Por Ernestina Muñoz
Canal 13
El choque de dos mundos
El paisaje urbano cambiará definitivamente de aquí en adelante. Al menos por 5 años, será habitual ver por las calles y en los claustros de la UNSJ a 23 estudiantes africanos, con sus sonrisas pletóricas de dientes, su estética fresca de azabache, sus vestidos coloridos y su claro acento español. Llegaron para buscar un futuro académico mejor en nuestra ciudad hace algo de una semana y compartieron sus primeras impresiones con Tiempo de San Juan. El promotor de la idea es Ricardo Ripoll, un sanjuanino que ahora vive en Córdoba, es licenciado en Administración de Empresas y trabajó un año en Guinea Ecuatorial y quiso devolverles algo del amor recibido.
José Marcelino ya sabe que quiere estudiar Ingeniería Química. “Muchos quieren ingeniería porque nos dijeron que es la mejor de Sudamérica y así estuvimos viendo en internet. Así, no hace falta elegir nada”, aseguró.
Viceversa
Ricardo Ripoll es el comprovinciano que pasó un año y medio en 2008 en Guinea Ecuatorial, porque comenzó a trabajar de gerente de Recursos Humanos en una empresa norteamericana que lo enviaba 3 meses al país africano. “Yo ahí hago el contacto con la gente y pudimos encarar el proyecto dentro de los programas de responsabilidad social empresaria”, contó desde Córdoba donde actualmente reside. “Tengo un aprecio muy grande por ese país y su gente. Esto es una forma de entregarles algo a cambio a ellos y a la UNSJ que me formó”, dijo.
Ripoll contó que si bien Guinea Ecuatorial es un país en desarrollo, tiene una única universidad, muy nueva, sin mucha trayectoria. De allí que Ricardo Ripoll entienda el resquemor de algunos de los chicos. “Hay muchas expectativas y algo de presión de parte de sus familias”, dijo.
Esta incipiente educación terciaria ecuatoguineana requiere de los convenios de cooperación para fortalecer la capacitación. A largo plazo la idea es que se puedan validar títulos de egresados en ambos países. Esta no es la primera experiencia para la UNSJ que ya tuvo estudiantes de México, Francia y “exportó” estudiantes a Nueva Zelanda y otros destinos.
En lo personal, Ricardo siempre estuvo abierto a la posibilidad de trabajar en el exterior. “No la pensé mucho. Lo vi como desafío personal y profesional. Si bien estaba de novio, mi pareja me apoyó y la experiencia me cambió la vida”, relató. “Pero extrañé mucho las comidas”, agregó de inmediato. “No había forma de comer asado argentino, es otro tipo de carne la que consumen, de tipo congelada. Ellos importan casi todo. Alguno de los del grupo argentino salía cada 3 meses y al volver traíamos fernet”, contó. “Lo que mata es la comunicación telefónica. Y a los chicos en San Juan les debe estar pasando también que no enganchen las llamadas. Internet era otro problema. Yo tenía que esperar hasta las 3 am para chatear y agarrar ancho de banda”.
“Hoy tengo un socio y amigos allá que me adoptaron. El año pasado viajé dos veces. No es imposible pensar en irme a trabajar allá pero tiran mucho los afectos. Aquí trabajo en forma independiente, donde está mi esposa e hijo”, dijo Ripoll.
La idea de quedarse a vivir en un continente ajeno tampoco parece definirse claramente para el grupo africano en San Juan. “No creo volver a San Juan después de esto. ¡Son 24 horas de viaje!”, dijo José Marcelino. “A menos que una sanjuanina nos rompa el corazón”, agregó entre risas.
La UNSJ está dictando un curso nivelatorio de Lengua y Matemática a los estudiantes, a modo de preparación para el ingreso. Paralelamente, hay psicólogos que ayudarán a los chicos a elegir su vocación y más adelante contarán con alumnos guía para mejorar su experiencia académica.
“Es un esfuerzo enorme la internacionalización de la educación”, dijo Cattapan. El proyecto les ocupó todo el verano trabajando, porque el ciclo lectivo en contrario al argentino.