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domingo 5 de abril de 2026

CASOS QUE CONMOCIONARION A SAN JUAN

La peste asesina

Fueron días de horror y pánico. San Juan no quedó al margen de la temible pandemia de gripe que azotó al mundo entre los años 1918 y 1919. El virus de la Influenza –conocido como H1N1 o gripe A– castigó a los sanjuaninos impiadosamente. Por Michel Zeghaib.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Michel Zeghaib


La pandemia fue conocida como "Gripe Española”. Comenzó el mismo año en que llegaba a su fin la Primera Guerra Mundial (1918). En San Juan duró desde octubre de 1918, hasta junio del año siguiente. Mientras esta última mató a 21 millones de personas en cuatro años; aquella, la gripe de 1918 mató la misma cantidad en los primeros cuatro meses. Sin bien las cifras de muertos fueron imprecisas debido a los rústicos instrumentos de información estadística de la época, se calcula, aproximadamente, que la gripe mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo, entre los años 1918 y 1925. 

Si bien el primer impacto, en octubre de 1918, fue en la provincia de Buenos Aires, desde allí la enfermedad se extendió hacia gran parte del país, siendo San Juan una de las Provincias víctimas de aquella "peste negra moderna”. Entre el lunes 21 y sábado 26 de octubre de 1918, se registraron sólo en la Capital sanjuanina 106 casos fatales de la enfermedad infectocontagiosa. Pero, a lo largo de todo el año que duró, el número se contó por miles en toda la Provincia.

Debido al peligro que implicaba el contagio de la epidemia, sobre todo en lugares donde se concentraban un gran número de personas –como por ejemplo, los espectáculos públicos– obligó a las autoridades provinciales, como el Intendente Municipal, a que ordenasen por decreto la clausura de Teatros y Cines; como también el Cementerio de la Capital y los Templos Religiosos más importantes de la época. Todos ellos permanecieron cerrados y clausurados. En los hospitales se aisló a los que padecían de bronconeumonía gripal, y en diversos lugares públicos se realizaron incontables desinfecciones.

Pero los esfuerzos realizados tuvieron su contrapeso, y no todo pudo ser controlado inmediatamente. Durante los días de la epidemia se podían ver los clásicos carritos de helado, a los que se les prohibió la circulación callejera por el hecho de vender sus productos a base de agua, uno de los principales medios de transmisión del virus. Como también, las típicas fondas, confiterías y cafés de la época que ofrecían sus servicios sin tener en cuenta algunas normas básicas de higiene. El Municipio Capitalino tuvo que enfrentarse en varias ocasiones con sus propietarios, sometiéndolos a rigurosas inspecciones que terminaban, muchas de ellas, en inhabilitaciones y hasta clausuras. 

A pesar de las precauciones y de las medidas profilácticas que se intentaron aplicar, la epidemia de la gripe siguió propagándose en toda la Provincia sin variante de ninguna clase. Al principio sin una gran cantidad de víctimas fatales, pero, a medida que pasaban los días, el un número de muertes fue cada vez mayor. Tanto las autoridades de la Provincia, como agrupaciones y vecinos de a pie, se ponían al servicio para trabajar y asistir a los enfermos que no pudieron ser aislados de la epidemia. Día y noche intentaron contrarrestar su avance en la población sana que quedaba.

En medio de la urgencia y el caos que se vivía, el Consejo de Higiene de la Provincia dispuso que fueran tres las Farmacias que atendieran al público –de noche, como en días festivos–: Echegaray, ubicada frente a la Plaza 25 de Mayo; Nacional, en la esquina de Gral. Acha y Entre Ríos; y Sugasti, en Santa Fe y Gral. Acha. El fin primordial que tenían era la de suministrar, de manera exclusiva, los medicamentos recetados por los médicos de Salud Pública. También, dicho Consejo dispuso el envío de personal a los departamentos del interior de la Provincia –como Valle Fértil, entre otros– para asistir a los enfermos que allí se encontraban, y dejarles medicamentos e instrumentos para combatir la enfermedad. También, el Batallón 15 de Infantería cumplió una labor importante asistiendo a toda clase de personas que iban desde Ullúm, La Bebida, Zonda y Marquesado, hacia la Capital. 

En un estudio realizado por el Dr. Adrián Carbonetti, Demógrafo Argentino, expresa, por un lado, que entre 1918 y 1919, San Juan multiplicó su tasa de mortalidad entre 2 y 6 veces. Por otro, vincula la tasa de mortalidad por gripe en relación a las tasas de analfabetismo por provincia. "Esta relación permite apreciar como aquellas provincias que mostraban una alta tasa de analfabetismo tenían también una alta tasa de mortalidad por gripe, y éstas eran las provincias del norte, con excepción del caso de San Juan, cuyo índice de analfabetismo era medio pero su mortalidad alta”, dice. 

Fuentes:
Diario La Vanguardia, desde octubre de 1918 hasta junio de 1919.
CARBONETTI, Adrián. "Historia de una epidemia olvidada. La pandemia de gripe española en la argentina, 1918–1919”. Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 9 de octubre de 2009. En: www.scielo.org.mx


Las recetas de la abuela
Se intentó hacer de todo para frenar la epidemia. En la prensa escrita, se podían ver a diario publicidades que aconsejaban la compra, en Farmacias o Almacenes, de distintos compuestos –algunos químicos, otros naturales–. 
Estaba, por ejemplo, el "Agua del Salado”. Era un  preparado a base de agua oxigenada o bicarbonatada, mezclada con agua hervida; y se usaba para higienizarse la nariz, la boca; como también para beber una copa antes y después de cada comida.
También estaba, como preventivo, la "Esencia de Eucaliptus Glóbulo”. Era un anticépito para usarlo en todo el cuerpo, antes y después de cada aseo. Era un producto que venía desde Bs As, y en San Juan lo vendían dos comerciantes llamados Landa y Lepes, que tenían su negocio en calle Tucumán al 428. 


¿Por qué se le llamó "española” a esta pandemia?
No se originó en España sino en los Estados Unidos. Pero ¿por qué se llamó española?  Los países de Europa más afectados por la enfermedad fueron los que participaron en la Gran Guerra, especialmente Francia y Gran Bretaña. Sus respectivos gobiernos, y la prensa, silenciaron la epidemia para no desmoralizar a las tropas, de modo que las únicas noticias sobre ella eran de la prensa española, país que no participó en la guerra y en donde se informaba sin esconder nada. La gripe española debe su nombre, por tanto, a la censura informativa en tiempos de guerra, y no a su origen.

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