¿Cómo fue el manejo? El Tribunal de Tasaciones está constituido por tres miembros permanentes y tres rotativos, y en cada caso, las partes aportan un perito: la Fiscalía de Estado por el lado de la provincia, y el dueño del bien expropiado por el otro. Cada uno hace su propio dictamen: el tribunal por su lado, el perito de Fiscalía por otro y el perito de parte por el otro. Los tres son sometidos a votación en un plenario, de donde surge uno. Luego, el juez lo toma en cuenta, sin que se trate de una definición vinculante.
En el caso del Parque de Mayo fue todo muy extraño. Porque por medio de rebusques y episodios no demasiado claros, ni el Tribunal ni el perito de Fiscalía emitieron dictámenes válidos, y sólo se tuvo en cuenta el que presentó el perito aportado por Santiago Graffigna, el ingeniero Fernando Videla, por un monto muy parecido al que finalmente terminó fijando el juez: más de $ 15 millones.
En marzo del 2006, cuando el Tribunal recibió el caso, la perito de Fiscalía Ana María Melvin no aceptó el cargo, aparentemente por problemas de salud. Por lo tanto, el tribunal devolvió el expediente al juzgado para que ordene el reemplazo de Melvin y pidió que se suspendan los términos perentorios que tienen para emitir el dictamen, pero Graffigna se opuso a esa suspensión de los términos.
El juez Macchi no resolvió nada: si suspender, como pidió el tribunal, o si no suspende, como pidió Graffigna.
Entonces, Baistrocchi –por la Fiscalía- propuso a dos peritos: Nievas o Quiroga y un mes después, en mayo, el juzgado lo dio por sustituido: entró Quiroga. El 2 de junio, el juzgado aceptó la suspensión de términos, pero Graffigna presentó un recurso en contra. Pocos días después, el nuevo perito –Quiroga- aceptó el cargo, pero pidió más plazo para presentar la pericia porque el plenario era al día siguiente.
No se lo dieron, y en el plenario, la Fiscalía se quedó sin pericia. Ese día, el 14 de junio del 2006, el Tribunal de Tasaciones presentó su propia estimación del costo de esa fracción del Parque de Mayo: $5.462.393 porque no tasó la vereda, ni el muro, ni ninguna de las mejoras. Firmaron los tres miembros transitorios: Fernández, Moreno y Bazzani, con la ausencia de los tres transitorios, Quiroga Gil y Yanzón.
Pero una semana después, el juez Macchi resolvió hacer lugar al reclamo de Graffigna de que los plazos estaban vencidos porque no correspondía suspenderlos con el apartamiento de Melvin. Y descalificó la pericia del tribunal. La única que había sido presentada y luego convalidada por el juez era la pericia de Fernando Videla, el perito de Graffigna, que puso un valor de $15.616.934, correspondientes a todos los rubros que luego terminó validando Macchi con su sentencia de casi $15 millones.
Pero allí no terminó la película. Porque siete meses después, ¿quién aparece en escena? Sí, Ana María Melvin, la perito que había desencadenado la discordia con los tiempos por no haber aceptado el cargo. Ya sin lugar en el caso, extrañamente, ahora sí lo hizo y presentó una pericia por $12.350.086 que tenía en cuenta sólo el terreno.
Surgió entonces un debate sobre si tener en cuenta o no esa pericia. Cuando la recibió, el juez corrió vista a las partes Graffigna pidió que se desglose, es decir que se retire del expediente por extemporáneo y porque no era la perito designada. Baistrocchi pidió que no, y dijo que en honor al esfuerzo de Melvin y aunque no se la tenga en cuenta para la sentencia, no se la desglose del expediente. Entonces, el juez Macchi le respondió que no la desglosaría sólo si tiene la conformidad de la actora, es decir de Graffigna. Y apareció una conformidad parcial del abogado: que no se desglose, pero no se considere. De función decorativa, digamos.
¿Habrá sido esa una maniobra dilatoria a la que se prestaron todos los actores de esta frustrada tasación por el bien más caro que tuvo que pagar la provincia en toda su historia?, ¿será un paso de comedia para permitir que el juez no quedara desacomodado al convalidar sólo la pericia de Graffigna? Demasiadas dudas y manipulaciones para un desenlace que obliga a pagar una suma sideral, con conductas dudosas en el medio.