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domingo 22 de marzo de 2026

Informe

Viaje al corazón del barrio "cartonero" de San Juan: vivir del reciclaje entre la discriminación y la esperanza

Más de la mitad de los habitantes del Barrio Los Médanos se dedica a la recolección y venta de cartón. Empujando carros, formaron una cooperativa de trabajo y un merendero en el que alimentan a un centenar de chicos. Sueñan con transformarse en empresarios. Videonota.
Por Carla Acosta

Una fila enorme de carretelas y camionetas se adueñan prácticamente de la calle principal del barrio. Los rostros de cansancio de sus dueños son visibles, como así también el brillo que genera en sus ojos la balanza que definirá cuánto dinero llevarán a sus casas. A dos cuadras, otra vivienda y otra cola de "cirujas" esperando el veredicto final. "Estuve toda la mañana bicicleteando para llevarme 700 pesos", dice resignado Hugo, uno de los más de 100 vecinos que se dedica a la recolección y venta del cartón y otros materiales reciclables. Si bien pasó cerca de cinco horas para juntar lo que un empleado formal puede ganar en una, asegura que hay días mejores.

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Mientras de fondo un hombre pispea un conteiner de basura, casi como buscando un tesoro escondido, en la casa de Kevin Vela siguen llegando otros ambulantes de la calle. Kevin es uno de los líderes de la cooperativa de cartoneros que se formó por y para el barrio. En su casa, donde vive con su esposa e hija, salen y entran a cada rato grandes fardos de cartones. Su pareja lo ayuda con el pesaje. Lo que hace, básicamente, es evitarles el viaje a los vecinos hasta la chacarita. Él mismo, con tres ayudantes, apilan lo recolectado en camionetas y luego lo trasladan hacia su destino final para revender el material.

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El Barrio Los Médanos está en Rawson, detrás del excamping Foecyt, y en plena pandemia se transformó en el refugio de los cartoneros. No sólo porque más de la mitad de sus habitantes vive de la venta de cartones, sino porque a diario reciben decenas de changarines de otros departamentos. Las carretelas casi invaden a diario las calles internas del barrio. Otros empujan los carros a pie o en bicicleta. Reconocen que el transporte a tracción les genera inconvenientes a diario, pero se defienden y aseguran que para muchos es el único medio con el que pueden llegar a generar "una monedita extra".

"Siempre está la mirada discriminadora. Hay gente que te ve en la calle y te insulta o te llama la Policía por el tema de los caballos. Si supieran que el animal lleva más peso con una persona que con un carrito de cartones. Por ahí ven un carro con un enorme bulto de cartones y son apenas 20 kilos. Es más volumen que otra cosa", cuenta Kevin.

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Esto también choca con los intereses y pensamientos de la parte del barrio que es ajena a la realidad que ellos viven a diario. A menudo reciben denuncias anónimas y multas municipales, a pesar de que los escobillones no descansan. Los chicos que acompañan a Kevin y que integran también la cooperativa son los encargados de barrer las calles y veredas post descarga de cartones u otro material reciclable. Los fines de semana, en cambio, se encargan de la desinfección de las arterias afectadas del barrio.

"¿La gente prefiere delincuentes?. Deben saber que ser cartonero es un trabajo digno, es un rebusque. Hay gente que no cobra nada o no tiene un trabajo formal, y esto es una salida", dice enfáticamente Karen, una de las mujeres que también integra la cooperativa que, por cierto, tiene un numeroso sector femenino.

La cooperativa que formaron los cartoneros del Barrio Los Médanos está amparada por el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

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Fotografia: Gabriel Iturrieta

Los protagonistas dicen que el oficio cartonero en el barrio creció exponencialmente en plena pandemia de coronavirus, transformándose en una alternativa laboral para más de la mitad de las familias que habitan en la comuna. Un oficio sin descanso ni hora. "Empezamos en mi casa y de a poco la gente se empezó a sumar. Venían con carritos o con bolsones para vender los cartones. Hoy somos más de 100, casi todo el barrio", apunta Héctor Navarro, otro de los cabecillas de organización.

Si bien hay tres casas que sirven de "búnker" para el cartón, buscan tener un espacio adecuado para el acopio de los materiales. Aseguran que teniendo un lugar propio volverían a recuperar las casas de familias, que en medio del aislamiento se transformaron en pequeñas recicladoras, e incluso les permitiría expandir esta pequeña industria pujante y que hoy sirve de salvataje para un centenar de familias.

"Los muchachos recorren muchas partes de la provincia buscando cartones. Pueden caminarla horas y horas para para juntar 1.800 pesos", Darío Guevara, cartonero.

Actualmente les pagan 20 pesos el kilo de cartón y creen que, teniendo un lugar propio, podrían venderlo fuera de la provincia para sacar mayor rédito. Ya pidieron ayuda al municipio de Rawson -de hecho hasta reclamaron en plena Boulevard Sarmiento- y por ahora no tuvieron respuestas. Aún así no pierden las esperanzas de algún día poder hacer crecer el negocio del reciclaje. De changarines a empresarios, es el sueño.

"En un galpón podríamos almacenar todo el cartón, mucho más que en una casa particular. Podríamos llevarlo fuera de la provincia, que el laburo y la plata rinda. Acá te pagan dos pesos por el kilo de cartón y sin importarles que hayas salido a juntarlos con frío, con lluvia o viento. Bien o mal lo que se junta es una ayuda para la familia. Pero sería una gran solución para nosotros tener un lugar donde laburar y expandir el oficio, sin molestar a nadie", agrega Héctor.

Viaje al corazón del barrio "cartonero": Vivir entre la discriminación y la esperanza

La otra cara de los recicladores informales

En medio de la dificultad y lo arduo que resulta ser cartonero, un oficio cien por cien de la calle, decidieron apostar también a un rol social. Es que una pequeña parte de lo que lo que ganan en la recolección de cartones va destinado al merendero "Ayudar a Vivir", el cual formaron meses atrás con ayuda de los propios actores de la organización. De esta manera lunes, miércoles y viernes le dan la leche a casi un centenar de chicos de la zona. Todo, a pulmón.

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El fenómeno cartonero

Los recolectores informales están desde que existen los desechos. Se dice que el primer boom se dio antes de los 90, aunque el más visible se originó en el 2001. Aquel año, las recuperadoras o también llamadas "chacaritas" pasaron a tomar un fuerte rol en la sociedad, en medio de una crisis social, económica y política. Este fenómeno se dio no sólo por la falta de empleo, sino también por el aumento que sufrieron los precios de los materiales reciclables en consecuencia de la devaluación y caída de las importaciones de esos elementos.

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