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lunes 13 de abril de 2026

Aguante musical

El día que la Villa San Damián fue ‘Monalandia’

Más de 100 fanáticos de la ‘Mona’ Jiménez de todo el país se reunieron en la casa de Vanina y Ian y compartieron una jornada inolvidable con el cuartetazo al palo. Por Jorge Balmaceda Bucci.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Jorge Balmaceda Bucci

Todo tenía el color, el sabor, el olor, el ritmo y el sentimiento que identifica a Carlos ‘La Mona’ Jiménez. La Villa San Damián, más precisamente la casa de Vanina Romero y Ian Platero se convirtió el 16 de abril, con innegable exclusividad, en la capital mundial de la pasión monera. Más de 100 fanáticos llegados de diferentes puntos de la geografía nacional se convocaron para disfrutar, coincidiendo con la presentación del cuartetero cordobés en la provincia, de una jornada de tributo, compañerismo y fidelidad incondicional.

Algunos, como los tucumanos y los santiagueños, se personaron después de viajar en colectivo 14 y 16 horas, respectivamente. Otros unieron sus lugares de residencia y San Juan en coches particulares e incluso hubo alguno que, en un plan más gasolero y no menos arriesgado, optó por la generosidad que habita en el famoso ‘haciendo dedo’ para llegar. Pero todo ese sacrificado preludio quedó reducido a migajas cuando en el hogar alojado en la calle Juan José Paso, de la villa rawsina, fueron confundiéndose en abrazos con el resto de ‘profesantes moneros’.

Hombres, mujeres, pibes y menos pibes respondieron gustosos a la invitación de Vanina y Ian, madre e hijo que gustosamente ejercieron de anfitriones dando un techo para descansar, una mesa para comer y dos parlantes musicalizados –obviamente- con la interminable discografía de su dios cordobés.

"Soy Jiménez, soy Jiménez, soy… Jiménez yo soy” fue el canto guerrero que más se repitió bajo tonadas cordobesa, catamarqueña, puntana, santiagueña, mendocina, sanjuanina y otras más. Y, como no podía ser de otra manera, las banderas y los tatuajes reafirmaron aún más –por si aparecía en el paisaje algún despistado- que los moneros habían copado la parada –ejercieron de invasores, en otras palabras- en tierras ‘damianenses’.
También dijeron presente los refrescantes brindis, disparadores de anécdotas de otros encuentros de esta índole y, también, los mejores compañeros de viaje para el asado, el pollo a la cerveza y la ‘abeja africana’ –una salsa compuesta por tomate, orégano, ají y otras hierbas-que alimentó a los presentes. El broche final del día se trasladó en horario nocturno al predio de Voodoo, donde cantó ‘La Mona’, pero no habrá quien se atreva a negar que ese día la Villa San Damián disfrutó la alegría de ser ‘Monalandia’.

Padre e hijo ‘moneros’  
Norberto Correa conocía a la ‘Mona’ Jiménez como cualquier argentino, pero muy lejos estaba de subirse al carro del fanatismo. Así fue su vida hasta que a Franco, su único hijo, le picó el ‘bichito monero’  y desde entonces ambos comparten cuanto concierto del cantante cordobés esté a su alcance. "Me contagió esta enfermedad (risas) y la verdad que lo pasamos muy bien juntos compartiendo con amigos de todo el país”, comentó Norberto abrazo a Franco bajo una bandera monera.

La jarra viajera
Unos de los pibes moneros compraron una jarra con la imagen de su ídolo en el último concierto que éste ofreció en el Luna Park, en octubre del año pasado, y su intención en pasearla, a modo de objeto sagrado, por todas las provincias en las que ‘La Mona’ Jiménez presente sus shows hasta el próximo 10 de junio, cuando vuelva a cantar en el Luna Park. De esta manera, la casa de la Villa San Damián se convirtió en distinguida anfitriona de un jarro que fue pasando de mano en mano, de brindis y brindis, durante la divertida jornada.

Señas identificativas 
Miles de datos curiosos se desprenden del ambiente monero. Uno de ellos es el de las señas identificativas que realizan los devotos de ‘La Mona’ para reflejar de qué provincia proceden. Al igual que sucede para identificar a los barrios cordobeses en los conciertos que tienen lugar en La Docta, los distritos provinciales cuentan con su señas: los tucumanos forman una ‘T’ con sus manos (como muestra Sandra en la foto), los catamarqueños hacen la ‘C’, los riojanos cruzan el dedo mayor sobre el índice y los sanjuaninos levantan el brazo derecho sobre la cabeza.
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