Por Gustavo Martínez Puga
El caserón Barboza, legado de los esclavos
Dicen que tiene más de 400 años, que por allí pasó San Martín en la campaña libertadora y se llevó esclavos y que fue la última parada de Aberastain antes de ser asesinado. Por Gustavo Martínez Puga.
El altillo de antaño por el que avistaban el ataque de los indios asoma tímidamente al Este de la tradicional Avenida Uñac –ex Mendoza-, cuya traza roza el mítico frente del caserón Barboza. Dos ventanales y una puerta pintados de verde, con rejas labradas a fragua y martillo, simbolizan la resistencia de una construcción protagonista en la historia sanjuanina.
Además de conservar la propiedad y sus alrededores, después de haberse desprendido de extensas propiedades (dicen que las tierras de Barboza se extendían desde las inmediaciones de la Calle 5 y Avenida Uñac hasta el cerrillo que lleva su nombre), los propietarios atesoran datos con mucho peso histórico.
Uno de ellos es que por allí pasó el general José de San Martín en su campaña libertadora, gesta para la cual se llevó mucho de los esclavos de Cecilio Barboza, dueño del lugar.
Otro dato clave del caserón en la historia sanjuanina es que en ese lugar hizo su última parada Antonino Aberastain antes de ser salvajemente asesinado en la batalla de la Rinconada.
El histórico lugar tiene varios puntos que lo convirtieron en un sitio estratégico por aquellos años. El primero de ellos es su ubicación: antes la Avenida Mendoza era el camino obligado entre la Ciudad de San Juan y el Sur de la provincia. Por allí se iba y se venía a Mendoza.
Además, en esos años ese lugar estaba alejado de la Ciudad, era una zona de campos y chacras, lo que convertían al caserón y sus servicios (agua, la sombra de sus grandes galerías, comida para animales y hombres) lo convertían en una parada casi obligada.
Actualmente el caserón está de pie, casi intacto. Conserva sus anchos paredones, sus galerías, sus puertas y ventanas y sus faroles ingleses de hierro con el que alumbraban las galerías y cuartos. El caserón conserva su distribución original: tres dormitorios, una cocina, un comedor, la sala de juegos y la despensa.
También está de pie la galería que sostiene el altillo, con una tinaja que supo filtrar el agua para el consumo humano, de cuyas soleras aún cuelgan los alambres en los que se secaron los embutidos de los carneos.
Cecilio Barboza y su esposa Juana tuvieron 13 hijos. Los descendientes se repartieron los bienes y hoy en días las dueñas del caserón Barboza son Silvia Nidia Balaguer Young y su hermana Elsa Beatriz. “Lo usábamos como casa de fin de semana. Pero desde que falleció Nidia, mi madre, en el 2007, ya casi que no vamos”, cuenta.
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