Por Miriam Walter
La Marquesita, entre el lugar terrible y el lugar de bonanza
“A primera instancia vemos que hay un gran vacío, un acto de olvido que tiene que ver con que este lugar tiene un valor positivo para la mayoría de la gente mayor de Marquesado, porque está muy atada a la historia del propio Marquesado, la finca fue uno de los primeros asentamientos grandes de la zona y todo el caserío se empieza a armar alrededor de ella. Entonces, hay una época de bonanza que está marcada por la fundación de la finca donde la gente iba a buscar agua, pan, animales que se criaban ahí. De repente, es un lugar que en la memoria ocupa una idea positiva y de una época de crecimiento comunitario. Y cuando se le pregunta a la gente si sabía que allí funcionaba un centro clandestino de detención, se produce un vacío. Eso es muy común respecto de los centros clandestinos. Hemos encontrado testimonios de gente que dice cosas que sabemos que es imposible que hayan sucedido, pero tiene que ver con cómo la gente imagina, como se inscribe en el proceso de historia de ese lugar”, describió Carina Jofré, quien conduce el Observatorio de Derechos Humanos San Juan, respecto de la imagen que los vecinos de Marquesado tienen sobre La Marquesita en Rivadavia. El lugar fue señalizado el año pasado como centro clandestino de detención en los ’70.
El proyecto implica en una primera etapa de recuperación de las memorias orales producidas por la comunidad de Marquesado, en Rivadavia, respecto de La Marquesita, antes, durante y después de la última dictadura militar, trabajo que recién empieza pero que ya ha generado resultados interesantes, en el proceso de trabajar con los recuerdos de la comunidad aledaña al ex CCD mediante entrevistas, historias de vida e investigaciones de archivo.
Según la arqueóloga, buscan información que sirva para entender el terrorismo de Estado, para ver cómo recuperar el lugar y, si se genera, algún dato que contribuya a las causas judiciales en trámite relacionadas con delitos de lesa humanidad en San Juan.
“Se ha hablado en esta primera instancia con vecinos, referentes locales de centros vecinales, de agrupaciones como gauchos, clubes de fútbol. No hay nada concluyente, en el trabajo antropológico en una primera instancia, primero vemos cuáles son los elementos de pre-diagnóstico, no nos manejamos con estadísticas, sino que tiene que ver con un proceso más largo de construcción de subjetividad. Hicimos primeras avanzadas para ver qué puede llegar a surgir de parte de la comunidad como respuesta”, explicó Jofré.
“Como respuesta de los vecinos hay una impronta fuerte de La Marquesita como un lugar de añoranza, de florecimiento de la mejor época de Marquesado, del nacimiento de Marquesado. Eso nos sirvió para comprender que historizar el proceso de la historia de La Marquesita mucho antes de que funcionara como centro clandestino de detención es importante para saber por qué la gente piensa hoy como piensa. La gente entre 80 y 60 años tiene esta memoria y la gente de 30 ó 20 años transmite lo que le contaron, que sabe que es un lugar recreativo, y que se lo señalizó el año pasado y que se dicen tales cosas”, aseguró la arqueóloga.
El predio de varias hectáreas, antes de ser señalizado como CCD y quedar a disposición de la Red Federal de Sitios de la Memoria, funcionaba como camping dependiente del RIM 22. Se conoció mediante la investigación que antes fue una finca vinculada con el nacimiento de Marquesado, que data de la primera mitad del Siglo XX, época en que funcionaba como el principal centro aprovisionador de artículos comestibles, agrícolas y animales criados allí.
También funcionó una panadería con hornos industriales. Además, la finca tenía un sistema de aprovisionamiento propio de agua dulce, de mucha importancia para la zona. Los terrenos pertenecen al Ejército y fueron cedidos por una donación de sus antiguos dueños hacia principios del Siglo XX. En los años ’70, este campo de maniobras del Regimiento funcionó como CCD, hecho ratificado en los juicios por causas de lesa humanidad provinciales, sobre todo la relacionada con el secuestro, tortura, desaparición de la modelo franco-argentina Marie Anne Erize.
“Queremos reconstruir la historia del lugar con ayuda de documentos y reflejar de la mejor manera posible la interpretación de la comunidad en su heterogeneidad, no se puede sacar algo concluyente que diga que la gente de Marquesado dice que todo es mentira. En términos antropológicos, la construcción de la subjetividad es mucho más compleja que eso, tiene un componente simbólico muy importante. Nuestra idea es generar un proyecto de investigación que sirva para saber cómo recuperar este lugar cuando sea posible y para poder incorporar a la comunidad en base a lo que la comunidad entiende del lugar, no de algo impuesto. Entender la construcción histórica de ese lugar y ver la mejor manera de que en ese proceso histórico también se incluya esta historia de terror”, aclaró Jofré.
Desde una radio a sala de charlas
El proyecto del Observatorio implica la señalización de La Marquesita como centro clandestino de detención, lo que se realizó el 4 de julio del año pasado, el mismo día en que se condenó en San Juan a 7 represores en el marco del primer megajuicio por crímenes de lesa humanidad en la Provincia. También la organización civil motorizó el ingreso de La Marquesita a la Red Federal de Sitios de Memoria (REFESIM), administrado por el Área Sitios de Memoria, su declaración como sitio intangible de memoria y su disposición por parte del Ministerio de Defensa de la Nación lo cual habilitaría el trabajo de recuperación de este lugar de memoria como Centro Popular de la Memoria. El traspaso del predio está en trámite, sin fecha de definición.
La idea del observatorio, una vez que se pueda trabajar en el terreno, es que se convierta en un Centro Popular de la Memoria. “Hay una discusión muy grande respecto de musealizar los espacios de terror, en este caso la tendencia es plantear un lugar donde la comunidad y de los organismos de derechos humanos que se hagan cargo del lugar pudieran trabajar activamente en la recuperación de la memoria no como algo del pasado sino como una producción actual.
Por eso la idea de musealización, estática, pierde vigencia y se habla más de un centro popular para generar actividades. Por ejemplo, una de las propuestas es instalar una radio comunitaria que le pudiera también dar una salida laboral a la gente de HIJOS o para quienes militan gratuitamente esperando una recompensación por parte del Estado. En la ESMA se dan hasta clases de guitarra. También se habla de salón de muestras, un lugar para que se puedan dar conferencias. Pero todo eso está sujeto a todo el marco mayor. Nosotros queríamos que el Archivo Nacional de la Memoria supiera que hay una propuesta. Es un proceso largo que empieza con reconstruir la historia del lugar en dos volúmenes de libros en julio de 2015. Se sabe mucho sobre los testimonios de las víctimas directas pero muy poco sobre aquellos que no participaron directamente”, puntualizó Jofré.
Equipo multidisciplinar
El proyecto se logra con el aporte de un voluntariado universitario en el que participan 5 docentes e investigadores y 12 estudiantes voluntarios de la Universidad Nacional de Catamarca y de la Universidad Nacional de Rosario, además de una historiadora, en colaboración con organizaciones civiles y con el aval de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno de San Juan.
Sitios de horror
Según define la investigación, los Centros Clandestinos de Detención, también llamados “Pozos” o “Chupaderos” eran lugares donde las personas eran “chupadas”, secuestradas y desaparecidas. La condición principal de estos lugares era su presunción de clandestinidad, es decir no existían oficialmente, allí el detenido secuestrado era despojado de todas sus garantías legales quedando a merced de sus represores. Por lo general, las personas llegaban allí luego de ser alojadas en centros de detención transitorios oficialmente existentes para la sociedad. Finalmente, esta modalidad de desaparición de personas en CCD (que no era la única modalidad, pero sí la principal) se completaba con métodos que incluían fusilamientos; o arrojar a las víctimas (con o sin vida) desde aviones o helicópteros al río de La Plata, al mar, o zonas cordilleranas; o su entierro en fosas comunes también clandestinas ubicadas en diversos lugares desde cementerios conocidos, hasta en lugares ocultos en campos alejados y también en salinas apartadas donde los cuerpos fueran rápidamente descompuestos.
A partir de información provista por algunas investigaciones, aparentemente durante la última dictadura en Argentina funcionaron alrededor de 500 Centros Clandestinos de Detención, y se estima que por ellos pasaron entre 15.000 a 20.000 personas, de entre las cuales se cree que el 90% fueron asesinadas. Muchos de estos “lugares del horror” perviven en su mayoría hasta la actualidad como espacios innombrables, ocultos en la rutinaria cotidianidad de los centros urbanos, semiurbanos y rurales en las provincias, muchas veces, imperceptibles o invisibilizados, así como muchas de las luchas y resistencias libradas al interior de los pueblos y comunidades afectadas por experiencias genocidas durante estas épocas de violencia militar-estatal y complicidad civil.