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domingo 5 de abril de 2026

CASOS QUE CONMOCIONARION A SAN JUAN

En honor a la Difuntita

Han pasado veinticuatro años desde la primera “Cabalgata de Fe a la Difunta Correa”. El sábado 28 y domingo 30 de abril de 1990, ciento cincuenta personas salían por primera vez hacia uno de los santuarios más populares de la argentina. Hoy, más de 40 mil personas se apropiaron de aquel legado, y lo continúan trasmitiendo. Por Michel Zeghaib.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Michel Zeghaib
Tiempo de San Juan

La peregrinación partió de las intersecciones de Av. Guillermo Rawson e Ignacio de la Roza para dirigirse hacia Vallecito, lugar en el que se asienta, desde la segunda mitad del siglo XIX, el lugar de devoción popular más visitado de América del Sur. La caravana de jinetes, a caballo o en sulkys,  partió al mediodía, encabezada por el abanderado de la Federación Gaucha de San Juan, organización que pergeñó el evento. 

Llegada la noche, armaron campamento en las instalaciones de Vialidad Provincial del Departamento de Caucete. No faltaron las típicas tonadas, las payadas y los cogollos, en medio de una comida popular, compartida fraternalmente. En simultáneo, algunos jinetes arreglaban sus cabalgadoras, mientras otros se recostaban sobre una manta tendida en el suelo, para descansar. La camaradería fue el sello que acompañó a aquella travesía desde sus inicios. Quizá, mucho tenía que ver el trasfondo espiritual que tenía. Al espíritu de hermandad, se sumaba la fe en una mujer, una paisana, considerada poderosa y milagrosa por muchas personas.

En la madrugada del día siguiente, apenas el febo anunciaba su presencia, los participantes reanudaron la marcha hasta Vallecito, para rendirle el debido homenaje. 

La Difunta Correa es la historia de un milagro que sucedió en el siglo XIX, en la provincia de San Juan. Esta historia, llena de decidores significados, forma parte de la cultura popular, social y religiosa de los sanjuaninos. Cultura que no se ha quedado en el terruño, sino que también ha echado raíces a lo largo de la argentina y de países vecinos. Cuenta la historia que Deolinda Correa emprendió su travesía por el desierto en busca de Baudilio Bustos donde, finalmente, entregó su vida por amor a su esposo. Cada año, miles de personas conmemoran su entrega realizando la misma travesía hacia el santuario.

Si bien es cierto que no se han encontrado aun documentos que acrediten su existencia, motivo por el cual la Iglesia Católica se resiste a declararla santa –cuando para la gente que cree en ella, ya lo es–  igual debería considerar –la Iglesia, me refiero– la posibilidad de que es imposible que tanta gente –y se cuentan por millares– crean en algo que carezca de verosimilitud. La Difunta Correa es parte esencial del patrimonio cultural del pueblo sanjuanino. No se ha reducido sólo a las manifestaciones exteriores y materiales de quienes creen en ella. Deolinda forma parte también del patrimonio cultural inmaterial, interior, religioso y simbólico del mismo.

También, es importante considerar que la Difunta Correa fue una paisana de su época, casada con un  gaucho llamado Baudilio Bustos. Y si hay algo que caracterizó a este gaucho, fue la fe. Baudilio fue un hombre de fe. Ser gaucho era una forma de ser, una filosofía de vida marcada por los valores de la solidaridad, la lealtad, la hospitalidad y la valentía. En el gaucho se ven reflejados los valores tradicionales de la sociedad, compuesta de lugares, historias y experiencias de vida. 

El escritor argentino Leopoldo Lugones (en su obra literaria El payador) reconoció al gaucho su calidad de genuino representante del país, emblema de la argentinidad. También, el filósofo argentino Carlos Astrada (en su libro El mito Gaucho) exaltó los valores de respeto a la tierra, a la familia y al grupo humano en el que vive el gaucho. Esa cultura, sostenida por estos valores –incluso el valor de la libertad, y su consecuencia lógica: la soledad– se levantan como características del ser nacional. Recuerde Ud. Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes. En él, se levanta el hombre de honor y respeto al prójimo, que enseña a tratar con la naturaleza y respetarla. 

La "Cabalgata de Fe a la Difunta Correa” busca recuperar todos estos valores, en una época en donde muchos buscan las luces de otros horizontes, olvidando sus propias raíces y su sangre. Para centenares de miles de personas, es necesario recuperar la dignidad, la ética, la moral y el respeto que legó Deolinda Correa; como valores esenciales para la construcción del ser argentino.

Fuentes:
Diario de Cuyo, abril y mayo de 1990
El Viñatero, abril y mayo de 1990

¿Quienes participaron de la primera cabalgata?
Aquella primera vez hubo de San Juan, San Luis y Mendoza. Hoy, ha trascendido los límites de la provincia y el país. 

Estuvieron, además de la Federación Gaucha de San Juan, el Centro Tradicionalista de Godoy Cruz, el Club Paso de los Andes y la Federación Gaucha de Mendoza. También Los Gauchos de José Dolores, los Troperos de Santa Lucía y la Unión Vecinal Bandera Argentina, entre otras.

Comenzaba, así, una larga historia de encuentros y tradiciones que hasta el día de hoy continúa.

La época en la que vivió Deolinda
Todos los hechos que narra la historia de la Difunta Correa, acontecieron en el marco de los primeros años de la sangrienta década de 1840 en la Provincia de San Juan. Fueron los años 1841 y 1842, incluso, hasta 1845. En ellos, se sucedieron una serie de enfrentamientos e interminables y feroces pugnas políticas y económicas –llamada Guerra Civil Argentina–, teñida de extrema violencia, infidelidades, odios y muertes. En medio de aquella guerra civil, vivió una mujer que se llamó Deolinda Correa. 

Morir de sed o de agotamiento en el desierto andino ha sido –como fue el caso de la Difunta Correa– el destino de numerosos hombres y mujeres sanjuaninos en el siglo XIX. Aunque, es verdad también, muchos de ellos pudieron sobrevivir a esa devastadora experiencia.
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