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sábado 4 de abril de 2026

PERSONAJES: ROLANZO LOZANO

El abogado que acelera a fondo

En 2013 el periodista Gustavo Martínez Puga reveló el otro costado de Rolando Lozano: aparte de abogado es un amante del automovilismo tierrero. Leé la nota completa acá.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Es considerado uno de los top del fuero penal, fue protagonista en la histórica renovación judicial y está en las causas de mayor impacto. Pero nunca se olvidó del barrio Santo Domingo y en la última década empezó a correr en auto, una pasión que heredó de su padre y transmitió a su hijo.
Por Gustavo Martínez Puga 
 
 
A simple vista parece manso. Es de pocas palabras. Y muy serio. Pero basta con escarbar un poco en su vida para descubrir que Rolando Lozano, uno de los abogados más prestigioso del fuero penal local, anda a mil por la vida. Es que siempre aparece en las causas de mayor impacto social, con clientes como el abogado Santiago Graffigna, del mega escándalo de las expropiaciones, hasta Luciana Abregú, la joven hipoacúsica sospechada de asesinar a su padre. A esto se agrega que, a diario, se cruza el mostrador y pasa de ser abogado litigante a seleccionar candidatos a jueces, como integrante del Consejo de la Magistratura. Pero por  otro lado, es un activo trabajador comunitario en el barrio Santo Domingo, en su Chimbas natal, y también se las arregla para que la sangre no se le apacigüe los fines de semana, cuando se saca el saco y la corbata y se sube a su cupé Fiat 125 para acelerar a fondo por las circuitos del automovilismo tierrero.
 
Golpes de la vida

Siendo muy chico, a los 14 años, perdió a su padre, quien falleció de cáncer. Pero eso no lo amedrentó. Y fue el primero en su familia en recibirse de Abogado. Nunca pensó que iba a terminar dejando huella en el fuero penal, donde está entre los abogados más top del fuero local.

"Siempre me apasionó el Derecho Penal, pero fue la misma profesión la que me fue llevando a esa rama, no fue algo que yo tuviera previsto”, dice. Y no tiene problema en revelar cuál fue el secreto para transformarse en uno de los abogados del momento: "Creo que fue por mi esfuerzo personal, siempre le dediqué muchas horas al trabajo, y hay que tener mucha honestidad. Y también por los planteos innovadores. Así fue como fui haciendo carrera y haciendo mi clientela”.

Antes de dar la nota, Lozano aclaró que no habla de las causas con final abierto. Pero se refiere a la de las expropiaciones como "una causa con mucho esfuerzo humano, por la cantidad de aristas que tiene. Junto con la de la AFIP –el escándalo de las usinas de facturas truchas, donde defendió a una contadora- son de las causas más complejas que tuve”.

Lozano se fue haciendo camino solo, ya que no heredó ningún estudio jurídico ni ningún apellido vinculado a la abogacía. Sin embargo, por su desempeño, junto a Fernando Rahmé Quattropani fueron los dos abogados en representación del Foro que integran el Consejo de la Magistratura, donde se seleccionan los candidatos para ser jueces.

Abogados y jueces

 "Mi opinión es que este recambio generacional que se está dando en la justicia local –por la puerta que abrió la jubilación masiva de los jueces con el 82 % móvil de sus salarios- es muy positivo. Se está empezando a ver buenos resultados”, comentó.

Y también opinó sobre el trabajo de los jueces penales: "Un juez de instrucción no debería estar en el cargo más de 10 años. Siempre digo que tendría que haber ese tiempo determinado, porque estar en esa trinchera es demoledor”. 

Por su experiencia de 16 años litigando en el fuero penal, Lozano opina que "al fuero le falta que pongan a funcionar la Cámara de Apelaciones, para que haya un tribunal abocado a ese tipo de situaciones. Eso descomprimiría a las tres salas que hay, donde se harían sólo juicios, y daría una respuesta en tiempo razonable a las personas que están privadas de su libertad y recurren en apelación ante la cámara. Hoy se están demorando, en promedio, de 3 a 7 meses, y eso es excesivo para alguien que está preso”.

Justamente esa es la principal crítica que Lozano hace a la actual Corte de Justicia. A lo que le agrega que "lo otro que falta es que nombren el personal faltante en los juzgados, sobre todo en los que están de turno: por ejemplo, en el último turno, el Cuarto de Instrucción tuvo sólo a cuatro personas para atender a 2.500 causas que ingresaron; donde hubo 180 detenidos, lo que da un promedio de 6 detenidos diario. ¿Cómo hacés con cuatro personas? Es imposible”.

En estos 16 años que lleva como abogado litigante, Lozano dice que la cantidad de litigantes se duplicó. Igual dice que "todavía San Juan no es la selva que son otros lugares del país. Acá se mantuvieron los valores, las normas de convivencia. Yo nunca tuve una discusión personal con un colega”.

Lozano se anima a decir cuál es la diferencia entre un abogado penalista común y corriente y uno prestigioso: "Hay quienes priorizan los económico y no dedican el tiempo que requiere el desarrollo de conceptos que pueden llevar a recurrir un fallo a una instancia extraordinaria, ya sea ante la Corte local o ante instancias superiores. Eso requiere de una formación personal y de años de estudio”.

Causas impactantes

En todos estos años, Lozano se fue forjando un camino que lo llevaron a ser uno de los abogados penalistas que más respetan sus pares y los mismos jueces. Así logró ubicarse entre los pocos abogados que están en la mayoría de los casos penales de mayor impacto social: defiende a Santiago Graffigna en las expropiaciones contra el Estado; al odontólogo Minin en el estafa del millón de dólares a la Caja MOB; al ex director del Penal, Nicolás Manrique, en causas de lesa humanidad por el último golpe militar. Pero uno de los hechos que más le impactó como abogado es el de Luciana Abregú, la joven hipoacúsica que mató a su padre. "Es algo personal que me marcó muchísimo”, se limita a decir, porque prefiere no hablar hasta que el caso no esté cerrado. Falta que una jueza decida si es o no inimputable.

El barrio y los fierros

Ser el abogado de estos casos lo llevaron a estar en todos los medios de comunicación. Y le dio trascendencia social. Sin embargo, su vida sigue siendo la misma. Nunca le interesó trabajar en política "porque en este momento no tengo el tiempo para hacerlo”, precisa. Pero sí se hace lugar para trabajar por el barrio que lo vio crecer, el Santo Domingo, en Chimbas.

"Estoy en la intervención de la unión vecinal. Siempre me hago un lugar para colaborar por el barrio y tienen las puertas abiertas todo el que quiera hacer algo. Crecí allí y siempre le estaré agradecido al barrio”, cuenta.
Lozano perdió a su padre muy joven, cuando él tenía 14 años y su padre 42, por un cáncer fulminante. "De él heredé la pasión por los fierros. Él era mecánico en una empresa y siempre andaba con sus herramientas. No se perdía carrera de la Fórmula Uno. Todavía tengo gravado en la mente cómo se le corrían las lágrimas cuando veía perder a Reutemann por quedarse sin combustible”.

Con el paso de los años, en el 2003 Lozano se encontró mano a mano con su primer auto de carreras, una cupé Fiat 125: "Esa estaba maldita, porque nunca pude ganar nada. Ahora tengo otra y con ésta llegué a ganar el Safari tras las Sierras de Valle Fértil en el 2007. Me encanta esa carrera, aunque es muy difícil de correrla por las dificultades que ofrece. Varias veces gané el día sábado pero después no la pude terminar el domingo”.

Gracias a esa pasión por las carreras que está seguro haber heredado de su padre, ahora la vida le dio a Lozano otra alegría: su hijo mayor, Nicolás, de 11 años, le sigue sus pasos, tal como él hizo con su padre: "Desde que tenía pañales me acompaña en las carreras. Está toda la semana pendiente del auto, de dónde vamos a ir a correr, del acompañante. Es una locura que tiene con el automovilismo. Él me contagia esa energía”, cuenta, con inocultable orgullo.

Sin embargo, él espera para sus hijos los mismos valores con los que se crió: "Me gustaría que mis hijos se críen como hombres de bien y con ganas de trabajar. Es todo lo que pido”.

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