Guillermo Ducloux y Victoria Artstein están casados y tienen hijos. A simple vista, parecen una familia sanjuanina como cualquier otra, pero hay una pasión que los une, que los hizo reflexionar y llevar adelante lo que desde hace un año decidieron llamar Bosque Urbano, un emprendimiento que utiliza un novedoso mecanismo de reciclaje donde por un lado ingresa plástico basura y del otro salen muebles que parecen de madera.
Una transformación increíble: de basura a muebles
“Surge como una necesidad de cambio de vida. La verdad que nosotros, sobre todo en la pandemia, sentimos esa necesidad de cambiar, de dejarle a nuestros hijos un mundo más limpio. Veíamos por donde íbamos que había plástico tirado, y esa basura la verdad que nos ponía incómodos”, comentan Guillermo y Victoria a Tiempo de San Juan desde la puerta de la fábrica.
Ante esa inquietud, comenzaron a investigar distintas maneras de cambiar no solo los hábitos de la familia incorporando el reciclaje, sino ver qué hacer con todo el plástico que ellos dejaban en la basura como también el que encontraban por todos lados. Así fue que surgió Bosque Urbano.
El proceso de reciclaje que utilizan no es complejo, pero sí muy cuidadoso. Utilizando la maquinaria necesaria, lo primero que hacen es recibir la basura compuesta de botellas, tapas, envases, bolsas, entre otros. Esto se pica en un molino de alta recuperación, obteniendo hojuelas.
Una vez contando con todo el plástico picado, se lava, limpia y seca para eliminar todo el residuo que haya quedado. Posteriormente se incorpora en un proceso de destrucción. Guillermo explica que se trata de un moldeado a temperatura controlada, llevando el plástico al punto de fusión que no produce humo contaminante. “Es importante controlar la temperatura, porque una vez que el plástico combustiona no solo contamina, sino que no vuelve a servir”, señala.
Pasado el material por destrucción, se vuelca en moldes de hierro de gran tamaño, para obtener lo que denominan “madera plástica”. Se trata de tablas de distinto tamaño con aspecto similar a la madera, en lo que es relieve y textura. Las mismas son ensambladas luego para dar vida a muebles como sillas, sillones e incluso ahora están trabajando en pérgolas.
Lo positivo de este proceso es que, si por algún motivo estos muebles se encuentran en desuso, se pueden volver a reciclar y moldear.
El emprendimiento de la pareja sanjuanina no solo busca eliminar el residuo plástico de la provincia. También sumaron un fin solidario. “Estamos actualmente realizando una campaña solidaria con la Fundación Manos Abiertas. Es una fundación que trabaja con la Casa de la Bondad, un espacio que acompaña a las personas que están en los últimos momentos de sus vidas. Estamos recolectando tapas en distintos lugares y la idea es que la gente se acerque y done. El objetivo es poder transformar esas tapas en muebles y al venderlos, ese dinero se destinará a la Fundación”, explica Guillermo.
Con una fuerte apuesta y dedicación en familia, Guillermo y Victoria buscan no solo ayudar al medioambiente, sino además generar fuentes de trabajo y crear consciencia en la sociedad sanjuanina, remarcando la importancia de reciclar y de entender que mucha de la basura que se tira, puede tener una segunda oportunidad.