Cada cierto tiempo en los portales de la provincia se pudo ver que hubo "bautismos presidenciales”, cuando el Presidente se convierte en padrino del séptimo hijo varón o la séptima hija mujer de una familia. Lo que muchos no saben es la historia detrás de esta costumbre, que se empezó a poner en práctica en 1907 y fue convertida en ley en 1968 por Isabel Perón.
Las razones “de terror” detrás del padrinazgo presidencial
A pesar de que la tradición en la actualidad tiene que ver más con lo pintoresco o con ayudar a los papás, la costumbre tiene un origen llamativo.
Esta costumbre comenzó luego de que inmigrantes le pidieran al presidente Miguel Figueroa Alcorta, en los inicios del Siglo XX, que se convirtiera en el padrino de su hijo, ya que de esta manera el pequeño no se convertiría en lobizón u hombre lobo.
Este fue el primer caso, pero la costumbre se volvió cada vez más popular, ya que las autoridades nacionales decidieron promover estos bautismos para que los padres de los niños, víctimas de la superstición, no abandonara a sus hijos por miedo a que al llegar a adultos se convirtieran en hombre lobo o bruja.
Allí comienza la tradición que además le otorga al ahijado una beca asistencial para contribuir con su educación y alimentación. El 28 de septiembre de 1974 María Estela Martínez de Perón convierte esta tradición en ley.
Hace algunos años la tradición, ya convertida en un acto social donde el objetivo es ayudar a la familia y alejada de su origen terrorífico, se extendió a las hijas mujeres por decisión de la Presidenta Cristina de Kirchner. Hubo incluso proyectos para hacer desaparecer esta ley, pero la costumbre está muy arraigada en todo el territorio nacional.
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