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jueves 26 de marzo de 2026

La Historia Extraoficial

El temblor político del '85: el detrás de escena que movilizó la reforma constitucional sanjuanina

Una democracia reinstaurada e inestable luego de la dictadura del '76. La propuesta de Alfonsín en la cúspide de su popularidad. San Juan como partícipe innovador de este período, un gobernador que renuncio en la parada del colectivo y una perlita que ayudó a José Luis Gioja 25 años después. El caldo político servido en esta crónica histórica.

Por Iñaki Saharrea

La organización y normalización del sistema democrático en San Juan no se completó de la noche a la mañana. Al igual que el resto del país, las heridas que la dictadura del '76 había dejado en los ciudadanos eran muy profundas y contra ese trauma y ruinas había que reconstruir un país.

Hacia 1983, el pueblo argentino afrontaba una nueva etapa de su historia. En esta nota recordamos como se construyó el camino de la nueva democracia sanjuanina, la que, como un niño, aprendía a dar sus primeros pasos: a los tropiezos, pero también con certezas y determinación.

En este camino, San Juan no jugó un rol menor: fue la primera provincia en reformar su Constitución, en promulgar verdaderamente una carta magna democrática. Siendo así también un faro para la consiguiente Constitución Nacional promulgada en 1994.

Lo que la política le debía al pueblo:

La renuncia del último presidente de facto de la dictadura argentina, Reynaldo Bignone en 1983 culminó un periodo trágico para el país en términos generales, pero más detalladamente para los ciudadanos argentinos.

El Estado organizó un plan sistemático de eliminación de enemigos políticos y propugnó la grosera reducción de garantías cívicas y políticas de los argentinos.

En primer lugar, la cúspide del poder nacional estaba ocupada por miembros de las Fuerzas Armadas. Ya el “tutelaje” que los militares practicaron sobre gobiernos civiles electos, como las presidencias de Arturo Frondizi (1958-1962) o de Arturo U. Illia (1963-1966), no resultaban ya una alternativa plausible. Sin mencionar la proscripción del peronismo a partir de 1955. Fueron tiempos agitados los de la década del 70’, marcados por la violencia: La Masacre de Ezeiza en 1973 ante el retorno de Juan D. Perón al país, la represión policial y militar y los enfrentamientos de agrupaciones subalternas y parapoliciales, como Montoneros, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).

La experiencia de la “apertura democrática” de 1973 significó para la esfera militar la confirmación de su teoría: la sociedad argentina no estaba lista para el regreso de la democracia. De ningún modo justificaba lo que vendría después.

“Agotadas todas las instancias de mecanismo constitucionales, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por las vías naturales, llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro. Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración”. Acta de la Primera Junta Militar, 24 de marzo de 1976. “Agotadas todas las instancias de mecanismo constitucionales, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por las vías naturales, llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro. Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración”. Acta de la Primera Junta Militar, 24 de marzo de 1976.

En 1976, la cúspide militar puso en marcha su nuevo plan, autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. Golpe de estado mediante, depusieron a la presidenta de la nación, María Estela Martínez de Perón, Isabel o Isabelita para todos (viuda del expresidente fallecido en 1974) y el 24 de marzo instauraron el nuevo gobierno: la Primera Junta Militar, integrada por Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti.

Al mismo tiempo: caducaban los gobiernos provinciales vigentes que a partir del momento serian nombrados por la Junta; disolvía el Congreso Nacional y las Legislaturas Provinciales; removía a la Corte Suprema de Justicia y Tribunales Provinciales y suspendía toda actividad política y de asociación en gremios y partidos políticos. De este modo también, quedaron suprimidos tres derechos básicos de todo ciudadano en una democracia: Derecho al Voto; Derecho de Reunión y Derecho de Manifestación.

Finalmente, al culminar este proceso, la política le debía mucho al pueblo argentino. En primer lugar, el grito fue de Justicia, por parte de las víctimas o los familiares de las mismas que fueron objeto de la brutal y sangrienta represión del Estado. Grito que el nuevo presidente electo por voto popular en 1983, Raúl Alfonsín, oyó e intentó dar respuesta mediante los juicios a las juntas militares en 1985.

Pero también se escuchó una nueva demanda: el regreso, la instauración y la normalización de un nuevo régimen democrático en la Argentina. Ese fue el mensaje que San Juan, pionera en la nación, buscó responder en 1986.

San Juan, el rumbo hacia 1986 y el “Colectivazo”:

Para el periodo que se inicia en 1983, los inicios de la restauración democrática, San Juan es un caso emblemático por distintos motivos. En primer lugar, fue una de las pocas provincias que eligió mediante el voto como Gobernador a quien se había desempeñado como Interventor de facto durante el proceso de la dictadura, el bloquista Leopoldo Bravo.

Lo cierto es que Bravo fue la figura central de la política sanjuanina durante los '80, tanto dentro como fuera de la Casa de Gobierno. En nuestro relato, tomamos como punto de partida los primeros comicios realizados en 1983 en la provincia: se votaba para presidente, diputados nacionales y gobernador.

En el plano nacional, la Unión Cívica Radical (UCR) arrasó en las urnas mediante la bandera de su líder y candidato a presidente Raúl Alfonsín. En San Juan, tal como afirma Daniel Illanes “hubo muchos votos combinados con la boleta alfonsinista para presidente y bloquista para gobernador”, lo que llevó a Bravo a la máxima magistratura provincial, esta vez, nuevamente, mediante el voto.

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Fuente: Archivo Diario de Cuyo

El plano político organizacional en la provincia estaba partido en tres bloques. Principalmente, como partido fuerte el Bloquismo encolumnado detrás de la figura de Bravo, la asunción del gobierno y el control del Estado. Por su lado, el Frente Justicialista conducido por figuras como Cesar Gioja, Olga Riutort; Margarita Ferra de Bartol o Pablo Ramella. Seguidos por el Radicalismo provincial que, a contraparte de su fortaleza nacional, en la provincia no contaba con un gran ímpetu propio, posiblemente debido a las condiciones históricas devenidas de la separación del partido por parte de Federico Cantoni y la creación del Partido Bloquista allá por las décadas de 1920’ y 1930’. De este modo el conductor de los acuerdos provinciales con la jerarquía nacional radical era el propio gobernador.

El programa que el gobierno alfonsinista adoptó para la nación era la de una renovada vida democrática mediante la libertad civil, la libertad política y la libertad social. Para ello buscaba renovar los comportamientos y los valores de la sociedad. Programa desplegado en la llamada “Primavera Alfonsinista”.

Esa misma efervescencia condujo a San Juan a convocar en 1985, a partir de la elección de medio término, la conformación de una comisión para la reforma constitucional mediante el mismo acto electoral. Bravo y el Bloquismo convencidos de su fortaleza política y electoral en la provincia resolvieron una metodología particular para distribuir las 30 bancas totales de la Convención Constituyente: El ganador de los comicios obtenía 20 bancas y los 10 faltantes se distribuían entre el segundo y el tercero. De este modo, la provincia se convertía en pionera en la nación al reformar su constitución luego de la dictadura.

Los resultados de las elecciones de 1985 fueron tanto sorprendentes como lapidarios: la UCR se impuso con el 45 % de los votos, seguido por el Frente Justicialista con el 27 % y en tercer lugar el Bloquismo con el 20%.

Bravo había perdido en su propio juego. No solo eso, no estuvo ni cerca del apabullante porcentaje de la UCR, sino que también quedo por detrás de la alianza justicialista, el FREJULI. Este escenario condujo al gobernador a abandonar la Casa de Gobierno ubicada en calle Libertador entre Paula Albarracín y Av. Circunvalación donde se subió al colectivo de línea 6 rumbo a su casa y renunciar a la gobernación de la provincia, asumiendo el cargo su vicegobernador, Jorge Ruiz Aguilar.

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Así, la UCR asumía nuevos representantes en el Congreso y además la mayoría de integrantes (20) en la comisión de reforma constitucional, acompañado de 6 constituyentes del FREJULI y 4 del Bloquismo.

Los arquitectos de la democracia sanjuanina:

En primer lugar, frente al advenimiento democrático en el país y particularmente en la provincia, había que redactar una carta magna acorde a la nueva sociedad que se proyectaba. Como se mencionó anteriormente, el gobierno militar había mutilado al sistema electoral y de gobernabilidad argentino, por lo que se requería constituirlo nuevamente. Y que mejor modo que mediante la sanción de una nueva Constitución que contemplara el espíritu de la democracia de aquellos días.

En resumidas cuentas ¿Cuáles fueron los puntos fundamentales sancionados por la Constitución de 1986? Principalmente, la proclamación de derechos democráticos básicos.

El Estado fue el gran participe de la dictadura. Mediante el mismo, la Junta Militar organizó y desplegó un plan sistemático de represión, secuestro, tortura, asesinato y desaparición de personas. La nueva democracia buscó evitar que tales abusos volvieran a suceder.

Por lo que, por un lado, se crearon nuevos entes que controlarían el accionar del mismo y protegerían a los ciudadanos, como la Defensoría del Pueblo y el Tribunal de Cuentas. Así mismo, los ciudadanos contarían con nuevos recursos legales para proteger sus derechos frente a posibles abusos de las autoridades: el Hábeas Corpus (art. 32) y el Amparo (art. 40).

Además, se modificó la estructura del Poder Judicial. En primera instancia, se amplió la Corte de Justicia de tres a cinco integrantes y se estableció el Consejo de la Magistratura para la selección de los jueces.

Finalmente, dentro del amplio espectro abarcado por la Constitución, se destaca la creación de un nuevo mecanismo de “consulta popular”. El mismo pretendía facilitar el proceso de modificación de la carta magna, por lo que el articulo 277 establece que puede realizarse una modificación (enmienda) mediante la aprobación de dos tercios de la Cámara de Diputados de la provincia y por el sufragio afirmativo del pueblo sanjuanino mediante un plebiscito.

Dicho mecanismo utilizó Jose Luis Gioja en 2011, 25 años después, para poder candidatearse y asumir la gobernación de la provincia por un tercer periodo. La famosa campaña de ReReelección “Si” o “No”.

Además de este ambicioso plan de reforma de la estructura del Estado y la organización del poder provincial, se reconocieron una pluralidad de derechos humanos: individuales, sociales y de tercera generación (Tripolone, 2018). Lo que sirvió como faro para la consiguiente modificación y promulgación de la Constitución Nacional de 1994.

Posiblemente para muchos de los lectores les sea extraño concebir su actividad ciudadana por fuera de la vida democrática: principalmente votar, reunirse, manifestarse. Pero es imperioso comprender que no siempre fue de tal modo. Tal fue, precisamente, el desafío que asumieron los constitucionalistas.

El 1 de febrero de 1986 la democracia sanjuanina dejaba de gatear y comenzaba a dar pasos firmes y convencidos.

Fuentes:

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