Por Gustavo Martínez Puga
Y un día la persiana se levantó de nuevo
Es la Casa Marinaro, inaugurada en 1930 y cerrada en el 2008. El bisnieto del fundador abrió para liquidar añejos artículos de librería y artículos de pesca y caza que son reliquias. Y los sanjuaninos respondieron, invadidos por la nostalgia. Por Gustavo Martínez Puga.
Historia 2: Un sesentón llegó junto a su hijo adolescente. Con voz baja, como para que el dato no se fuera a tomar estado público, lanzó la pregunta: ¿Te habrá quedado alguna de esas cajas de lata que venían lápices alemanes?. Ante la respuesta positiva, el hombre suspiró profundamente y no dudó en dar una orden determinante: “Traela. La llevo”. Al ver el recipiente con los 36 lápices en una caja de lata chata y decorada, el hijo del cliente dijo:¡Qué copados que están!> Al ver que la reliquia que tanto había buscado iba a caer en manos de su hijo, el cliente disparó: “Ni se te ocurra tocarlos”. Indudablemente, esa caja de lápices representaba un recuerdo muy profundo para ese cliente.
Historia 3: Una mujer llegó con su hijo adolescente, alumno de una escuela técnica. Y, con cierto temor a cometer un error, pregunta a éste cronista: “¿Se puede, me gustaría ver si mi hijo puede conocer el lugar?”. Ante la respuesta positiva, a la mujer se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja. Es que habían ido pasando por la vereda Sur de la calle Salta y no podía creer que la librería en la que habían comprado durante sus años de adolescente iba a poder ser conocido por su hijo. Pero, lejos de lo que la mujer pensó, al jovencito se le iluminaron los ojos cuando vio a través del vidrio del mostrador una caja con viejos silbatos metálicos, como los que solían usar los árbitros de fútbol o los vigilantes de la Policía: “Me acuerdo que cuando era chiquito mi papá me regaló uno así. No los pude conseguir más. Ahora me llevo varios”, contó el muchacho. Mientras tanto, su mamá se apartó un viejo cuaderno, un juego de copias con el Plan Quinquenal de Perón en que aparecen la imagen del General y Evita como pintados a mano.
La Casa Marinaro fue fundada en 1905 por el inmigrante siciliano Juan Marinaro. En 1930 logró terminar la construcción del negocio, y la bellísima casa que esconde detrás, a metros de la ex Estación San Martín donde el tren llevaba y traía gente a la Capital sanjuanina.
En el 2008, los descendientes de Marinaro decidieron bajar las persianas de la vidriera y las enormes puertas de entrada, con una arquitectura colonial que el terremoto del ´44 borró de la fisonomía de la Ciudad.
Juan Marinaro nieto falleció el 19 de octubre de 2013, por lo que el viejo almacén quedó en manos de su hijo Juan Manuel y una tía suya. “Llegó un momento en que teníamos que hacer algo con todo esto. Así es que con una prima decidimos limpiar un poco el polvo que había y liquidar todo. No sabemos que vamos hacer después, cuando hayamos vendido todos los artículos”, cuenta el heredero, con asombro al ver cómo los sanjuaninos respondieron y llenan el negocio los lunes y jueves en la tarde, y los sábados todo el día, cuando vuelve a levantar las persianas de la entrañable Casa Marinaro, aunque sea para liquidar sus restos.
La Casa Marinaro no abre como un comercio regular, sino que lo hace los lunes y jueves a la tarde y los sábados todo el día.
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