Desgracia con suerte. Si no lo corría el auto se salvaba. Si tardaba un minuto más, no se salvaba ni él ni el auto. Gerardo Laurencio fue a hacer ejercicio a un gimnasio de Cabot y Urquiza.
Estacionó el coche y por pedido de un canillita, porque le perjudicaba la parada de venta de diarios, lo corrió un poco. Bajó e ingresó al gim.
Al instante de entrar, un árbol cayó sobre su auto y lo aplastó.