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sábado 11 de abril de 2026

¿Te animás a contar la tuya?

Los "reservados" de los boliches, en extinción pero llenos de historias

Eran los espacios destinados en las discotecas para que las parejas entablaran charlas más íntimas y cariñosas. Esta nota reúne algunas anécdotas de sanjuaninos que alguna vez le dieron uso a ese casi público "nidito de amor".
Por Redacción Tiempo de San Juan
Los "reservados" de los boliches fueron grandes protagonistas de la noche sanjuanina y ahora -lamentablemente para muchos, por la función que cumplían- están en extinción. Si tenés más de 30 años sabés muy bien de qué te estamos hablando. Eran esos espacios con luz baja, o bastantes oscuros, y sillones cómodos en los que las parejas intimaban con más confianza, sin sentirse observadas.

Actualmente son pocos los que se pueden encontrar en la oferta bolichera. Tal vez sobran los dedos de una mano para nombrar los boliches que aún cuentan con reservados en donde muchos matrimonios de hoy iniciaron su relación, en donde alguno que otro robó su primer beso o en donde la infidelidad se hizo presente entre penumbras.
Son incalculables la cantidad de historias que encierran, Tiempo de San Juan juntó algunas, preservando el nombres de sus protagonistas, como homenaje a estos entrañables "niditos de amor.

Belleza en la oscuridad

J. M. en el mítico Rogelio: "Había salido con mis amigos, pero como estaba bastante cansado me fui a sentar a uno de los sillones del reservado. La cosa es que al poco tiempo de estar ahí vino una chica y se sentó a mi lado. Ella me dijo que también estaba cansada y así nos pusimos a hablar. La cuestión que después de un rato fui a comprar unos tragos y volví para seguir charlando con ella. Se reía mucho, pegamos onda y la cuestión es que empezaron los besos. Estuvo tan bien el momento que quedamos en juntarnos al día siguiente en una plaza en La Bebida. Hasta allá fui, después de pedirle a un amigo que me prestara el auto. Llegué y me puse a esperar a que llegara. Ahí nomás apareció una chica, bastante fea, con el pelo sucio y desarreglado. Nunca imaginé que era con la que había estado la noche anterior. Era muy fea, pero cuando la escuché hablar y reírse estaba clarísimo que era ella. La oscuridad del reservado de Rogelio me traicionó”.

Un indeseado aliento

L. P. en Gizeh: "Creo que era la fiesta de la espuma o algo así y saqué a bailar una flaca que estaba muy buena. Estuvimos bailando un rato largo y en un momento tomé coraje y la invité a ir a sentarnos al reservado. Era todo un tema porque en esos tiempos ir al reservado era todo un triunfo para la autoestima de los chicos y no estaba del todo bien visto que una chica, que no estuviera con su novio, lo hiciera. La cuestión es que la chica me dijo que sí y nos mandamos. Seguimos hablando un rato y cuando me animé a tirarle un beso no podía creer el feo aliento que tenía. No sé qué había comido esa flaca, pero era horrible el aliento que tenía y no me animé a besarla más, y mirá que estaba buenísima. No me acuerdo qué excusa me inventé y me fui”.

Las calladitas son las peores

M. S. en Mankewe. "Yo estaba conociendo a un chico y al final quedamos de encontrarnos en Mankewe porque ahí era donde generalmente iba cada uno con sus grupos de amigos. Bailamos un rato, se notaba que entre los dos pasaba algo y cuando me dijo de ir al reservado le dije que sí. Estaba todo bien, yo en mi interior esperando a que él se animara a darme un beso, y justo cuando estábamos en eso veo que una compañera mía de la secundaria estaba sentada con un chico un poco más allá. Esa chica era recallada y cuando la invitábamos a salir decía que no porque a su novio, que vivía en otro lugar, no le gustaba. El tema es que me quedé mirándola cómo transaba a full con un chico que no era su novio. En ese momento se me borró todo el romanticismo con el chico que estaba yo y me fui a contarles a mis amigas lo que había visto. Mi compañera, la supuestamente calladita y ubicada, se quedó mucho más tiempo ahí”.



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