Por Viviana Pastor
Murió el hombre que puso a Ischigualasto en el mapa nacional
Llegó por primera vez al Valle de la Luna en 1964 pero volvió muchas más. Eligió El Hongo y lo puso en la tapa de uno de sus libros más vendidos. Era periodista emérito del mundo tuerca y uno de los que más conocía el país. Su palabra era sagrada en varios ámbitos.
Dicen que en 1964 llegó por primera vez a Ischigualasto, pero fue recién en marzo de 1967 cuando el periodista Federico Kirbus, junto al fotógrafo Antonio Legarreta, publicó un artículo en el diario La Prensa que se tituló "Riqueza y belleza natural del Valle de la Luna”. Fue a partir de esa nota que el país comenzó a conocer y hablar de este extraordinario lugar, hoy conocido en todo el mundo.
Kirbus falleció el pasado 12 de diciembre, a los 84 años, pero dejó un invaluable aporte al turismo en San Juan y varios amigos que lo siguen recordando como el aventurero que se pasó la vida viajando. Fue íntimo de Juan Manuel Fangio y de Dante Panzeri, entre otros grandes.
En su libro "Argentina, País de maravillas”, eligió una fotografía de la formación El Hongo del Valle de la Luna, y la puso en la tapa. Este fue uno de los libros de Kirbus más vendidos, entre otros 25 que publicó.
"Él decía que San Juan era una de las provincias con más riqueza geográfica del país, con gran diversidad aun en las zonas semidesérticas. Su último viaje a la provincia fue en el 2007, lo hizo para conocer en Tocota un lugar que encontró Pebi Zimmerman; yo le hice de guía en la pampa El Leoncito, donde sus amigos de la peña 5 x 5 probaron los carros a vela”, contó Jaime De Lara, quien compartió varios viajes con Don Federico.
"Tenía un aprecio especial por Zimmerman, quien se tomaba el trabajo de mandarle los recorridos dibujados para que llegara a lugares especiales. Era un hombre muy comunicativo y simpático, vivía gozando de lo que hacía y siempre tenía en cuenta en sus escritos a las personas que le permitieron conocer los lugares”, contó el Gringo.
Nacido en Avellaneda, en 1931, se fue con sus padres a Alemania cuando era chico pero volvieron cuando se desató la Segunda Guerra Mundial. "Federico, como muchos chicos, ‘trabajó’ como mensajero llevando datos entre los puestos militares, ya que no era común que apresaran a los niños. Así forjó el carácter aventurero y duro que lo caracterizó”, contó Néstor Saavedra en uno de los artículos publicados después de la muerte de Kirbus.
Volvió al país en 1948 y en el ’49 empezó a escribir en la revista Velocidad, su pasión eran los motores. Fue reportero de El Gráfico, La Prensa, La Nación, Clarín, Argentinisches Tageblatt, Road & Track y Car and Driver. Hasta su muerte colaboró con Automóvil Revue, de Suiza. Después intercambiaba las crónicas de autos y las de turismo, recorrió así cada kilómetro de ruta e incluso hizo caminos donde no existían.
La duna más alta del mundo, de 1.230 metros, en Fiambalá, Catamarca, lleva su nombre y en La Rioja el cerro Sargento Kirbus fue bautizado así en su honor.
"En 1976 vino a conocer nuestras guanaqueras. Hizo contacto conmigo a través de otra periodista, Helena Goñi, y coordinamos un viaje. Cruzamos el Tontal con nuestras guanaqueras y las 4 x 4 de sus amigos, una peña a la que le pusieron 5 x 5, según me dijo sonriendo ‘porque es más que 4 x 4’. Desde ahí nos hicimos amigos e hicimos varios viajes. Fuimos a Catamarca con su esposa Marlú, su compañera de toda la vida, hicimos muchos kilómetros mientras él hacía el road test de la rural Fiat Weekend. Kirbus llenaba dos planillas, una para la fábrica y otra para el departamento de publicidad. Escribió durante toda su vida artículos promocionando a la Argentina y la puso bien en alto como uno de los países más hermosos del mundo”, recordó De Lara.
Saavedra publicó que Kirbus murió convencido de que había muerto dos años atrás, cuando falleció su esposa Marlú.
En el 2014 se creó un grupo en Facebook que propone que la Ruta 40 se llame Federico Kirbus, quien además de conocerla como la palma de su mano escribió varios libros que tienen a esta ruta como protagonista.
Medio siglo de Guanaqueras
"… Desarrollaron un tipo de vehículo sui generis. Todo elemento que se podía estaba en redundancia, los motores potentes, y el peso reducidísimo: techo de toldo, por capot una lona, butacas de Citroën 2CV, y así por el estilo. En suma: tiro de llanta máximo (torque) con peso mínimo. La fórmula ideal para trepar.
Con las Guanaqueras realizamos algunas excursiones atrevidas. La más audaz seguro fue el Cerro Traviesa en 1998, por la cresta del Tontal. Sin huellas y con nubes amenazantes que, si se cerraban, nos dejaban varados a cuatro mil metros sin escape posible.
Y guarda por dónde se circulaba, porque si uno se apartaba de la cumbrera cualquier acarreo de cascajo chupaba el vehículo en forma irremediable…”. (Fragmento de la crónica de Federico Kirbus, 2010).
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