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domingo 22 de marzo de 2026

Fe

Tras los milagros de Brochero: cómo pueden pedir los sanjuaninos el poncho sagrado que va a domicilio

La Policía de San Juan resguarda la reliquia en su Museo y tiene la misión de llevarla a la casa de cada sanjuanino que la necesite.

Por Daiana Kaziura

En una caja de madera vidriada y prolijamente guardado justo en el centro del Museo Guzzo, en la Central de Policía de San Juan, espera custodiada una reliquia del Santo Cura Brochero. Se trata de un poncho del primer santo argentino, que llegó a San Juan con una misión para los efectivos locales: llevarlo a la casa de sanjuanino que lo pido ante una necesidad espiritual o de salud. Con esa función, en sólo 4 meses el ponchito ya visitó más de 30 hogares y desde la Policía aseguran a que están a la espera de nuevos llamados.

“El poncho del Santo Cura Brochero fue donado por el Santuario de Cura Brochero, de Córdoba, en diciembre del año pasado. Esta reliquia es muy importante porque sirve tanto a la institución como a la sociedad. Nosotros se lo llevamos a las personas que más lo necesiten y quieran recibirlo en su domicilio. Sólo tienen que avisarnos y vamos a sus casas con el poncho”, asegura Rita Robledo, miembro de la Policía, mientras realiza un recorrido por el Museo Histórico Policial Subcrio Gabriel E. Guzzo.

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Ella explica que ese poncho es considerado una reliquia de grado 3, categoría que adquiere un objeto tras haber pasado más de 10 años en contacto con un elemento del Santo, en este caso, la tela estuvo colocada ese tiempo sobre su ataúd.

Fue una casualidad que ese elemento haya llegado a San Juan. Sucedió tras un viaje del capellán de la Policía local, Gabriel Laciar, a Córdoba. Él se encontró allí con el capellán de la Policía de esa provincia y, cuando visitaron el Santuario de Brochero, y entre ambos surgió la idea de traer ese “regalo” a San Juan. Después de eso, en diciembre del año pasado, la prenda fue entregada al museo sanjuanino durante una ceremonia.

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“Desde ese momento hasta ahora, fácil hemos tenido más de 30 salidas para visitar a personas en sus viviendas, en distintos departamentos de la provincia. Hasta ahora, los departamentos más alejados que hemos visitado son Pocito y Caucete. Pero si nos llaman de cualquier otro departamento, de Valle Fértil, de Iglesia, nosotros vamos, porque es la misión que nos han encomendado, que sea para beneficio de todos. También recibimos a algunas personas vienen acá, al museo, para conocer el poncho”, revela Robledo.

Y confía que, “ha habido muchos casos de personas que nos han convocado por enfermedades y después nos han llamado para contarnos sobre su curación o para agradecernos porque se han sentido aliviados con la presencia del poncho. Es muy impresionante porque nosotros les colocamos el poncho sobre los hombros de las personas, a través de una autorización que nos ha dado nuestro Capellán, y de inmediato se vive una emoción muy intensa. En los últimos días hemos estado en una casa de Pocito y la señora se emocionó mucho y nos decía que sentía escalofríos mientras tenía puesto el poncho”.

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Quienes quieran solicitar la visita del poncho del Santo Cura Brochero, pueden comunicarse a los teléfonos 4296818 o 4296819. “Cuando llaman a los números de nuestra oficina de Relaciones Policiales, la gente nos puede dejar su contacto para que después nos comuniquemos y acordemos fecha y horario de la visita. Nosotros seguimos esperando que la sociedad lo pida, porque para eso está”, destaca Robledo.

El museo de la Policía y algunas de sus joyas

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El Museo Histórico Policial Guzzo se encuentra en una sala del edificio de la Central de Policía y permite a los visitantes realizar un paseo en el tiempo conociendo la historia de la institución. En el lugar, se puede descubrir cómo nació la Policía y quiénes fueron los primeros funcionarios policiales, aprender sobre los avances de las armas y la comunicación, y conocer la historia de la División Banda de Música, además de ver de cerca el poncho del Santo Cura Brochero.

El Museo de la Policía se encuentra en la Central de la institución, en calle Entre Ríos 579, Sur y se puede visitar de lunes a viernes, de 9 a 13 y de 17 a 21.

A continuación, las otras 3 joyas del museo policial sanjuanino:

1- El sable de Antonino Aberastain

El único sable de Aberastain que hay en la provincia se encuentra en el Museo de la Policía. Fue donado por su familia, data de 1840 y en la empuñadura tiene labrado el Escudo. El sable fue entregado junto con un retrato del exgobernador sanjuanino, que fue restaurado por el Museo Provincial de Bellas Artes y tiene una fecha estimada de entre 1840 y 1860. Es un óleo y se cree que puede haber sido del tamaño original, pero que, con el paso del tiempo, sólo quedó el rostro. Lo pintó Gregorio Torres, un artista mendocino, que era muy amigo de Domingo Faustino Sarmiento y de su hermana, Procesa, y es la única imagen que conserva de Aberastain.

“Para nosotros es muy importante porque nuestra historia comienza con su muerte”, comenta Robledo. Y es que, Aberastain murió durante la batalla de La Rinconada, mientras se defendía la autonomía provincial. Él fue apresado y luego lo mataron. A raíz de su deceso, Sarmiento llega a San Juan y se hace cargo de la Gobernación. Él encuentra una provincia totalmente revolucionada y empieza a ordenarla administrativamente. En ese momento crea la Policía de San Juan. “Lo hace por un decreto en el que ordena nombrar a los 50 primeros hombres, a cargo de Camilo Rojo, y la única condición que pone es que sepan leer y escribir. Estamos hablando de los inicios de 1860 y más del 80 por ciento de la población era analfabeta en ese momento”, indica la mujer durante el recorrido por el Museo.

Y muestra que, además, poseen en el lugar los decretos que marcan, por ejemplo, el reglamento de los policías que impuso Sarmiento y el documento que establece la compra de los uniformes, que fueron adquiridos en Chile y eran de color verde

2- La colección de libros con los partes policiales más antiguos

El Museo contiene, además, una exposición de libros que datan de las décadas de 1860, 1870 y 1890 y están escritos a mano, en castellano antiguo. En esos libros se plasman las novedades que había en las distintas dependencias de la Policía local. “Para esa época no había municipios, entonces las autoridades más importantes de la provincia eran el Gobernador y el Jefe de Policía. Entre sus funciones estaban la del control vehicular, que aún se mantiene, y también había una parte de lo que hoy sería Bromatología, a través de la cual la Policía mandaba a personas a distintos mataderos y carnicerías de barrio para que controlaran el estado de la carne e inclusive controlaban los precios”, cuenta como anécdota Robledo.

Además, están los libros en los que figuran los pedidos de captura de Santos Guayama y “Chacho” Peñalosa. En algunos indican que han sido vistos por la jurisdicción de Desamparados y habla de “los maleantes con sus secuaces”.

3- El policía que se inmoló por Cantoni y recibió casi un centenar de disparos

Otras de las reliquias del museo que sobresalen son las que corresponden a José Agustín Tourres, el primer jefe de la Policía de la provincia muerto en actos de servicio.

Todo sucedió en 1936 mientras, además de ser jefe de la Policía, Tourres tenía 36 años y se desempeñaba como custodio del gobernador Federico Cantoni. Fue cerca del mediodía que el hombre salió de la jefatura de Policía para buscar al Gobernador que se encontraba en el edificio de Casa de Gobierno, que para ese entonces estaba frente a la plaza 25 de Mayo. Su misión era llevar a Cantoni a su domicilio mientras existían informes que indicaban que el Gobernador podía sufrir un atentado.

“A metros de Casa de Gobierno sufren una emboscada y se inicia una balacera. Incluso, la estatua de Sarmiento ubicada en la Plaza 25, en la parte de atrás, tiene un impacto de bala que se produjo en ese momento. Cuando Tourres abre la puerta para cubrir al mandatario recibe todos los impactos. Cantoni sólo sufre una herida en el costado de la cabeza, cae herido, pero no es de gravedad. Sin embargo, Tourres fallece. Según el reporte de la autopsia, que tenemos aquí en el Museo, recibe alrededor de 90 disparos en su cuerpo. A raíz de su muerte nuestras órdenes del día figuran ‘en y por actos de servicio’”, sostiene Robledo.

Mientras tanto, señala una serie de recortes de diarios de la época que hablan del suceso y de los días previos y posteriores a ese momento. “Se inmoló por el jefe”, indica el título de uno de ellos. A su lado, están las medallas que había recibido Tourres durante sus años de servicio y los elementos que llevaba en el momento de su muerte: una tarjeta para viajar en el ferrocarril, su pasaporte, la hebilla de su cinto, los cargadores y su cartuchera.

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