Algunos creen que el impulsor del uso del guardapolvo blanco fue Domingo Faustino Sarmiento. Es que su actuación promoviendo aquello de "educar al soberano" resultó importante a fines del siglo XIX, cuando el analfabetismo tenía cifras importantes y era fundamental que los chicos fueran a la escuela. Pero no fue él quien sugirió eso. Es más: la ley 1420 disponiendo la educación laica, gratuita y obligatoria, que fue promulgada el 8 de julio de 1884, durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca, prohibía el uso de uniformes escolares. Eso tuvo vigencia hasta 1919.
Otros atribuyen el tema a la gestión de Pablo Antonio Pizzurno quien, junto con sus hermanos Juan Tomás y Carlos Higinio, fue un educador importante en aquellos tiempos. Pablo Pizzurno murió en 1940. Lo que se sabe es que para abril de 1913, en una circular del Consejo Nacional de Educación, no se hablaba de usar guardapolvo sino que se mencionaba que los alumnos debían vestir "trajes sencillos". Recién a fines de 1915, en otra circular, se recomienda que el personal docente de la Capital Federal utilizara "delantales blancos". Creen que eso surgió por una sugerencia que había hecho en algún momento el doctor Genaro Sisto (1870/1923), un prestigioso médico higienista. De todas maneras, dicen que él no había sugerido color.
Entre los historiadores también se menciona otro hecho ocurrido en 1915. En el invierno de ese año, cuentan que una maestra de la escuela "Cornelia Pizarro" (aún está en la calle Peña, entre Agüero y Laprida) propuso que, para evitar visibles diferencias en la vestimenta de los chicos, todos llevaran un guardapolvo sobre la ropa. La maestra se llamaba Matilde Filgueiras de Díaz. Dicen que el tema se planteó entre los docentes y los padres y fue aprobado. Inclusive afirman que ella compró tela blanca, porque era la más económica, e instruyó a las madres sobre el modelo a realizar. Claro que el tema también provocó que algunos se opusieran y hasta consiguieron que un inspector se acercara al lugar. Pero el inspector lo aprobó.
De todas formas la aprobación oficial recién se concretó el 1 de noviembre de 1919, en la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. Claro que el debate para su aplicación llevaba un tiempo, porque desde julio de 1916 otro gran médico porteño, el doctor Genaro Giacobini (1889/1954), ya había pensado en el guardapolvo blanco. Giacobini, concejal y benefactor de los barrios del Sur de la Ciudad, había pedido que se otorgara una subvención mensual para el Consejo Escolar 19 (Parque Patricios y Pompeya) destinada a alimentos, útiles y ropa para los escolares. Y ahí mencionaba el guardapolvo.
El tema se trató en 1917 en el Consejo Nacional de Educación y en 1919 se aprobó la recomendación de usar guardapolvo blanco considerándolo "uniforme característico del traje escolar". También, como lo había pedido Giacobini, se aprobó el aporte para comprar textos y útiles escolares. Recién 23 años más tarde (fue en 1942) el uso del guardapolvo blanco se convirtió en obligatorio.