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domingo 5 de abril de 2026

HISTORIAS

El choque de dos mundos

Un grupo de 23 estudiantes de Guinea Ecuatorial llegaron a estudiar a San Juan por idea de un sanjuanino que se fue a trabajar a ese país africano. Contaron a Tiempo de San Juan su experiencia de intercambio y contraste cultural, de entusiasmo y también de algunas decepciones. Por Ernestina Muñoz.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Ernestina Muñoz
Canal 13

El paisaje urbano cambiará definitivamente de aquí en adelante. Al menos por 5 años, será habitual ver por las calles y en los claustros de la UNSJ a 23 estudiantes africanos, con sus sonrisas pletóricas de dientes, su estética fresca de azabache, sus vestidos coloridos y su claro acento español. Llegaron para buscar un futuro académico mejor en nuestra ciudad  hace algo de una semana y compartieron sus primeras impresiones con Tiempo de San Juan. El promotor de la idea es Ricardo Ripoll, un sanjuanino que ahora vive en Córdoba, es licenciado en Administración de Empresas y trabajó un año en Guinea Ecuatorial y quiso devolverles algo del amor recibido.

Los jóvenes ya tienen mucho para decir, entre el entusiasmo y el temor ante lo nuevo. Ángela, de 18 años, con su rodete de finas trenzas doradas pareciera la gemela de Beyoncé. Fue la primera en animarse a hablar y dijo que los sanjuaninos los trataron bien “pero no saben saludar, son maleducados”. Y no es difícil de imaginar que en una provincia con 1870 afro descendientes, haya generado sorpresa en las calles ver al grupo del continente negro, conociendo el centro y los museos de la Capital. Ella dijo que a 7 días de residencia, ya extraña a su familia y a su pueblo. No quiso decir cómo se llama el lugar “porque es muy largo, pero no los quiero olvidar”. Junto al resto de los becados por la empresa nacional de hidrocarburos de ese país, Ángela pasará un mínimo de 4 ó 5 años aquí, según la carrera que quieran estudiar. Luisa, una de las más alegres del grupo, tiene clara su elección. Licenciatura en Turismo en la Facultad de Filosofía. “Me encanta el dinero”, cuenta entre risas. “Nos han acogido muy bien. Estuvimos un tiempo en la casa del padre de Ricardo (Ripoll) y probamos el mate. Pero no me gusta”, contó la jovencita de 23 años. “Ya se van a acostumbrar al estudiar a tomar mate”, le acota Adela Cattapan, la directora de Relaciones Internacionales de la UNSJ que los acompaña en las instancias educativas.  El día de la entrevista los alumnos fueron presentados a sus tutores, en las instalaciones del Palomar. Se veía buena convivencia entre ellos, se completaban las respuestas entre todos, varios se conocían de antes porque en Guinea la mayoría de los ciudadanos vive en Malabo, la capital de un país en pleno crecimiento gracias a su industria petrolera. En comparación, San Juan les pareció una urbe chica a algunos de los chicos.  Y, a pesar de los 32 grados centígrados de la tarde del miércoles pasado, a muchos les pareció un lugar “frío”.  “Esto es todo lo contrario a nuestro país, es muy seco, aquí la gente no suda”, dijo José Marcelino, de 19 años. “Pero yo me adapté muy bien. Me gusta la empanadilla y el asado. Probamos el mate y el fernet”, enumera desinhibido. Eso sí, extrañan la comida de casa. “La bambucha, hecha con la hoja de la yuca (un fruto similar a la papa) machacada con salsa palmiste (una especie de palta naranja). Malanga (parecido maíz) típico de las comunidades de la etnia fang. Coco bianco”, especificó.

José Marcelino ya sabe que quiere estudiar Ingeniería Química. “Muchos quieren ingeniería porque nos dijeron que es la mejor de Sudamérica y así estuvimos viendo en internet. Así, no hace falta elegir nada”, aseguró.

Viceversa

Ricardo Ripoll es el comprovinciano que pasó un año y medio en 2008 en Guinea Ecuatorial, porque comenzó a trabajar de gerente de Recursos Humanos en una empresa norteamericana que lo enviaba 3 meses al país africano. “Yo ahí hago el contacto con la gente y pudimos encarar el proyecto dentro de los programas de responsabilidad social empresaria”, contó desde Córdoba donde actualmente reside. “Tengo un aprecio muy grande por ese país y su gente. Esto es una forma de entregarles algo a cambio a ellos y a la UNSJ que me formó”, dijo.

Ripoll contó que si bien Guinea Ecuatorial es un país en desarrollo, tiene una única universidad, muy nueva, sin mucha trayectoria. De allí que Ricardo Ripoll entienda el resquemor de algunos de los chicos. “Hay muchas expectativas y algo de presión de parte de sus familias”, dijo.

Esta incipiente educación terciaria ecuatoguineana requiere de los convenios de cooperación para fortalecer la capacitación. A largo plazo la idea es que se puedan validar títulos de egresados en ambos países. Esta no es la primera experiencia para la UNSJ que ya tuvo estudiantes de México, Francia y “exportó” estudiantes a Nueva Zelanda y otros destinos.

En lo personal, Ricardo siempre estuvo abierto a la posibilidad de trabajar en el exterior. “No la pensé mucho. Lo vi como desafío personal y profesional. Si bien estaba de novio, mi pareja me apoyó y la experiencia me cambió la vida”, relató. “Pero extrañé mucho las comidas”, agregó de inmediato. “No había forma de comer asado argentino, es otro tipo de carne la que consumen, de tipo congelada. Ellos importan casi todo. Alguno de los del grupo argentino salía cada 3 meses y al volver traíamos fernet”, contó. “Lo que mata es la comunicación telefónica. Y a los chicos en San Juan les debe estar pasando también que no enganchen las llamadas. Internet era otro problema. Yo tenía que esperar hasta las 3 am para chatear y agarrar ancho de banda”.

“Hoy tengo un socio y amigos allá que me adoptaron. El año pasado viajé dos veces. No es imposible pensar en irme a trabajar allá pero tiran mucho los afectos. Aquí trabajo en forma independiente, donde está mi esposa e hijo”, dijo Ripoll.

La idea de quedarse a vivir en un continente ajeno tampoco parece definirse claramente para el grupo africano en San Juan. “No creo volver a San Juan después de esto. ¡Son 24 horas de viaje!”, dijo  José Marcelino. “A menos que una sanjuanina nos rompa el corazón”, agregó entre risas.

La UNSJ está dictando un curso nivelatorio de Lengua y Matemática a los estudiantes, a modo de preparación para el ingreso. Paralelamente, hay psicólogos que ayudarán a los chicos a elegir su vocación y más adelante contarán con alumnos guía para mejorar su experiencia académica.
“Es un esfuerzo enorme la internacionalización de la educación”, dijo Cattapan. El proyecto les ocupó todo el verano trabajando, porque el ciclo lectivo en contrario al argentino.


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