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jueves 23 de abril de 2026

Exclusivo de Tiempo de San Juan

Por primera vez, el Pollo Fernández cuenta las dramáticas últimas horas del Chino

A ocho meses de la tragedia del 25 de enero, en la que muere el ciclista Emanuel Saldaño, el entrenador rompe el silencio. Un relato crudo, en el que contó la verdad de los hechos y las últimas palabras del pedalero mientras era trasladado en la ambulancia. Por Carla Acosta
Por Redacción Tiempo de San Juan
"En ese momento me quería morir, no aceptaba lo que pasaba. Hasta el día de hoy lo que pasó con Emanuel no hay forma que lo pueda digerir". Así de crudo y real comienza el relato de Ernesto "Pollo" Fernández, el sobreviviente del fatal accidente automovilístico que le costó la vida a Emanuel "Chino" Saldaño el 25 de enero de 2014, cuando volvían del Tour de San Luis. Por primera vez, el entrenador habló y dio los más duros detalles de aquella trágica madrugada. Desde el momento que decidieron cambiar de asiento, mientras escuchaban un CD de Karina, hasta las últimas palabras del Chino mientras se dirigían en ambulancia al Hospital Rawson.

-¿Ernesto, cómo está hoy?
-Estoy todavía con la rehabilitación y a todo esto con psicólogo. Estoy bien físicamente, el brazo está en un 70 % recuperado, pero mal en la parte psicológica. Hace un mes perdí a mi padre, pero eso lo mastico y lo acepto porque es la ley de la vida, pero lo del Emanuel no hay forma que lo pueda digerir. Lo vivo con una tristeza y pena muy grande. Estoy pendiente de que mañana o pasado me va a venir a buscar, ya que compartíamos muchas cosas juntos. 
 
-¿Cómo fue que se dio el viaje a San Luis? 
-Nadie dice la verdad. La Selección te la pintan de color de rosas y es mentira. Entonces yo quería ir a hablar con los dirigentes de la Federación que estaban en San Luis y Emanuel quería ir a  comprar unas ruedas y zapatillas, porque en este país no nos da para comprar en dólares y los europeos te los venden a mitad de precio. Yo iba a ir con Emiliano (hijo), pero él y Nico (Naranjo) me pidieron permiso para ir a Mar del Plata. Entonces quedamos con el Chino. El martes, después del entrenamiento, me dice "¿cuándo nos vamos hermano?" y ya el jueves, en una buena palabra, me apuró diciéndome "¿vamos a ir o no?". Al otro día me llamó, porque vivía cerca de casa y entonces me dijo que me está esperando. Termino de tomar un té y lo busqué. Fue un día común, yo manejé hasta el Encón y él manejó hasta San Luis.
 
-¿Qué hicieron allá?
-Nos pusimos a hablar con los equipos y nos hicieron notas porque lo conocían a él y a mí. Yo después hablé con la gente de la Selección, en presencia del Chino, y después fuimos a ver los materiales. Vimos lo moderno que habían traído los europeos. Pero Mingo, el español que vendía las cosas, me dijo que no le quedaba nada. Entonces me dice que me quede hasta el domingo por si alguien no retira el material y queda para nosotros.
 
-¿Y qué pasó que se vinieron?
-De la nada, me dice Emanuel "hermano, ¿no te pinta que nos vamos?" y le digo que como él quiera. Entonces saludamos a los chicos, salimos y me dice (hace un silencio) "vos ya hablaste con los de la selección y ya no hay material, ¿a qué nos vamos a quedar?" Hay otra cosa que pasa en ese momento que no te la puedo decir, se la dije sólo al padre. Después pedimos unos lomos con papas y unas Seven Up. A la chica del lugar le pide un enchufe para cargar el celular ya que se le había quedado sin carga. Tenía frío, se pone mi campera y nos pusimos a comer. Terminamos, pago y nos vinimos.
 
-¿Cómo fue el regreso y cuándo hacen cambio de asiento?
-Venía manejando yo y como a los 40 o 50 kilómetros antes de el Encón me dice "¿hermano, venís bien? Si no manejo yo". Yo le dijo "no, cuando me dé sueño y me canse te digo". Veníamos escuchando un CD del Chaqueño Palavecino y él lo saca para poner uno de Karina. Yo le digo "cómo te gusta sufrir" y me dice en joda "Claro, ¿y a vos no?" Llegamos al Encón, se fue al baño, se lavó la cara y me dice "mira como tengo los ojos hundidos". Después cambiamos de asiento, yo me pongo el cinturón, lo de nunca, y él da la vuelta, guarda un dinero que llevaba dentro de la mochila. 
 
-¿Cómo fue el momento del accidente?
-Él arranca y pone segunda, tercera, cuarta y a los 200 metros, encima del pavimento hay una cubierta. Emanuel da el volantazo a la izquierda y cuando vamos a la izquierda pone derecha para subirla al asfalto. Aparentemente en esa maniobra se desbanda la cubierta de adelante y nos clavamos. Todo es mentira lo que se ha dicho, como que él guardó el celular, el stereo y el cinto. Se nos cruzó una cubierta y listo. Todos decían que el Chino era un loco y que venía fuerte. Es mentira. No era un vehículo de carrera. Yo promedio que el accidente fue a  90 kilómetros por hora.
 
-¿Cómo venía Saldaño?
-Veníamos bien, nos lavábamos la cara en el Encón. Estábamos lúcidos totales los dos, eran las doce de la noche. Haces nueve cuadras, no podes dormirte en nueve cuadras.

-¿Qué recuerda de ese momento?
-Tengo patente hasta cuando se clava la camioneta, después que giramos cinco o seis veces. Cuando se para la camioneta miro por los vidrios de atrás y se ven las luces del control. Me encuentro sin el cinturón, no recuerdo si me lo saqué o se me desprendió. Y en ese momento empiezo "Chino, Chino" y no me contesta. Para mí salió por el parabrisas y yo aparentemente por la ventana. Como puedo, me desplazo hasta donde está él y me dice "la espalda hermano, me duele la espalda". Él estuvo lúcido de las 00.05 hasta las 2 de la mañana que recién fue la ambulancia. E incluso en la ambulancia, mientras iba conmigo, él dio su nombre, edad, teléfono de su casa y esposa. Él se quejaba de que le dolía la espalda y yo le decía que aguantara. La ambulancia demoró una eternidad, 1 hora y 55 minutos para 30 kilómetros.
 
-¿Qué le decía Emanuel en ese momento?
-"No me quiero morir hermano, tengo dos hijos chicos", me decía. También se quejaba del dolor en la espalda y me expresaba que no aguantaba más. Me decía "¿a qué hora mierda viene la ambulancia?". Hubo gente que se ofreció a traerlo pero la policía no lo permitió. Las últimas palabras fueron: "no puedo más hermano, me duele el corazón”. Eso lo tengo tan pero tan grabado. Nunca tuve miedo, porque quien nada debe, nada teme. 

-¿Quién se ofreció a traerlos?
-Atrás llegaba una Fiat, ellos habían salido atrás de nosotros. Ellos nos auxiliaron con la coincidencia de que eran primos hermanos de la señora que vive en el fondo de mi casa. Ellos nos querían traer pero la policía no lo permitió. Había que esperar una ambulancia de mayor complejidad.
 
-¿Ustedes llegaron juntos al hospital?
-No. Pasando el control fitosanitario lo trasladan a una ambulancia de mayor complejidad. La ambulancia debería haber parado en Caucete y haber hecho allí los primeros auxilios. Tengo amigos profesionales y me dicen que con una lapicera lo hubiesen salvado. Pero por otra parte empezás a sumar y decís que era su día, el destino. 

-Se dijo que habían desaparecido algunos elementos, ¿qué hay de cierto?
-Sí, mi cronómetro y unos lentes de él, que son muy caros, no aparecieron nunca. La plata apareció a las horas.
 
-¿Hay responsables del accidente?
-La ambulancia se demoró mucho y la ruta está llena de caucho. Pero también pensás que la idea del viaje era quedarnos pero él me dijo eso "hermano, ¿no te pinta que nos volvamos?". Yo soy un tipo que si dice vamos a Mendoza y venimos mañana, después no me haces cambiar de idea. No sé que me pasó ese día que le concedí volver. Yo creo que es el destino más allá de que a mí me cuesta digerirlo.  
 
-¿Cómo se enteró del fallecimiento del Chino?
-Esa misma noche me entero del fallecimiento. No sé qué fue del día después. Yo quería ir a despedirlo pero por disposición médica me dijeron que no. Esa es una cuota pendiente. Nunca vi un diario ni nada sobre ese día. Me dijeron de fotos, de gente, pero no vi nada de eso. Más allá de que lo voy a ver al cementerio es un dolor que no pasa. Hay cosas que uno acepta porque es ley de la vida, pero lo del Ema no tiene nombre. No le encuentro sentido.

-¿Cómo es su vida ahora?
-Vivo cosas muy duras, la he pasado muy mal. Yo hoy subo al auto, me siento y toco el asiento y digo "¡qué haces hermano!". Vos decís que estoy loco, pero no, lo extraño. Estábamos juntos siempre, éramos muy amigos. No soy ateo, soy católico. Pero perdí mucho la credibilidad. Cuando tuvimos la caída con el Chino en el Velódromo (20 de septiembre), me decían que me acercara a la Iglesia. Lo hicimos, fuimos a la Gruta de Fátima. Y ahora me da bronca. Me siento impotente porque cuando más me sentí vivo me pasaron muchas cosas.
 
-¿Está en contacto con la familia Saldaño?
-Sí, gracias a ellos te puedo decir que estoy bien. Los padres y hermanos son incondicionales, más allá del dolor. Ellos siempre me dan una cuota de crédito y me dicen que tengo que seguir adelante. A los hijos no los veo mucho pero soy un enamorado de ellos. Espero que cuando crezca y sean grandes alguien les haga saber que tuvieron un gran padre, un grande en todo. 

Un regreso emotivo y con revancha

Hace dos meses tomó coraje y volvió al Velódromo Héroes de Malvinas, aquel que fue protagonista de tantos momentos vividos junto al Chino Saldaño y que no volvió a pisar después del trágico accidente. No fue fácil el regreso. Mucho menos volver a recorrer en su moto el área de fondo sin su eterno amigo. Pero, tipo valiente y luchador, el Pollo Fernández no se achicó frente a la situación y decidió darle batalla a esa tristeza que lo invade, tomando las riendas nuevamente de la selección sanjuanina y estando presente, del 19 al 21 de septiembre, en el Argentino de Pista en San Juan.

"La decisión de volver fue porque yo sé que es la manera que el Chino estaría feliz, estando yo al frente de la Selección. También es como una promesa hacia él. Acá estoy de vuelta, como a él le gustaba. Cuando volví la pasaba mal. Los días que tocaba entrenar, en el área de fondo que compartía Emanuel con nosotros, me subía a la moto y era llanto y llanto. Yo lo buscaba pero no lo encontraba", comentó Fernández, casi a punto de quebrarse.

Por estos días los recuerdos están a flor de piel, mucho más durante los tres días del Argentino. De hecho, curiosamente hace un año atrás estaban entrenando y el 20 de septiembre habían protagonizado un accidente en el entrenamiento, cuando el ciclista iba en bici y el Pollo en moto. "La verdad es que estoy tratando de canalizarlo, como una orden o trabajo que me dio el Chino, porque si es por lo que siento, me tendría que ir a mi casa. Hoy los chicos están en la misma habitación que compartieron en la Vuelta y eso les trae muchos recuerdos. Durante los entrenamientos llevábamos un equipo de música y escuchábamos sus canciones. Tengo una gorrita azul que me regaló e iré a la competencia con ella", comentó.

Se asume como el "padrino" de Saldaño en el ciclismo. Es que tiene varios motivos para hacer un buen papel en el Argentino y quedarse nada más y nada menos que con la Copa Emanuel Saldaño: "Acá estoy de vuelta, como a él le gustaba. Ahora voy por la revancha de mi amigo, de mi hermano. Los chicos están motivados y quieren hacer un buen papel. El Chino era una gran persona y se merece nuestro mejor esfuerzo".

Además del Argentino, el Pollo estará en los Juegos Binacionales que se disputarán en Chile. No confirmó si estará en la Temporada de Ruta ya que necesita hacerse un replanteo. "A una publicidad que me ofreció dirigir le dije que nos sentamos en abril a charlar. Después veo si sigo o no, porque necesito tiempo", dijo.

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