ver más

sábado 4 de abril de 2026

Plan nacional

Aprender a leer de adultos: el paso de la oscuridad a la luz

En Sarmiento, 90 personas adultas fueron alfabetizadas gracias al programa Yo sí puedo, creado por un cubano. Esta es la historia de Miguel y su esposa Mabel, que cuentan cómo les cambió la vida y les devolvió la confianza en sí mismos.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Viviana Pastor

¿Puede haber algo más triste que perder un hijo recién nacido? Sí, la convicción de que en el hospital les mintieron, que la bebé fue robada. Pero puede ser aún peor, que sus padres piensen que eso les pasó por "ser pobres y no saber leer”.

Esta es la historia de Miguel Calleja (65 años) y su esposa Mabel Chavez (57) viven en una casa de adobe en Colonia Fiscal, Sarmiento. En la cocina comedor sólo se destaca una ventana que da al Sur con una cortina de flores y vaquitas de San Antonio de colores intensos. Y en el medio de la sala, una súper pantalla de televisión. Para ellos no es un lujo, es parte de la tecnología que les enseñó las primeras letras y que en menos de un año les permitió aprender a leer y escribir. 

Ellos son parte de los 90 adultos en el departamento, y de los 257 en toda la provincia, que se alfabetizaron con el programa Yo sí puedo, que puso en marcha el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Rurales (RENATEA). Se trata de un sistema cubano para enseñar a leer y escribir sin maestros presentes, sólo se necesita un asistente. A fines de 2015 se graduaron los primeros alfabetizados con este sistema en el departamento. Toda gente adulta que nunca había ido a la escuela.

Miguel contó que el año pasado se enteraron del programa porque fueron a invitarlo a participar a su casa. Comenzó en una casa de familia en la Colonia junto a su hijo David y su yerno. Como toda era gente grande, se sintieron cómodos. "Yo no sabía nada, gracias a esto comencé a aprender, a conocer las letras, iba entendiendo muchas cosas, porque uno cuando es analfabeto esta como perdido, es como si uno perdiera la vista porque no sabe a dónde va”, dijo.

"Una vez fui al centro con Mabel y andábamos buscando el sanatorio Mayo, estábamos en la puerta y le pregunto a unos chicos si sabían dónde quedaba y se empezaron a reír. ‘¿No ve que esta el cartel que dice Sanatorio Mayo? ¿No sabe leer?’, me dijeron. Y les contesté: No, no sé leer”, contó.

Después las clases se trasladaron a su casa y entró al programa Mabel. "Yo entendía las letras porque había aprendido de los nietos, pero no sabía juntarlas. Yo tampoco fui a la escuela, mis padres andaban de allá para acá sin casa fija. Y cuando me casé me puse a criar niños nomas, tuve 6 hijos”, relató ella.

Miguel dijo que ahora pueden entender cosas que antes no entendían y tienen la confianza suficiente para manejarse solos en la vida. "Si ahora tengo que sacar un documento en el centro puedo ir solo. Saber leer me cambió muchas cosas, la confianza en uno mismo, el respeto, las lecturas enseñan eso. Yo estoy contento porque puedo leer la Biblia de corrido antes agarraba el libro y no sabía que decía. Por eso estamos tan agradecidos al Gobierno, a Renatea, al Municipio por esta oportunidad. Me gustaría que esto siga para que terminemos bien nuestros estudios para que nadie nos diga ‘sos un analfabeto’ y se rían de uno”, dijo el hombre.  

Las clases se pasaban entre aprendizaje, mates y semitas. "Éramos una gran familia y los extraño. Por ahí digo ‘nos han abandonado’, pero es por la costumbre de tenerlos en la casa a los compañeros y maestros”, largó entre risas Calleja.

El Programa 

Mariela Pastén es alfabetizadora en Sarmiento. Ella trabaja en el municipio y también tiene a cargo la oficina Emicar en el departamento. Hasta allí llegaba mucha gente que quería el carnet de conducir pero que no sabía leer ni escribir, motivo por el cual no podían rendir y obtener el cartón. Ella empezó a armar una lista con toda esta gente y habló con la empresa para ver si se podía hacer algo. La respuesta era la esperada: tienen que saber leer. Mariela buscó ayuda en el Ministerio de Educación, recibieron el guante y destinaron docentes para ese grupo de adultos. Este plan no prosperó. 

La gente que trabaja en el campo no tiene horarios fijos, pero los docentes sí, por eso fracasó esta vía y no funcionó con maestras. El año pasado apareció Renatea con esta oportunidad, un programa sin maestros que ya demostró eficacia en Latinoamérica y que es supervisado por los mismos cubanos.  Emicar dijo que podían recibir este certificado, entonces firmaron un convenio con Renatea y comenzó la gran obra.

"Empezamos a dar clases en la casa de los alumnos y en grupos, así se sentían cómodos y en familia. Tomábamos mate, charlábamos de otras cosas, eso facilitó el proceso porque no se sentían cohibidos como en un aula. Las ganas de aprender superaron muchas cosas y ellos nos llevaron al límite de superar eso. Nos sorprendieron todos, empezamos con 5 alumnos y terminamos con 90, gente mayor, jóvenes con hijos, siempre adaptándonos a los horarios de ellos, por el trabajo”, contó Mariela.

Lo ideal es formar grupos de 6 personas con 1 alfabetizador, que son generalmente chicos de los últimos años del secundario, pero a veces hay grupos que no quieren que los separen y quedan más numerosos. Por ejemplo en Cochagual hay un grupo de 15 personas.

El programa terminó con 90 alfabetizados, 10 centros y 20 alfabetizadores. No pudieron hacerlo en diciembre por eso este mes tendrán su acto de egreso y baile, con medalla y diploma incluidos. Cada uno recibirá un certificado de culminación del programa Yo sí puedo. Ahora quieren avanzar sobre la segunda etapa, ‘Vos podés’, que es para alcanzar lectura veloz entre otras cosas.

"Tuvimos muchas cosas emotivas, muchas lágrimas, fue un salto importante para ellos y para nosotros”, confesó Mariela.

Mabel repitió la idea del inicio: "Es muy lindo saber leer, es lo primero que le digo a mis nietos. Yo ahora entiendo todo, pero antes andaba como ciega, no entendía ni qué enfermedades tenía”.

Miguel se paró y escribió su nombre en la pizarra verde con letra clara, casi dibujada. "En algunas reuniones lloramos porque uno afloja… es una historia para nosotros muy bonita… éramos ciegos, ahora vemos las cosas”. 
 
YO SI PUEDO

Desarrollado por la cubana Leonela Relys, "Yo, sí puedo " es un método para la alfabetización de adultos, aplicado en varios países del mundo. Se estima que entre el 2002 y el 2015 se alfabetizaron cerca de 8 millones de personas.

Este programa llegó al país hace 6 años. En él se utilizan medios audiovisuales y un facilitador para transmitir los conocimientos. El facilitador es el vínculo entre la clase audiovisual y el participante, y desempeña una función importante en lo referente al trabajo con la parte afectiva del alumno, además de controlar el proceso de aprendizaje. 

El programa consta de tres etapas: adiestramiento, enseñanza de lecto-escritura y consolidación. Todo esto en sólo 65 teleclases, con cartillas y material de trabajo incluido.

"Es ideal para la gente rural que no tuvo alfabetización. No es necesario maestro pero si un acompañante que sepa leer y escribir y les ponga las clases, que además son muy buenas”, contó Mariela.
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar