Mirando las fotos de Ivelise Falcioni de Bravo parece que estuvo en todo. Hija de un encumbrado militar, de chica conoció a Perón y Evita y a los Cantoni; luego, como esposa del embajador en Rusia, senador, tres veces gobernador sanjuanino y líder del Bloquismo, Leopoldo Bravo, y como diputada nacional, saboreó el poder y escribió junto a él buena parte de la historia de San Juan. Con 83 años, madre de 6 hijos, incluyendo al desaparecido Polito Bravo, recuerda como si fueran hoy pasajes de su vida que terminan siendo deliciosas revelaciones políticas. Un anecdotario sin desperdicio, narrado por una leyenda viviente.
Ivelise Falcioni: Una leyenda viviente
Ivelise Falcioni, la viuda del último caudillo sanjuanino Leopoldo Bravo, desnuda sus memorias y con ellas descubre un valioso anecdotario de más de ocho décadas de vida que dará qué hablar.
Por Miriam Walter.
“Mi padre era militar. Era compañero del General Valle, el que mandó a fusilar Aramburu. Yo era muy amiga de Susana Valle, la hija, me decía ‘acompañame a verlo a Aramburu’. Se le arrodillaba a Aramburu y le decía ‘no me lo fusile a mi papá’. Después me decía ‘Ivelise, me lo van a matar a mi papá’. Valle, cuando le hizo el pequeño golpe de Estado a Aramburu, a los que derrocaron a Perón, lo andaban buscando. Mi padre estaba en el Hospital Militar en una pieza en el segundo piso, porque papá murió de una enfermedad en los riñones. A Valle y al General Tanco los buscaban para matarlos. Y se metieron en la habitación de mi padre, él estaba enfermísimo. Estaba con mamá, él les dijo que qué hacían ahí, y ellos le dijeron que esté tranquilo, que lo habían ido a ver y ya se iban. Y tiraron una moneda: ‘cara vas vos, seca voy yo’, dijeron. Le tocó a Valle presentarse y Tanco se escapó, no sé qué habrá sido de la vida de él. Valle se presentó y lo fusilaron en un basural. A mi papá no lo fusilaron porque se murió primero”.
“En mi casa de Rodríguez Peña cenaba Don Federico, Perón, Leopoldo y yo estaba presente. Y Perón le dice ‘Don Federico, si yo llego a ser presidente, yo voy a hacer todas las reivindicaciones obreras que usted hizo, el voto a la mujer, todas esas cosas’. Don Federico le contestó ‘Ojo que el capital es muy jodido’. Y Perón le dijo ‘lo voy a intentar’. Perón cuando vino a hacer la campaña con Evita, Don Federico le hizo un acto muy grande, pero en vez de gritarle ‘Perón’, le gritaban ‘Cantoni’. Perón escuchó y desde Buenos Aires llamó al chalet y atendió Aldo Cantoni, que odiaba a los militares. Y le dice a Federico ‘che, acá te llama este hijo de puta de Perón’. Y Perón estaba escuchando. Y lo llamaba para nombrarlo vicepresidente, en vez de Quijano. Después de lo que escuchó, no fue. A mí me lo contó Leopoldo”.
-Evita
“Por algo Leopoldo fue nombrado embajador. Perón y todos los militares son materos. Tocan el timbre un día -papá sabía- y eran Perón y Evita. Venían a saludar. A Evita no la quería recibir nadie por esto y lo otro. Yo tenía 13 o 14 años, la espiaba porque no dejaban participar a los chicos de las conversaciones. Ella con un pañuelito atado, sin saber nadie que iba a llegar donde llegó. Mamá le convidó un té, unas galletitas crocantes y papá con Perón tomaban mate. Eva nunca se olvidó de ese gesto de mamá, que era muy humana. Después la íbamos a ver cómo estaba de salud y me acuerdo haberla visto con un sombrerito a cuadrillé y un trajecito y atendiendo a la gente descalza, pobre se ve que estaba cansada, que tenía las piernas hinchadas. Yo le dije ‘mamá, ¡está descalza!’. Y mi mamá me dijo ‘callate la boca’”.
-Con el terremoto
“Yo llegué a San Juan con el terremoto del ’44. El 16 de enero llegamos con papá como jefe de guarnición del RIM 22, que comprendía hasta parte de Jujuy y Cuyo. Llegamos a la estación con todo San Juan en el suelo, ahí mismo donde está la estatua de mi marido con el brazo en alto, y él no era de levantar mucho el brazo, a mí no me gusta cómo lo han hecho y le quiero poner unos árboles porque no tiene ni una florcita”.
-¿Quiere que la llevemos?
“Yo lo conocí a Leopoldo cuando papá estaba acá, pero me llevaba 10 años. Yo tengo 83 y él tendría 93. Lo conocí porque a Don Aldo Cantoni le gustaba conversar con mi papá, pese a que no le gustaban los militares y a papá no le gustaba la política, por eso Perón a papá le decía ‘gringo, vos sos de cuartel’. Pasó el tiempo, a papá lo trasladan y Don Federico y Aldo vivían en la calle San Juan en Buenos Aires. Y se visitaban. En una de esas visitas lo vi a Leopoldo, yo ya estaba por recibirme de abogada, pero mamá no me dejaba estar ahí porque era muy estricta. Al tiempo, yo iba a la facultad y Leopoldo pasó un día con un señor Mazarico y yo estaba en la parada del 124 en Congreso y me dice ‘cómo le va, Ivelise, ¿quiere que la acerquemos?’. Y yo no me enamoré a primera vista, a mí me gustaba salir, pasear, bailar. Por ahí Leopoldo me mandaba flores y mamá no quería saber nada”.
-Cartas de despedida
“En marzo del ’77 que estábamos en Moscú, Leopoldo se sintió mal del corazón, pero fue una cosa transitoria, no era una cosa grave. Pero a él se le había puesto que se iba a morir en Moscú. Y les dejó cartas a sus hijos y a mí, diciendo que eran sus últimas palabras: ‘Nada he amado más que a mi Ive’. Yo cuando me entregó las cartas estábamos acá, y le dije ‘por qué escribiste esto’ y él me respondió ‘es que creía que me moría’. Teníamos un amor especial. Yo le hacía caso en todo.
-Celos
“A veces Leopoldo en la campaña preguntaba ¿dónde anda Ivelise? Y le decían ‘usted le dice que recorra la provincia y eso hace’, y le tenían que mostrar las fotos. Él era celoso, y yo, si lo era, tenía que aguantármela, porque él era bastante mujeriego. Decían que antes tenía una novia rumana, que le pidió por ella a Stalin pero nunca se casaron. Yo le preguntaba a Leopoldo si había tenido noticias de la rumana y él me decía ‘qué sé yo’. Yo tampoco sé si fue de verdad su novia ¿y las mujeres de otras embajadores jóvenes?, qué se yo... El jefe de los astronautas rusos, Vladimir Shatalov, muy buen mozo era siempre muy atento conmigo, a mi marido no le gustaba que fuera tan atento, porque él me hablaba en ruso y yo no le entendía nada a él. Me decía ‘mucho gusto, usted es muy bonita’ y Leopoldo un día escuchó y me decía ‘qué te tiene que decir que sos muy bonita’. Yo le respondía, ‘anda a pelearte con el jefe de los astronautas rusos’”.
-Procesista
“Un día estábamos en Italia cenando con el embajador argentino en la Santa Sede, Álvarez de Toledo y su esposa, Enriqueta Anchorena que es pariente de la Fortabat. Viene el mozo y dice que lo llaman de Buenos Aires a mi marido, que lo llamaba el general Presidente Galtieri. Vuelve blanco, pero no dice una palabra delante de los comensales. Cuando se van, me dice ‘mañana me voy de vuelta a Buenos Aires, preparáme la valija’. Porque la gente que había dejado acá, Pósleman, Ruiz Aguilar, Rodríguez Castro, le había dicho Galtieri a Leopoldo que se estaban peleando de tal forma por el poder, que si no venía él a tomar el Gobierno, intervenían la Provincia. Y Leopoldo dijo ‘no, me voy yo’, porque era enemigo de las intervenciones. Y cuando vino acá le decían que era procesista”.
-Velas
“Cuando murió Federico Cantoni yo estaba en el fondo con mi suegra regando y vino Leopoldo y le dijo ‘vieja, murió Don Federico, ¿querés ir a verlo?’, Doña Enoé contestó que no, que qué se tenía que meter en casas ajenas. Pero tenía una fotito de él y me mandaba a prenderle una vela”.
-Rosarios
“Yo me acuerdo que el Papa Juan Pablo II nos regaló rosarios para toda la familia. Y a Leopoldo lo tengo enterrado con el rosario del Papa, se lo puse en la mano. Fue un encuentro muy protocolar, hablaba en español, me preguntó cuántos hijos tenía y yo le dije que seis. Yo le agradecí y le pedí la bendición, que era lo que más me importaba. Le pregunté si me dejaba tocarle la mano herida, porque había sido el atentado, y él me dejó”.
-El Alvarito.
“Yo a los presos les daba una pensión de 100 pesos y en el ’83 esos 100 pesos era mucho, y ellos me hacían a cambio cositas con madera que yo rifaba en los comedores, para los chicos, para llevarle con la comida a la gente de las villas, a la del Chorizo, a la Puñalada. ¿Se acuerdan de Alvarito, el famoso que mataron? Ese chico iba al comedor mío. ¡Era de malo!, era todo ruludito, a mí siempre me quería dar un beso y yo le decía ‘dame un beso y pórtate bien. No le tires la sopa en la cara a tu compañero’. Porque lo embadurnaba con la cuchara al compañero… Lo mataron después”.
-Cortita
“Las mujeres del Bloquismo me ponían para los cumpleaños pasacalles. Me querían. Y me votaban. Me decían ‘sea usted la gobernadora’. Yo les decía que le pregunten a Don Leopoldo, porque ‘si él quiere, seré, sino me va a poner la estaca’. Iban y le preguntaban y Leopoldo les decía ‘con mucho gusto, vamos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero puede ser’. Nunca les daba el no ni el sí. Leopoldo no era machista pero a mí me tenía cortita. Yo lo acompañaba. Un día yo estaba con los chicos arriba a la noche ya por acostarme y me dijo ‘vamos a la CAVIC’, yo le dije que qué iba a hacer a esa hora. Él me dijo que había obreros trabajando y que les llevaba packs de gaseosas y sánguches. Yo le dije que para qué me quería ahí. Él subía a las piletas y yo lo esperaba sentada en unos ladrillitos abajo. Me llevaba embarazada a los andurriales y yo tenía sed y había casas que no tenían más que un jarro y me daban agua de la acequia. Yo le decía que me daba asco y él me decía que hiciera como que tomaba, que no les despreciara, porque eso era lo único que tenían los pobres”.
-Polito
“Extraño mucho a Polito porque era el primero. Voy al cementerio y le rezo mucho. Se llevaba bien con los radicales, con Gioja, a Putin lo palmeó en la espalda. Un día fue a Buenos Aires a conocerlo a Kirchner y cuando lo vio, Kirchner le dijo ‘mañana venite que quiero conversar con vos, pero esperáme, pedí un café y un sánguche, porque tengo mucha gente’. Entonces le dijo que quería que se vaya de embajador a Moscú. Polito le dijo que era bloquista y Kirchner le respondió que no importaba. Gioja habrá intercedido, pero intervino mucho Esquenazi. Yo desde que murió mi hijo me vine muy abajo, sobre todo porque no hago la política, que es lo que me gusta. Y veo cosas que no me parecen. Pero a mí los chicos me dicen ‘callate mamá, te va a dar un infarto’”.
-Consejos
“Gioja es muy trabajador pero siempre quiso chupar al Bloquismo. No así Perón, que respetaba a Don Federico. Gioja subía a ver a Leopoldo y le decía ’cómo le va maestro, y ¿qué hacemos?’. Y Leopoldo le decía ‘trabajá 15 horas por día, todos los días, no hay sábado ni domingo, porque en política no se puede hacer menos, andá a los departamentos alejados, andá a los ranchos, hacé obras públicas, terminá lo que yo no pude porque no me mandaban plata’”.
Textual
“Cristina Fernández es valiente, es intuitiva. No la veo ni bien ni mal, la veo que hace lo que quiere, no lo mejor”.
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