Sheyla Ponte es imponente, esbelta, magnifica e irradia una luz única cada vez que se sube a los tacos y entra en personaje. Bajo el escenario, se define como una persona tímida, introspectiva y algo nerviosa, pero ese no fue un impedimento para conquistar al jurado en la Elección Transformista Argentina 2024, quedándose el primer lugar, con la corona y sobre sus hombros, la representatividad de la comunidad transformista del país.
Sheyla Ponte, la sanjuanina que se quedó con la corona y es la nueva Reina Transformista Argentina
Córdoba fue el epicentro del evento que coronó a Sheyla Ponte en uno de los certámenes más populares de la comunidad LBTIQ+. Su historia y la lucha contra los discursos de odio que enfrenta día a día.
El certamen se llevó a cabo en Córdoba a principios de mes, precisamente en Zen Disco, uno de los boliches icónicos de la comunidad LGBTIQ+ a nivel nacional y fue organizado por la productora Miss Femme Cba. Si bien el público pudo disfrutar del talento y creatividad de las aspirantes a la corona durante la noche, la preparación comenzó mucho antes.
“En Córdoba es la primera vez que me presentó”, comentó a Tiempo de San Juan Sheyla. Y continuó: “Córdoba es una de las provincias donde se hacen las elecciones más importantes del país, Tucumán también. Es como una meta ir a la elección nacional más importante dentro de lo que yo hago”.
Antes de continuar, es importante explicar, sobre todo para aquellos que se apresuran a juzgar antes de entender, la diferencia entre la Elección Transformista Argentina y el certamen Miss Trans Argentina, que fue ganado por la sanjuanina April Valentina.
“Soy transformista, mi identidad es la misma con la que nací, y cuando tengo un evento o similar, hago una transformación, lo que algunos llaman travestismo. El transformismo es bastante más ancestral, más antiguo, porque se usaba en la época en la que las mujeres no se les permitían actuar, y los hombres se dividían los roles, los masculinos y los femeninos. Desde ahí nace el transformismo, y es lo que yo hago”, explica Sheyla.
Su participación en el certamen no nació precisamente de ella, sino más bien desde su entorno, que fueron quienes la convencieron de presentarse. Dentro de las ideologías y filosofías de Sheyla convive un dilema en torno a las elecciones y los certámenes de belleza. Por un lado, se encuentra con la necesidad de dejar de lado ciertos estereotipos o estándares de belleza, entendiendo que forman parte del imaginario colectivo, limitando y llevando incluso a la discriminación.
Por el otro, entiende que se trata de experiencias enriquecedoras que representan un desafío, al menos a nivel personal. “Si bien soy estudiante universitario, me estoy formando y tengo vida social como cualquier persona, mi personalidad es muy retraída, soy muy nerviosa, soy muy introspectivo, tímido, no me doy fácil con las personas y este tipo de eventos me ayuda a superar mis propios miedos, mis propias limitaciones”, comenta.
Pero en esta oportunidad se sumaba un condimento más, y es la edad. “Pasa que tengo muchos prejuicios con el tema de la edad, me sentía bastante grande, pero este año en lo que es elecciones hay un cambio de paradigmas grande con otras edades, otros cuerpos, otras etnias, se está abriendo bastante más y eso me llevó a presentarme”, comenta la representante nacional de 34 años.
El día de la elección y la perlita en el conteo de votos que casi cambia el destino de Sheyla
El evento se realizó el 3 de abril en una ciudad de Córdoba helada. Sheyla llegó acompañada de su pareja y dos amistades hasta el restó de Zen Disco, donde fueron convocadas sobre el horario del almuerzo para un primer encuentro de todas las aspirantes y el ensayo previo a la presentación ante el público y el jurado.
Pasada la medianoche inició la red carpet, donde las 14 postulantes llegaron con todos sus brillos y un glamour propio de la elección. Aunque la creencia popular lleve a creer que el objetivo era conquistar al jurado, para Sheyla el único objetivo era disfrutar de la experiencia, de la oportunidad. En su pasado ya cosecha dos certámenes nacionales, uno ganado en Bariloche y otro en Tucumán, por lo que las expectativas de lograr algo en Córdoba no eran altas.
“A la hora de la elección había un jurado que tenía un papel donde anotaban las categorías que iban a elegir. Ellos tenían que poner los nombres o números de las candidatas. No era acumulativo, sino que era por categoría. Si te elegían varias veces en distintas categorías, no implicaba que ganabas, sino que era ser la más elegida en la misma categoría”, explica Sheyla.
Y continúa: “Hubo un error durante el conteo. Me nombraron como segunda mención. Yo feliz, porque con un mínimo premio estaba re contenta. Cuando me estaban por poner la banda dijeron que había un error, entonces nombraron a la segunda mención, luego a la primera mención, que era una chica de Santiago del Estero, y luego a mí como reina. Cuando dijeron mi nombre pensé ´se equivocaron de nuevo´. Fue muy gracioso. No me lo esperaba, porque no fui con la intención de ganar, sino de mostrarme”.
Realizar una elección a nivel provincial y aprovechar la corona para combatir el odio, las aspiraciones de Sheyla durante el reinado
Si bien reconoce que todo es muy reciente y no le han detallado cuales serían sus “obligaciones” como representante nacional, está rodeada de ideas, proyectos, pero sobre todo ganas de hacer algo diferente.
“No me gustaría ser reina de una noche”, remarca.
Entre sus deseos y anhelos se encuentran realizar la elección transformista a nivel provincial. Si bien este tipo de eventos se hacían en San Juan, desde hace años dejaron de organizarse, y su intención es retornarlos, pero dejando de lado estereotipos y conceptos de bellezas que encasillen a las personas, y poniendo el foco en el talento de la transformación.
Pero eso no es lo único. “Aprovecho este lugar de representatividad, porque considero que estos lugares te dan un especial foco de atención, y ante todas las cuestiones políticas que están pasando como los mensajes de odio, de discriminación, quisiera usar este momento para contrarrestar esos mensajes de odio. Me gustaría hacer una red con diferentes personas para armar un proyecto sociocultural o socio comunitario de prevención, de maltrato o violencia. Estoy craneando algo”, adelanta.
Sus intenciones no solo se concentran en lo social, sino que van más allá, procurando que diversos espacios se involucren como asociaciones, agrupaciones e incluso la comunidad universitaria. “Soy estudiante de trabajo social y desde este otro lugar me he puesto la misión de dejar algo, de hacer algo bueno y por estoy armando un proyecto en contra del odio y los mensajes de violencia”, finaliza.