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viernes 1 de mayo de 2026

Personaje: De 25 de Mayo al mundo

La tejedora del kilómetro 505

Herenia Moyano vive sola en el medio del desierto. La ganadora de premios internacionales mata los animales con los que se alimenta, no tiene luz eléctrica y tampoco agua corriente. La Doña abrió las puertas de su casa y contó cómo se las arregla en la nada misma. Por Natalia Caballero.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero

El crujido de una rama solitaria en un médano de arena espantó a un grupo de ovejas que se encontraba a la vera del camino que conduce a la casa de doña Herenia Moyano, la gran tejedora veinticinqueña que ganó premios por la hermosura de sus trabajos artesanales y hasta un reconocimiento de la UNESCO. La mujer vive sola en el medio de los arenales, custodiada solo por sus animales y acompañada por su eterno amigo, el telar.

En el medio de la nada, alejada de toda presencia humana, Herenia vive feliz. Se levanta cuando amanece, suelta a las ovejas y a los chivos para que pasten, pone a cargar al sol las pequeñas farolas con las que ilumina su casa, faena un chivito que le servirá de alimento durante varios días y mientras cocina su comida se pone a tejer bajo el amparo de los rayos solares.

Con energía, ovilla la lana que saca de las ovejas que cría. Si es necesario, tiñe los hilos naturales con anilinas de colores. Una vez terminada esa fase, comienza lo más difícil. Cuando teje a dos agujas, sus manos se trenzan en una danza armónica de idas y vueltas, que termina con un bello tapiz en sus piernas. Cuando teje al telar, su cuerpo viene y va con las finas hebras. Su figura pequeña no parece ser dueña de semejante energía, capaz que crear arte en estado puro.

La tapa de la olla hace un ruidito suave y el aroma a estofado casero inunda el modesto hogar de la Doña. Con un cucharón, sirve el delicioso potaje, que le sirve para mantenerse activa durante el resto del día, porque todavía debe activar la bomba del agua, buscar los huevos de los gallineros, limpiar la casa y encerrar a sus animales en los corrales que sus padres y hermanos construyeron hace más de 50 años.

Una de las paredes de su casa está tapizada con premios, el más importante es un reconocimiento de la UNESCO, que recibió en el 2001. El organismo internacional destacó como una de las artesanías más bellas de América una caronilla doble faz realizada con lana de oveja. “Nunca me hubiera podido imaginar que iba a ganar un premio así, imagínese, vengo de vivir en El Encón, en el kilómetro 505, sin televisor, ni teléfono. ¿Qué me voy a imaginar que podía ganar algo en Cuba?”, dijo. Así como tampoco nunca imaginó que el diseñador Benito Fernández, cuyos diseños fueron usados por Sarah Jessica Parker en la película Sex and the City, iba a pedirle consejos para hacer mantas y ponchos.

Herenia es la más chica de nueve hermanos. Soltera, por decisión personal no porque le hayan faltado candidato, desde pequeña se inclinó por el tejido. Aprendió de las manos mágicas de su madre. Pero ella fue quien le imprimió a sus prendas un sello único. Una manta de lana de oveja color bordó, con detalles en fucsia y blanco enamoraron a esta cronista. Terminar esa colcha le demandó a la Doña más de seis meses. Cada una de las hebras de lana fue trabajada, encerada y teñida por parte. Una obra maestra, imposible de que pudiera pasar inadvertida en cualquier vidriera.

En sus 73 años de vida, nunca vivió en la ciudad y tampoco le interesa. Los médanos de arena, los corrales y los animales forman parte de su ser. No cambia por nada en el mundo el sonido de las aves al amanecer por los ruidos de las furiosas calles capitalinas. Aunque haya que recorrer más de 10 kilómetros para llegar a su puesto desde la Ruta, aunque no tenga vecinos a 5 kilómetros a la redonda, aunque no tenga señal de celular ni energía eléctrica, ella elige día a día su realidad.

El programa de Jorge Pascual Recabarren es una de sus compañías siesteras. Le encanta el programa del aparcero mayor, escuchar los acordes que componen hermosas melodías folclóricas. Sin vergüenza, Herenia tararea la letra de “San Juan por mi sangre”, uno de sus temas favoritos. Sintonizar a Recabarren es vital para ella porque además de entretenerse, le sirve para mantenerse comunicada con una amiga. “–Doña Herenia, mañana la pasan a buscar por su casa, estese lista a la mañana tempranito”, le avisa el locutor a la mujer.

Con la cabeza gacha, un pastor inglés se le acerca. Ella le acaricia el pelaje y el perro no para de mover la cola. La mascota es uno de los cinco perros de Herenia. Todos tienen nombre: Grillito, Osito, Pillina, Colita y Manchita. Son estos animales su gran compañía, los que la protegen y con quienes comparte el cariño.

Su fe en Dios es superior a cualquier miedo, aunque a veces se asusta, se encomienda  a Jesús y a la Virgen. “A veces me asusto, pero le pido a Jesús paz y me quedo tranquila”, dice. Si bien lleva años viviendo en el campo, hay veces que los ruidos la espantan y comienza a rezar o a tejer, su gran terapia.

Cuenta que sus abrigos han arropado a cientos de habitantes de Caucete y de 25 de Mayo. Desde los lugares más escondidos, la buscaban para hacerse un lindo ponchito o un abrigado pullover. Ahora bajó la máquina y dejó de hacer mantas, porque le insumen mucho tiempo y  esfuerzo.

-¿Tiene algún sueño por cumplir?, pregunta esta cronista. “–Estoy satisfecha con mi vida, he hecho todo lo que he querido y hasta recibí premios por tejer, más de lo que hubiera imaginado”. Con estas palabras, Herenia dejó a todo el mundo callado. El momento solo lo acompañó el silencio, el mejor aliado para semejante reflexión.

Doña Herenia Moyano acostumbra a dejar muda a la gente. Sus trabajos, su valiente manera de vivir y su humanidad asombran, despiertan admiración y unas ganas incalculables de querer parecerse aunque sea un poquito a esta valiente mujer, emblema de la cultura sanjuanina.
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