Por Michel Zeghaib
El misterio del avión contrabandista
Fue trágico el final de los dos contrabandistas cuando el avión que los trasportaban cayó –al parecer por desperfectos mecánicos– en campos de La Laja (a 38 km de las termas de La Laja, Albardón), y a poco más de 800 metros del antiguo camino que iba hacia Mogna (Jáchal). Llevaban una importante cantidad de cigarrillos importados de contrabando. El cuadro de muerte era sobrecogedor. Las ruinas del avión y la podredumbre de los cadáveres hacía confirmar las dos hipótesis que se manejaron en ese momento: 1) que la tragedia no pudo ser evitada por el piloto, colapsando casi sin poder hacer nada, y 2) que el accidente había ocurrido meses atrás, en febrero de 1970.
El piloto murió aprisionado en la cabina sin oportunidad de escapar. Su acompañante, un sanjuanino, fue despedido a causa del impacto, muriendo –era una de las teorías– por deshidratación. En la ruta de vuelo figuraba el siguiente recorrido: Paraguay – Salto (Brasil) – San Juan.
En un radio de 20 metros, entre arbustos y piedras, se encontraron esparcidos trozos de lata informes y retorcidos –lo que quedaba del avión–, las cajas de cigarrillos y los cuerpos de Miguel Villate, oriundo de Asunción del Paraguay; y Benito Osvaldo Oyola, sanjuanino, del departamento de Concepción, con domicilio en calle Caseros al 1148 (norte). Sus días –al igual que su oficio– terminaron en las inhóspitas tierras albardoneras.
El avión, un monomotor de ala baja, tren de aterrizaje triciclo retráctil, matrícula argentina LV-GAN, cayó en los campos conocidos como El Tránsito y Las Lajas, en la propiedad de don Bulines. La noticia se conoció el 19 de abril, dos días antes de haber sido publicada en los medios de comunicación. La persona que realizó la denuncia del accidente fue Carlos Pastén, con domicilio calle Las Heras s/n en Las Tierritas (Albardón). El hombre –junto a unos amigos–, había salido por esos días a cazar.
Ellos fueron los primeros en encontrar semejante espectáculo. Lo primero que hicieron fue dirigirse a la Seccional 18º de Policía (Albardón). De inmediato, un grupo de policías, junto a don Pastén, gran conocedor de la zona, conformaron un equipo de búsqueda e investigación para poder llegar al lugar de los hechos y realizar las pesquisas acostumbradas. Al frente de la misma estuvo el entonces comisario de dicha comisaría don Oscar Gez, acompañado por el oficial inspector Carlos Casivar, el cabo 1ro José Soler, y los agentes Daniel Horacio Escudero y Antonio Américo Tejada.
Al llegar, encontraron el avión totalmente destrozado a causa del impacto que, a simple vista, daba la impresión de haberse estampado de lleno con el suelo. Además, las latas estaban quemadas por la explosión de los tanques de combustible. El cuerpo del piloto estaba carbonizado y atrapado entre los restos de la máquina, su cabeza destrozada, sus brazos y piernas seccionadas. El otro cuerpo no tenía quemaduras, pero estaba en estado de putrefacción, y en su rostro, una cantidad incontable de hormigas coloradas que lo habían consumido. También, esparcidos por todos lados, se encontraron cientos de paquetes de cigarrillos de las marcas Chesterfield, L&M y Kent, valuados en 2 millones de pesos (en la entonces moneda nacional). Y cerca de la cabina de manejo, dos botellas de whisky Johnny Walker, ambas por la mitad.
¿QUIENES ERAN SUS CONTACTOS?
Esta –y otras– fue una de las preguntas que más apareció en los días que siguieron al accidente: ¿Dónde debían aterrizar?, ¿a quienes debían entregar la mercadería ilegal? Pero, a medida que pasaban los minutos, todo iba quedando enmarañado en una densa nube negra de dudas. La pista de aterrizaje podía ser cualquiera ya que los amplios campos del territorio sanjuanino –en este caso, Albardón– son propicios para este tipo de aterrizajes de contrabando, ya que, por la espacialidad de sus terrenos, existen “pistas naturales” para que cualquier avión aterrice.
Esta realidad llevó a pensar que el avión contrabandista no tenía pensado aterrizar todavía, justamente por el lugar donde estaba (lleno de piedras y arbustos), lo que hacía más fuerte la hipótesis del desperfecto mecánico.
Además de Albardón, otro lugares elegidos para el contrabando por sus pistas naturales aterrizaje fueron las zonas de Ampakama y las sierras de Guayaguás.
LAS PALABRAS DE PASTÉN
Pastén salió el viernes 17 de abril en compañía de Carlos Velázquez, Carlos Chirino y Francisco Páez. Iban a cazar avestruces y liebres. Se instalaron en el campo armando un destacamento esa misma noche del viernes para poder salir a cazar el sábado. Ese mismo sábado, en la tarde, cada uno tomó direcciones distintas para poder hacer más efectiva la búsqueda de los animales. Cuando ya había caído la noche, Chirino corrió a contarles a sus compañeros de caza que –“a lo lejos”, fue como lo expresó– había visto luz muy fuerte que estaba brillando.
Se reunieron los cuatro para pensar que iban a hacer. El misterio –y el miedo– crecían. “No nos animábamos a acercarnos, por temor, porque no sabíamos de qué se trataba”, dijo.
Pastén, sorprendido, afirmaba que “nunca nos imaginaron que se trataría de un avión”. Pero lo terminaron confirmando. Los cuatro cazadores se dirigieron cuidadosamente hacia esa luz, y fue cuando descubrieron el escenario dantesco del accidente del avión contrabandista.