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jueves 30 de abril de 2026

DESPROTECCIÓN HISTÓRICA

Polémica demolición en Marquesado

La había alquilado un concejal para hacer un centro cultural. Según el dueño, a la semana que la entregó, la casona empezó a derrumbarse por una pérdida de agua. El edil niega todo y da una versión totalmente distinta. La casona de fines de 1800 perteneció al fundado de Marquesado. Por Gustavo Martínez Puga
Por Redacción Tiempo de San Juan

gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

Estuvo más de 100 años de pie. Lo que la hacía muy especial, sobre todo si se tiene en cuenta que en San Juan los terremotos arrasaron con todas las construcciones más emblemáticas. Ésta era una de ellas, ya que había sido construida y habitada por Nicolás Echezarreta, el fundador de la localidad de Marquesado, en Rivadavia. Pero la tradicional casona fue víctima de una polémica demolición y ya no existe. Con ella se fue un pedazo de memoria viviente de la historia de San Juan.
Lo peor de todo es que se pudo haber evitado: la casona que fue levantada a fines del 1800 fue derrumbada a combazos y hay dos versiones totalmente distintas del motivo que originó la drástica medida.
Por un lado está la versión de Alfredo Ordines, dueño de la casa. Dice que la construcción empezó a desmoronarse por una pérdida de agua en el baño, después de que el concejal del Frente para la Victoria, Marcelo Moreno, la había alquilado para convertirla en un centro cultural que se iba a llamar Trapo al Viento.
“Empezó a caerse”
“Éste señor la tuvo 11 meses. Nunca me pagó un peso. Un día vino y me dijo que me entregaba las llaves porque no le había salido un subsidio para terminarla de arreglar y poner el centro cultural. A la semana, se cayó la chimenea de la estufa que había en el baño, después se cayó una pared que era de adobe hasta la mitad y de esqueleto –caña y barro- hasta el techo. Y empezó a caerse todo. Como era un peligro, porque aquí vive mi hijo y mis nietos, tuvimos que demolerla”, explicó Alfredo Ordines, el dueño del lugar.
“Me cayó muy mal tener que demoler. Con un poco de gasto se podría haber solucionado. Nosotros no sabíamos que ése señor la había estado usando a la casa con la pérdida de agua y que no la había solucionado. Antes la casa no tenía el agua conectada, nosotros la conectamos cuando se la alquilamos. Él –por el concejal- prácticamente vivía en la casa mientras los albañiles la arreglaban”, informó Ordines, quien nació y vivió en esa propiedad de 30 hectáreas que perteneció a Nicolás Echezarreta, el descendiente de vascos que llegó a San Juan junto a un hermano y amasó una fortuna comercializando granos desde la Ciudad a Jáchal y a Buenos Aires.
Según Ordines, el acuerdo comercial del alquiler con el concejal Marcelo Moreno había sido de un pago de 8.000 pesos mensuales. Todo se arregló de palabra, sin contrato. Y Moreno le iba a ir descontando de ese pago mensual los arreglos que le iba ir haciendo a la casona en la que Echezarreta vivió hasta 1948.
“No sólo que nunca me pagó ni un solo mes, sino que después de que se fue me mandó una carta notarial, muy mal redactada, por lo que dudo de que la haya hecho un abogado, diciendo que nosotros le debíamos a él 47.000 pesos por los arreglos hechos. Así nomás, sin detallar qué hizo ni adjuntar boletas de nada. Fuimos a un abogado y nos dijo que ni le respondiéramos”, comentó Alejando Ordines, hijo de Alfredo, quien vive al lado de las ruinas de la casona.
“Ahora me arrepiento de no habérsela alquilado a la Municipalidad de Rivadavia. Ellos vinieron para hacer algo parecido a lo del concejal Moreno, pero como él me había hablado antes, y yo le había dado mi palabra, seguimos con él. Nunca pensé que nos iba hacer esto”, comentó Alfredo Ordines, quien nació y se crió en esa finca. Su abuelo, Jaime Ordines, fue contratista de Echezarreta en 1911, cuando llegó de Jalón, Alicante –España-, con dos niños chicos. Uno de ellos, era el padre de Alfredo.
“No debo nada”
Por otro lado está la versión, totalmente contraria, que da el concejal Moreno. “El señor Ordines me dijo que íbamos hacer como la gente de antes, que con la palabra bastaba. El trato fue que, desde el día que inauguráramos, desde ese momento, yo le empezaba a pagar. Habíamos arreglado 1.500 pesos por mes. Y que íbamos a ir descontando del alquiler la inversión hecha en la casa. Pero un domingo me mandó un mensaje de texto que fuera urgente a la casa. Cuando llegué me dijo que tenía que entregársela porque la había vendido, muy bien vendida, a un hombre de España. El día lunes o martes siguiente yo saqué todo y se la entregué con todas las mejoras que le habíamos hecho”.
Respecto de su reclamo económico, el concejal Moreno dijo que “yo le envié una carta documento para que me reconociera la inversión que había hecho, como para sacar para los gastos y para la mano de obra”.
A la hora de precisar de cuánto era el reclamo por la inversión hecha, Moreno respondió que “no recuerdo en este momento”.
Moreno también se refirió a la pérdida de agua que, según el dueño, provocó el derrumbe. “La pérdida de agua estaba de hace tiempo. El hijo de Ordines, Alejandro, la arregló. Yo no soy plomero, no sé si había o no una pérdida de agua. Lo que sí sé es que el baño era el único lugar que tenía agua, porque para tomar teníamos que traer en botellas de un surtidor de afuera”.
 Finalmente, sobre el derrumbe de la histórica casona, el concejal Moreno dijo que “si se derrumbó o no, no es problema mío”. Y respecto de una deuda a los albañiles que trabajaron arreglando la casa, quienes dicen que no les pagaron por ese trabajo, Moreno fue categórico: “No le debo nada a nadie. Se les pagó todo. Tengo la conciencia tranquila. Y todos los vecinos del lugar saben que lo que trabajamos para que el centro cultural funcionara. El proyecto se vino abajo de un día para el otro”.
 Lo único cierto es que ahora la casona ya está en las ruinas. Algunos vecinos de Marquesado están comprando los adobes que se pudieron sacar sanos para reciclarlos en una casa de campo. La familia Ordines se quedó con las tejas españolas y las puertas y ventanas centenarias, para ver si algún día las pueden reciclar y que vuelvan a lucir como parte de la historia de Marquesado.

Frente a frente
No sabía que ése señor la había estado usando a la casa con la pérdida de agua y que no la había solucionado. Antes la casa no tenía el agua conectada, la conectamos cuando se la alquilamos”. Alfredo Ordines, dueño de la casona.

“La pérdida de agua estaba de hace tiempo. El hijo de Ordines, Alejandro, la arregló. Yo no soy plomero, no sé si había o no una pérdida de agua”. Marcelo Moreno, concejal de Rivadavia.

Sin herederos
Como Nicolás Echezarreta nunca tuvo hijos, dejó toda su herencia a su sobrina Francisca, quien tampoco dejó descendientes. Y los Ordines le terminaron comprando la casona y la finca a cambio de darle parte del usufructo de las tierras hasta que Francisca muriera. Eso fue en 1971. Desde entonces la casona estuvo siempre cerrada.

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