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domingo 5 de abril de 2026

Personaje

La dama del sombrero

Silvina Martínez es una reconocida artista de la provincia, cuya obra no solo recibió reconocimiento en el país sino también a nivel internacional. Viajó por varios países del mundo y actualmente es docente en la Universidad Nacional de San Juan. Por Natalia Caballero.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero

-Espere un ratito para que me ponga el sombrero, le dice Silvina Martínez al fotógrafo, antes de que el click mágico de la máquina capte su imagen. La artista plástica siempre luce este accesorio, un infalible en su vestuario, en el que suelen predominar los colores fuertes, los mismos que le dan vida a la mayor parte de sus obras de arte. Ese sombrero que la ayudó a superar su timidez cuando era chica se convirtió en su marca registrada en la actualidad. La creativa se destaca en el campo de la pintura y del grabado, tareas que compatibiliza con su labor como docente en la Universidad Nacional de San Juan.

Cuando abre las puertas de su casa, todo es arte en su residencia. En las paredes cuelgan decenas de cuadros, ordenados de tal manera que parece una galería de museo. Hasta el jardín tiene ese toque especial, digno de un artista. Es que Silvina nació con el arte incorporado en su ADN, desde pequeña pasaba largas horas dibujando en su casa. Gracias al aliento de sus padres, esa niña enamorada del lápiz, el papel y la creatividad pudo desarrollar su talento en el Instituto Superior de Arte, una escuela secundaria que funcionaba en el Parque de Mayo. Como empezó muy chica el nivel medio, su madre decidió anotarse también en algunas materias opcionales, solo con el fin de acompañarla.

A pesar de que la sociedad sanjuanina a fines de la década del ’60 no veía con buenos ojos a los artistas, excepto aquellos portadores de doble apellido, en la casa de Silvina siempre la ayudaron. “Socialmente era muy criticado que se estudiara arte y más que una mujer estudiara arte, por eso el título se lo debo a mis padres”, dijo Martínez. Con mucha dedicación, la mujer se recibió en la Universidad Provincial con el título de Licenciada en Artes Plásticas.

Mientras relata su historia, los gestos abundan en el rostro de Silvina. Esa expresividad se transfiere en su obra, en la que predomina el riguroso uso de la técnica, los colores y el amor por sus raíces latinoamericanas. Ese mismo afán de conocer la cultura sudamericana fue la que la llevó a recorrer buena parte del continente. Incluso pasó dos meses en Perú, probando con la litografía y reforzando sus conocimientos en grabado, uno de los campos del arte en el que se destaca.

 Durante su estadía en Lima pasó cuarenta días encerrada en un taller, absorbiendo información para perfeccionar su técnica. Hoy en día, sigue dedicándole la misma energía al acto de la creación, en el que no hay música ni una hora fija, solo silencio y una conexión profunda con los sentimientos. Sus obras son muy requeridas en la provincia y dice que aunque le cuesta desprenderse de sus trabajos, vender es una satisfacción muy grande.

“Nada quedará sin ser pronunciado” es la frase cargada de significación que forma parte de un cuadro de la artista, que se luce en una de las paredes de su vivienda. Las palabras del escritor francés Maurice Blanchot describen a la perfección las obras de Silvina, en las que se destacan la iconografía peruana y ciertas cuestiones arqueológicas relacionadas con la etapa pre-colombina en donde los aborígenes eran los dueños del territorio americano.

Uno de sus objetivos como artista fue siempre acercar el arte a la popular, en este sentido Martínez además de hacer mega obras también hace una línea artesanal, en la que se destacan libretitas pintadas a mano y cuadros de pequeño porte que se comercializan en casas de comercio céntricas.

Pero la pintura, el grabado y la docencia no son sus únicas actividades. La palabra multifacética encaja perfectamente con su personalidad. Es que además la faceta conocida por todos, Silvina también baila folclore. Le gusta despuntar el vicio junto a un grupo de amigos, con los que practica esta danza. Su lenguaje corporal denota que la artista se maneja como un pez en el agua en el mundillo de la música.

Como todos los artistas, la mujer es una recolectora por naturaleza. Pinceles, telas pequeñas y grandes, óleos, cartones, papelitos, de todo acumula en las habitaciones de su vivienda. “Soy coleccionista de cuanta cosa encuentre. Ya no tengo lugar en donde colocar cosas, está todo lleno”, explica entre risas Silvina. Algunos de esos elementos son los que después le dan vida a sus obras, otros quedarán guardados por siempre en los cajones de su taller.

Si algo no le falta a la vida de Silvina es contacto social. Desde el 2007 al 2009 fue la escenógrafa de la Fiesta Nacional del Sol y ahora sigue colaborando con la organización. Aparte, siempre ha sido escenógrafa del grandísimo Oscar Kummel. Aunque le encanta el teatro y la mística que se despliega en el escenario cada vez que se abre el telón, revela que nunca pensó en ser actriz, lo suyo está en el detrás de escena, en esa fase creativa que implica crear mundos en base a un guión.

Profesora en la Universidad, bailarina de danzas folclóricas, escenógrafa son algunas de las facetas de esta artista sanjuanina, que colabora con sus ganas y con sus conocimientos en el desarrollo cultural de la provincia.

 

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