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domingo 12 de abril de 2026

Histórico

El día que un sanjuanino tuvo el destino de la humanidad en la mira de su cañón

Martín Agüero, es un ex marino de la Armada Argentina e integró las fuerzas de tareas en la Misión de Paz de Argentina en la Crsis de los Misiles en Cuba, que casi lleva al mundo a una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En ese entonces tenía 20 años y destacó la intervención del país en la labor. En Tiempo de San Juan contó su experiencia de un operativo del que poco se conoce.

Por Guillermo Alamino

Un sanjuanino fue parte de una historia que marcó un quiebre en la historia de la humanidad durante el siglo XX. Martín Agüero es un pocitano que integró la Misión Argentina de Paz en el buque Espora para impedir el desenlace de una guerra nuclear en la crisis de los misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1962. La participación de este destacamento tuvo el objetivo de conciliar la paz en el mundo en un contexto de máxima tensión y con altas probabilidades de iniciar el estallido de una tercera guerra mundial.

Agüero es oriundo de la localidad de Quinto Cuartel y a los 17 años ingresó en la Armada Argentina, un paso que lo marcaría de por vida. "Yo iba a lugares a los que otros no iban. Me mandaban a hacer cosas que otros no hacían. Entonces, yo no entendía nada de esas cosas", expresó Agüero. Sus recuerdos están presentes en cada uno de sus días y se muestra orgulloso de exhibir en una parte de su casa los diplomas y medallas que obtuvo por su paso en las Fuerzas Armadas. Además, tuvo la oportunidad de perfeccionarse en la base naval de Boston, Massachusetts, en los Estados Unidos, donde se especializó en armas durante casi dos años.

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Martín señalando una foto de época en la que aparece.

En 1962 se desató un conflicto político entre los Estados Unidos y Cuba que terminó con la intervención de la Unión Soviética mediante la colocación de cohetes en el Estado caribeño. Se trata de la famosa crisis de los misiles que causó un ambiente de hostilidad en la región y el mundo entero. De este modo, Argentina envíó tropas hacia el área para colaborar en una misión que tenía como objetivo sortear una confrontación que tuviera efectos catastróficos, debido a que había armamento nuclear de por medio. El viaje de los buques Espora, Rosales y Almirante Brown se inició en el Puerto Belgrano. Allí, con 20 años de edad, estaba Agüero como parte de la Marina y siendo uno de los más de 150 soldados a bordo del Espora. “Hace la inspección de tropas que hacen los presidentes y se para adelante mío, se para la señora con él y se ríen. Yo estoy en posición de firme. Él estaba ahí, a menos de un metro. Y me dice el primer mandatario: 'Suerte, pibe'”, expresó. En ese momento, gobernaba el presidente de facto José María Guido, quien despidió al Ejército junto con su esposa. Ese escenario sorprendió al sanjuanino y a sus compañeros, porque no sabían exactamente a qué iban y tampoco a dónde se dirigían, pero de alguna forma intuían que se trataba de una tarea trascendente, nada mas ni nada menos que el episodio más tenso de la Guerra Fría.

Si bien zarparon tres buques desde el puerto, solamente los barcos Rosales y Espora continuaron su trayectoria, ya que el Brown, de acuerdo a Agüero, quedó en el camino para escoltar a las otras tripulaciones. “Ahí cambió todo, absolutamente todo; ahí empezó un trajín de maniobras en el que casi no dormíamos, era día y noche y así la pasamos hasta llegar a la isla de Trinidad y Tobago”, señaló. Allí les dieron el día libre y aprovecharon la oportunidad para entretenerse. Incluso, comentó Agüero que jugaron un partido con ingleses que terminaron ganando. No obstante, al regresar quedaron sorprendidos con lo que se encontraron. “Cuando vinimos de vuelta a presentarnos vimos una enorme cantidad de buques de guerra. Ahí ya empezamos a dudar y se embarcaba mucho armamento, comida y de todo. Empezábamos a dudar porque nadie nos decía nada. Seguíamos preguntando y nadie nos decía nada”.

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El sanjuanino como marinero de la Armada Argentina.

“Al otro día, a las 7 de la mañana, zarpamos y seguimos navegando en la instrucción”, continuó. Tras estar en el mar, la principal autoridad tomó el altavoz y emitió un mensaje clave. En este instante del relato, Agüero se emociona y no pudo contener las lágrimas al recordar de forma intacta esa anécdota, una de las más importantes de su vida. El capitán del buque por altavoz los llamó y pidió que prestaran la máxima atención. “Nos dijo que cada uno de nosotros llevábamos una mochila y que era la mochila más pesada que un ser humano puede cargar. Esa mochila estaba llena de humanidad, llena. Cada uno la llevábamos puesta y toda la humanidad estaba pendiente de nosotros. Yo volaba en mi pensamiento a mi vieja, a mi viejo y a toda mi familia. Nadie sabía nada”.

“Ahí perdí la noción de mi vida. En ese lugar se come si te dejan o si podés tomar agua. Yo era apuntador de un cañón de tres pulgadas; en realidad es un tipo de ametralladora antiaérea de doble caño que dispara 400 tiros por minuto. Es impresionante lo que es esa arma. Mientras tanto, en algunos momentos, también se divisaba la presencia de barcos de otros países”, siguió narrando.

Aclaró que el capitán les señaló enfáticamente que "no venimos a matar a nadie" y su objetivo principal era doblegar a la Unión Soviética para que sacara los misiles de Cuba. “Estuvimos a punto de que la humanidad dejara de existir; fue cuestión de minutos, de segundos, porque había un submarino nuclear presente. A mí me tocó custodiar ese submarino y mantenerlo en la mira de mi armamento; hacía guardias de dos horas todos los días. Me podía tocar de día, de noche o a cualquier hora que me asignaran la guardia, pero siempre debía tenerlo apuntado. Era un submarino de origen ruso”, comentó.

Martín destacó su orgullo por la Armada Argentina e indicó que estaba entre las mejores, resaltando su labor profesional en aquella misión de paz. “Nosotros capturamos veintisiete buques rusos. Hicimos abordajes y usted no sabe lo que es eso, ¡Dios mío! Entrar a una casa es distinto: usted abre una puerta y el que está adentro ni se entera; en un buque no es así. Las escotillas llevan seis manivelas que, al girarlas de un lado, también giran del otro. Ellos ya saben que uno está queriendo entrar. Es peligrosísimo”.

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Diploma que le entregaron desde Estados Unidos por su participación en la misión de paz.

Una vez culminada la tarea, se dirigieron a Puerto Rico donde les dieron un día libre y partieron hacia Trinidad y Tobago nuevamente, donde se encontraron con un grato recibimiento. “Entramos a la isla y se activaron las sirenas de todos los barcos que estaban allí; había cientos de ellos y pertenecían a muchos países distintos”. Más adelante, emprendieron su rumbo hacia la Argentina y la fuerza de tarea llegó hasta el Puerto Belgrano. Lamentablemente, según Agüero, nadie los recibió y ninguna autoridad nacional estuvo presente, algo que sí sucedió cuando partieron hacia el Caribe. “Cuando nos enviaron hacia allá, hasta el mismísimo presidente de la Nación fue a despedirnos cuando zarpamos al mar en nombre de la paz mundial. Imaginábamos que, después de una victoria tan rotunda como la nuestra, el recibimiento sería extraordinario. Pero no había nadie. Así de ingrata fue la llegada”.

Pese a lo anterior, el exmilitar se siente orgulloso de su participación en la misión de paz y de las enseñanzas de la Armada Argentina que le dejaron una huella indeleble. Ahora, vive con su esposa y disfruta de su familia, inculcando sus saberes a los más jóvenes. “La Armada me enseñó muchísimas cosas. No sé cómo habrá sido para otros, pero a mí me recibió con los brazos abiertos; me cobijó y me contuvo de tal manera que, llegado el momento, ni siquiera querían darme la baja. Era como mi segunda mamá y mi segundo papá”, finalizó.

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Los marineros cuando llegaron a Pueto Belgrano, luego de culminar la misión en el Caribe por la Crisis de los Misiles. Entre ellos se encuentra Martín Agüero.

Crisis de misiles en Cuba y Misión de Paz de la Argentina

De acuerdo a información oficial de la Armada Argentina, la Crisis de los Misiles de 1962 representó uno de los momentos más críticos de la Guerra Fría, cuando el despliegue de armamento soviético en Cuba puso al mundo al borde de un conflicto nuclear. Ante esta situación, Estados Unidos estableció un bloqueo naval sobre la isla, contando con el respaldo de la OEA y la aplicación del pacto de ayuda mutua de 1947.

En este contexto, Argentina participó activamente mediante el envío de los destructores ARA “Rosales” y ARA “Espora”, los cuales zarparon desde la Base Naval Puerto Belgrano hacia el Caribe. Allí se integraron a la Fuerza de Tarea Nº 137, una flota combinada junto a unidades de Estados Unidos, Venezuela y República Dominicana, cuya misión principal era el control y vigilancia del tráfico marítimo, aéreo y submarino en la región.

El conflicto comenzó a resolverse tras las negociaciones diplomáticas lideradas por la ONU, que resultaron en el desmantelamiento de las bases soviéticas. Una vez finalizado oficialmente el bloqueo el 21 de noviembre, la fuerza naval fue disuelta y las unidades argentinas regresaron a su base tras recorrer más de 12.500 millas náuticas en un periodo de 52 días de operación.

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