Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
El sanjuanino que escuchaba Perón
Del otro lado de la línea telefónica, apenas se adivinan sus siete décadas. Con tono firme y decidido, Jorge Manuel Camus abre la memoria y retrocede 40 años de historia. O más. “Manucho” es el sanjuanino que más conoció a Juan Domingo Perón, después de su padre, el gobernador fallecido Eloy Próspero Camus. Trabajó en el fallido operativo retorno de 1964. Estuvo varias veces en la residencia madrileña de Puerta de Hierro. Y el general lo eligió secretario general del Partido Justicialista a nivel nacional, el último que pudo ungir el líder antes de su muerte. Desde la tranquilidad de su casa en Buenos Aires, rompió el silencio por primera vez en esta entrevista exclusiva de Tiempo de San Juan:
-¿Cómo fue su primer contacto con Juan Domingo Perón?
-Mi primer contacto personal fue en octubre el año 1964, porque participé en el operativo retorno. En ese momento el doctor Arturo Illia presidía los destinos del país. Viajé a Madrid y participé en todo el operativo. Cuando llegamos al Galeao, el aeropuerto de Río de Janeiro, el avión de Iberia fue interceptado por la policía federal del gobierno militar brasileño. Irrumpieron en el avión y lo hicieron regresar a Madrid porque había un pedido del gobierno argentino. El canciller (Miguel Ángel) Zavala Ortiz hizo toda la gestión para impedir el regreso de Perón.
-¿Recuerda el lugar exacto donde lo vio por primera vez y le estrechó la mano a Perón?
-En la residencia 17 de octubre, en Puerta de Hierro, en Madrid. Fui con un sobre lacrado donde estaban todas las alternativas para el retorno del general. Ni yo conocía la operativa en el país. Con el general, en la tercera reunión ya nos pusimos a analizar. Una de las cosas que recuerdo era que no aterrizaba en Argentina sino en el aeropuerto Carrasco (en Montevideo, Uruguay). Ahí lo esperaba un grupo de compañeros para llevarlo en auto a Rosario. Esa era la forma.
-¿Qué impresión le provocó personalmente Perón?
-Yo admiración ya le tenía. Lo había leído mucho a Perón. Mi padre supo ser muy amigo de él. Fue uno de los hombres más leales que tuvo el general. Cuando cayó el peronismo se lo trató de desvirtuar y generar un neoperonismo. Muchos dirigentes nuestros aceptaron hablar de un “peronismo sin Perón”. Uno de los pocos dirigentes nacionales que se mantuvo firme a ultranza, sosteniendo que la única jefatura del movimiento era del general Perón, fue Eloy P. Camus, mi padre. Cuando Perón decide el retorno, nosotros suponíamos que siendo un gobierno democrático, radical, no íbamos a tener problemas. Pero no fue así.
-¿Cómo era Perón personalmente, desde lo humano?
-Un hombre muy afable. De muy buenas maneras. Yo era un muchacho joven en el ‘64, tenía 23 o 25 años, era un abogado recién recibido. En algunas reuniones, cuando me retiraba, el general se ponía de pie. Tenía esos gestos caballerescos que son de otra época. Era muy raro que el general se molestara o manifestase una actitud hostil o autoritaria. Cuando iniciamos los cursos de adoctrinamiento en el año ’73, yo fui a visitarlo al coronel (Vicente) Damasco –que después fue ministro del Interior-, para dejarle la invitación para el general, para que presidiera esos actos. Ahí me dijo Damasco: “Mire, el general se acaba de enterar que ha venido a visitarlo y quiere que usted lo vaya a ver”. ¡Yo trataba de no molestarlo! Era un hombre que tenía problemas pulmonares y tenía que cuidarse. Nunca le llevé problemas. Siempre traté de llevarle soluciones.
-¿Qué relación tenía Perón con San Juan?
-Con San Juan no tenía mucha relación, salvo la amistad que tenía con mi padre. No sé qué grado de relación tenía con otros dirigentes sanjuaninos. Por ahí se me escapa algún dirigente de la vieja guardia gremial del ‘45. Yo ahí tenía 10 años. Pero desde su regreso al país hasta su muerte, el contacto que tenía era mi padre.
-Lo llevo al año ’73, al regreso de Perón y a la masacre de Ezeiza: ¿Cree que el peronismo terminó desbordando a Perón?
-No, yo creo que el peronismo estaba absolutamente infiltrado. Después de tantos gobiernos militares estaban en todos lados. De ahí esa famosa institución que se llamó “Las tres A”. Yo creo que fue una creación absolutamente policial y militar. En Ezeiza los que tomaron el escenario del acto eran casi todos militares en servicio. A mí no me cabe ninguna duda. Y desde ahí se empezó a disparar a la gente. Había gente infiltrada para crear situaciones. Mi padre llegó al palco, yo no pude llegar.
-¿Por qué la presencia de López Rega en el gobierno y el nivel de poder que manejó?
-No, no… El poder que tenía López Rega era circunstancial. El general conducía y lo hacía como se debe, con pequeños mensajes. Y había cosas, pequeños deslices que se generalizaron, provocados por este personaje (…) A López Rega yo le decía “ministro”. Nunca mantuve un tuteo con él, ni familiaridad. Le cuento una anécdota histórica. Todavía no asumía la presidencia el general. Yo como secretario de Prensa y Adoctrinamiento conduje la campaña electoral. Ahí Perón reunió a toda la estructura de conducción de la CGT y del movimiento. López Rega dijo que había que explicar, de alguna forma, que la señora de Perón salvó el cadáver de Evita. ¡Una cosa que no tenía nada que ver! Lo que quería López Rega era rescatar que Isabelita había sido muy piadosa, que había lavado el cadáver. Pero yo le dije: “ministro no podemos hacer una cosa así, tendría connotaciones de necrofilia”. ¿Sabe lo que dijo el general? Dijo: “Lopecito cállese. Para usted la política no es materia opinable”. Y no solamente estaba yo. Por eso le digo: López Rega no manejaba.
-¿Usted cree que López Rega actuó a espaldas del general Perón?
-Lo que hacía, lo hacía a las espaldas. Pero nunca contradiciendo. Algunas veces el general me hacía ir a la Presidencia y me hacía participar en las reuniones de gabinete sin tener voto, pero sí voz. Y lo que yo veía es que había una especie de sumisión de algunos ministros con respecto a López Rega. A él lo hicieron poderoso. Cuando lo ascendieron a comisario general por un decreto presidencial, Perón firmó eso sin darse cuenta. No lo habían informado y estaba absolutamente molesto. Fue una de las pocas veces que lo vi al general así. Mi padre me había dicho: “mirá, cuando veas que al general se le contrae el labio de abajo, es porque está muy enojado”. Reunió al comando superior y les dijo: “en un momento de descuido me hicieron firmar este disparate, convertir a un suboficial en un comisario general”.
-Si Perón no se hubiese enfermado y no hubiese muerto, ¿hubiera sido posible el golpe del 24 de marzo de 1976?
-No. Es más: si a Perón no le hubiera fallado Balbín… La fórmula no era Perón-Perón, era Perón-Balbín. Cuando se decidió eso, en esa reunión estábamos Ricardo Balbín, (Héctor) Hidalgo Solá, (Humberto) Martiarena y yo. Allí el general le dijo a Don Ricardo: “Mire doctor, la única forma de sacar al país que está deshecho, que tiene una serie de apatías y enfrentamientos muy largos, es que unamos nosotros fuerzas. Me gustaría y sería un honor que usted integrara la fórmula presidencial”. Aceptó. Pero al mes, Balbín lo llamó al general para decirle que había tenido problemas dentro de la estructura del partido radical y que no podía aceptar la vicepresidencia. Y que le había iniciado su hijo político, Raúl Alfonsín, una interna. Entonces tenía que enfrentarla.
-¿Qué opinión tiene de Montoneros y otras expresiones armadas del peronismo de los ’70?
-Bueno yo tengo una opinión muy sobria al respecto. Yo creo que fueron muchachos idealistas, creo que perdimos una juventud maravillosa. Creo que equivocadamente. Porque Montoneros y la organización armada se explicaba cuando el peronismo estaba proscripto. Pero cuando el peronismo tenía abiertas las puertas de la legalidad, había sido ungido el general presidente de la República, ya no tenía razón de ser. Ahí se equivocan los muchachos. Y cometen un gravísimo error: le matan al dirigente gremial más leal que tenía Perón, que se llamaba José Ignacio Rucci. Nunca me olvido de las palabras de él: “Camus, me quebraron las piernas”. Yo también confronté con ellos. En Bahía Blanca dije: “solamente malnacidos pudieron cometer este crimen”. Evidentemente estaban infiltrados. Muchos de esos muchachos, por lo general los que están muertos, lo hacían absolutamente con idealismo. Pero después eso se desnaturalizó.
-Su padre, el gobernador Eloy Camus, fue preso político en San Juan después del golpe. ¿Cómo fue ese momento?
-Estábamos acá en Buenos Aires. Porque había ocurrido el último Congreso del Justicialismo, en marzo del ’76. Mi padre era presidente del Congreso. Después viajamos, yo lo llevé en auto a San Juan. Y ahí le decretaron la prisión domiciliaria. Después, con motivo de un viaje de Videla a San Juan y por razones de peligrosidad, de la casa lo llevaron al Penal. Mi padre tenía 77 ó 78 años.
-¿Sintió miedo, por su padre, por su familia?
-Nunca supuse que iba a ser tan brutal. Montoneros cometió torpezas graves y hechos muy deleznables, como el asesinato a Rucci y algunos otros compañeros del justicialismo. Pero lo que fue la represión después… como hombre de derecho, con un profundo respeto a la historia argentina, llegar a la monstruosidad… la vida humana no valía nada. Yo llevé muchos recursos de amparo y no me recibían los escritos. La represión fue monstruosa.
-¿Lo de Carlos Menem también fue peronismo?
-No, para mí no. Absolutamente no. Eso fue la destrucción ideológica. La negación de la construcción justicialista. Todo lo que fue esa construcción jurídica y económica que se implantó a través del peronismo del año ‘46 lo destruyó sistemáticamente Carlos Menem. Y se montó en una política que diseñó antes que él José Martínez de Hoz siendo ministro de Economía de Videla. Eso fue un acto de altísima traición al peronismo, al general y a su pueblo.
-Gioja y otros han dicho que el kirchnerismo ha sido la mejor expresión del peronismo después de Perón: ¿usted comparte?
-Yo sí, absolutamente. Néstor Kirchner para mí ha sido una vuelta absolutamente despojada y sin miramientos del peronismo. Y estamos pagando eso. Esto de los fondos buitres que ha aparecido, que nos vienen a apretar con una cosa así, espantosa, es porque hay un proyecto nacional con contenido social, sin duda. Es lo más parecido al peronismo.
FICHA
-Jorge Manuel “Manucho” Camus
-Hijo de Eloy Próspero Camus
-Abogado
-Diputado Nacional entre 1973 y 1976
-Secretario de Prensa y Adoctrinamiento del Movimiento Nacional Justicialista desde mayo de 1973 hasta la normalización del partido.
-Secretario General del Partido Justicialista hasta la muerte de Perón
EL PERONÓMETRO:
¿Cuán peronistas son los siguientes personajes, en una escala de 1 a 10?
Cristina Kirchner: 10
Néstor Kirchner para mí ha sido una vuelta absolutamente despojada y sin miramientos del peronismo. Hay un proyecto nacional con contenido social, sin duda. Es lo más parecido al peronismo.
Amado Boudou: 7 ú 8
Ideológicamente le pongo un 8 ó un 7, porque es un hombre que proviene de la Ucedé. No porque crea que esté involucrado en esto que le han montado. Tuvo una buena idea que fue la nacionalización de las AFJP.
Daniel Scioli: 7 ú 8
Su adhesión al peronismo comienza con Menem, que fue la negación del peronismo. Ahora está mucho más ubicado.
Sergio Massa: 0
Cero peronismo. No tiene nada que ver con el peronismo. Además también viene de la Ucedé. Y es el partido más liberal de los liberales, del ingeniero Álvaro Alsogaray
Hugo Moyano: 7
Yo creo que es un hombre de la línea dura del justicialismo. Creo que torpemente se ha enfrentado a la presidenta de la Nación pero le tengo un respeto especial porque durante todo el menemismo fue uno de los pocos que se opuso. Pero ahora creo que está absolutamente equivocado. Hay dos moyanos.
Luis Barrionuevo: 3 ó 4
Él siempre militó en el oficialismo del peronismo. No estuvo en la resistencia peronista. No lo considero peronista.
Antonio Caló: 8
Caló es peronista.
José Luis Gioja: 9
Es peronista. Siempre ha sido consecuente con el peronismo. Cuando Montoneros estuvo en contra del general, él se mantuvo al margen.
Roberto Basualdo: No lo califica
No es peronista Basualdo. Es un muchacho que conozco personalmente pero me da la sensación de que es un neoperonismo, vinculado a las viejas estructuras que no conducen a nada.
Adolfo Rodríguez Saá: No lo califica
No está con la conducción peronista. Y una de las características del peronismo es aceptar las conducciones. Si partimos de la base que lo más cercano a Perón ha sido la construcción de Néstor y Cristina Kirchner, Rodríguez Saá es un neoperonista.