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domingo 5 de abril de 2026

CASOS QUE CONMOCIONARION A SAN JUAN

Lo que el agua se llevó

La histórica inundación del año que transitamos no fue la única. En el mes de enero de 1986, el departamento de Sarmiento se veía sumido bajo el agua. A partir de la década de los ’80 este departamento sureño no dejó de tener problemas de inundación. Por Michel Zeghaib.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Michel Zeghaib

La primera vez fue en 1983. Esta inundación cubrió alrededor de 3.000 hectáreas de terrenos cultivados produciendo pérdidas en 1.500 hectáreas de vides, pasturas, chacras de melones, trigo, entre otras cosas.

Tres años después (1986), a pesar de los infructuosos reclamos que los sarmientinos año tras año hacían llegar al gobierno provincial y nacional de turno, volvió a ocurrir. El tema de las inundaciones perfilaba ser para el departamento del sur sanjuanino una desgracia donde los acontecimientos y los actores se repiten una y otra vez sin razones aparentes. En aquella ocasión –la del ’86– aparecían nuevamente las furiosas aguas del río Mendoza. Su violencia afectó zonas de cultivo, caminos y casas de familias. Fue feroz. Lo que nadie imaginaba en aquella década del ’80 era que, vivir bajo el agua, sería para el departamento de Sarmiento una realidad repetida.

El deslizamiento de nieve de la cordillera mendocina desbordó el caudal del canal 4 a la altura del kilómetro 96 de la ruta 40. Más de 20 cm3/s recorrían el suelo sarmientino colocando al departamento en una situación de extrema peligrosidad. Pero, esta situación de vulnerabilidad que padecía Sarmiento no había sido provocada sólo por los desbordes del río Mendoza, sino también por los implacables temporales –con sus consecuentes aluviones y crecidas– que sobrepasaban los recursos de protección de las diversas zonas afectadas.

Mientras tanto, el entonces intendente departamental, Pedro Cabrera, se quedaba sin respuestas precisas y efectivas. Sólo llegó a esbozar un grito de auxilio al gobierno de la provincia porque, de otra manera, el agua también lo taparía a él, y por ende, a su gestión. La pérdida de tiempo  y la falta de reacción política, se enarbolaron como los principales motivos de las falta de capacidad para responder a los “castigos” de la naturaleza. Pero, poco a poco, se empezaba a caer en la cuenta de que los castigos no eran sólo de la naturaleza, sino también de la ineficacia política.

El departamento de Sarmiento en general, era presentado por los medios de la época como un lugar en estado de total abandono, sobre todo, en lo que respecta a infraestructura. Después de cada inundación, aparecían otros problemas concomitantes como: contaminación, afloramiento de pozos sépticos, falencias en obras públicas, caminos intransitables, comunicación cortada. Y, por supuesto, la lógica inmigración a departamentos aledaños, por ejemplo, Caucete. Numerosas familias abandonaban, tras cada inundación, sus precarias viviendas, y migraban a otras zonas de la provincia más seguras para vivir.

Sarmiento, en aquellos tiempos, era visto como un lugar paradójico. Era una de las zonas más ricas de la provincia, y, al mismo tiempo, un lugar de supervivencia. Mutilada por el clima, por un lado; y por la desidia oficial, por otro. Han pasado 30 años de aquella primera vez. Hoy, Sarmiento vuelve sufrir.

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