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domingo 12 de abril de 2026

Historias que inspiran

Los soñadores de "Trabajando Sueños", con más chances de transformar su realidad en San Juan

Con un incremento del 75% en el estímulo económico y la ampliación del rango de edad hasta los 65 años, el programa provincial busca consolidar la inclusión efectiva de personas con discapacidad en el sector público y privado.

Por Miriam Walter

En San Juan se acaba de lanzar la segunda edición de Trabajando Sueños. Esta iniciativa no es simplemente un programa de asistencia, sino una política pública diseñada para derribar las barreras que enfrentan las personas con discapacidad al intentar acceder a un empleo digno e inclusivo. En tierra sanjuanina, los datos son elocuentes: existen 29.275 personas con Certificado Único de Discapacidad (CUD), de las cuales 16.581 están en el rango de edad laboral. Ante este escenario, el Ministerio de Familia y Desarrollo Humano decidió redoblar la apuesta este 2026, introduciendo cambios que amplían el horizonte de oportunidades para los "soñadores".

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Daniel Ceferino Molina tiene retraso madurativo leve y trabaja como repositor en Supermercado Don Eduardo gracias a Trabajando Sueños.

Una de las modificaciones clave es la extensión del límite de edad, que ahora abarca a postulantes de entre 18 y 65 años, superando el tope de 55 años que regía el año pasado. Además, el respaldo económico se fortaleció con un aumento del 75% en el monto mensual que perciben los participantes por su entrenamiento. De los 200.000 pesos otorgados en 2025, el estímulo pasó a ser de 350.000 pesos, una cifra que incluso supera los montos de las pensiones por discapacidad, con las cuales el programa sigue siendo plenamente compatible. El objetivo es dar una estabilidad que permita al beneficiario enfocarse en su formación y desempeño.

El programa del Ministerio que conduce Carlos Platero se despliega a través de tres ejes estratégicos que garantizan una cobertura integral. La Línea A se enfoca en entrenamientos de seis meses en empresas y organismos públicos, con un cupo inicial de 60 personas, buscando cubrir puestos específicos que las entidades realmente necesiten. La Línea B permite la inclusión en grandes eventos provinciales como el IRONMAN, las Colonias de Verano o la Fiesta Nacional del Sol, mediante tareas rentadas de duración variable. Finalmente, la Línea C ofrece un servicio de consultoría gratuita para empresas privadas, facilitando la selección de perfiles idóneos desde una base de datos que ya ha registrado a cientos de interesados en integrarse al mercado formal. Los antecedentes avalan el éxito del formato: en 2025, de las 61 personas que completaron su entrenamiento de medio año, el 11,48% logró quedar efectiva o contratada, lo que para muchos representó su primer contacto con un empleo formal y estable.

Valeria: un camino de superación en el Jockey Club

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Valeria Díaz es hipoacúsica y está feliz con su trabajo en el Jockey, donde incluso su hijo consiguió un contrato.

Dentro del universo de historias que componen este programa, la de Valeria Díaz brilla con luz propia como un ejemplo de resiliencia. Nacida en Jáchal en 1978 y actual vecina de Rawson, Valeria construyó su vida junto a su marido Jorge y sus tres hijos: Adriano, de 21 años; Fernando, de 19; y Luis, de 13. Su vida dio un vuelco a los 27 años, cuando comenzó a perder la audición de forma progresiva, recibiendo finalmente el diagnóstico de hipoacusia bilateral severa. A pesar de los desafíos y de lo que le costó adaptarse al uso de audífonos, Valeria nunca dejó de buscar formas de aportar al hogar, realizando trabajos de repostería casera, peluquería y venta directa de marcas como Tupper o Gigot, siempre desde la informalidad de su casa.

Sin embargo, la crisis económica comenzó a golpear su puerta. “Empezó a bajar todo, empezó a bajar la venta, mi marido también empezó a disminuir el trabajo, la situación económica hace un tiempo que viene complicada”, relata con sinceridad sobre el motivo que la llevó a buscar algo más estable. Fue en una reunión en la Biblioteca Sur donde se enteró de la existencia de “Trabajando Sueños”, y tras inscribirse, su vida laboral cambió radicalmente al ingresar al Jockey Club San Juan en octubre de 2025 para realizar tareas de limpieza y mantenimiento general.

El comienzo no fue sencillo, ya que Valeria inició sus tareas antes de recibir sus nuevos audífonos, lo que requirió una dosis extra de voluntad y empatía por parte de su entorno laboral. Ella recuerda con especial cariño a su encargado, Jorge Galdeano: “Tiene una paciencia única para explicarme o para quedarse frente a mí y hablarme así, porque era la única forma que yo lo podía escuchar. Siempre me dio tranquilidad, me daba confianza, siempre alentándome”, cuenta a TIEMPO DE SAN JUAN. Esta calidad humana fue el motor que le permitió adaptarse a la rutina de baldear galerías, limpiar salones y hasta aprender tareas técnicas como prender una bomba o cambiar el agua de la pileta.

Lo que comenzó como una oportunidad individual se transformó en un logro familiar sin precedentes. Gracias a su excelente desempeño, cuando llegó la temporada de verano y el club necesitó más personal, Valeria pudo proponer a su hijo mayor, Adriano. “En la temporada me dice el encargado que necesitaban gente. Ahí fue cuando le dije que estaba mi hijo también, y empezó a trabajar ahí la temporada”, explica con orgullo. Actualmente, ambos continúan vinculados contractualmente al club, consolidando un equipo de trabajo que refleja la unión que mantienen en su hogar. Para Valeria, este empleo es mucho más que un sueldo; es el fin del aislamiento: “Esto demuestra que hay mucha gente que puede trabajar, que tiene ganas, que tiene condiciones más allá de alguna patología. Mi familia es el motivo más grande por lo que quiero trabajar”.

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Valeria con su hijo Adriano.

Valeria hoy se siente parte del sistema y no oculta su deseo de seguir creciendo, quizás algún día volviendo a su gran pasión: la repostería. “A mí siempre me ha gustado el rubro de la repostería. Según mi familia, parece que les gusta. Eso sería mi trabajo ideal”, confiesa. Mientras tanto, valora profundamente el respeto y la inclusión que encontró en su actual puesto, destacando que el programa es ese “empujoncito” necesario para quienes, por vergüenza o falta de oportunidades, a veces tienden a aislarse. Con la segunda edición ya en marcha, la historia de Valeria y Adriano se erige como la prueba de que, cuando el Estado y el sector privado se unen con empatía, los sueños de los trabajadores sanjuaninos no tienen techo.

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